Sí, ya renegrean las encinas entre el nacarado pastizal, al
atardecer. Sí, ya las amarillas
flores de la “matarrabia pulguera" exhalan su inconfundible fragancia veraniega, junto a poleos, al roce del cuero de las abarcas de pastor, cerca de los arroyos; en tanto, el cardillo, también florido, no pierde oportunidad de herir, quizá resentido por su próximo final en este vida. Sí, ya la abubilla y el cuco han abandonado su monótono “cucu cú”
primaveral, cambiados por el tranquilizador arrullo de la
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