Cuando se enteraban en nuestras casas que habíamos ido allí, el castigo no nos lo quitaba nadie, y con el paso de los años nos damos cuenta el riesgo que corríamos. Éramos muy traviesos, nos pasábamos las siestas por todas las huertas, y a veces corriendo delante del hortelano.
Tu tambien has ido a comerte una
sandia al melonar jajajaja yo tambien y la calabamos y esta no que esta sin hacer y le haciamos el calao a otra lo mejor era que siempre acababamos en el melonar de mi padre y luego nos reñia por que las
sandias para cortalas tiene que ser por la mañana que se les daba un piparo haber si sonaban bien y si sonaban roncas esa se dejaba que estaba blanca y nosotros ni caso es que era muy dibertio ¡que tiempos!.