Esas tardes al caer un poco la calor las vecinas sentás a la sombra recosiendo los calcetines con el huevo de madera y remendando el camisón que de tanto lavarlo se gastaba y le ponían un remiendo que había que ver como cosían sin ser maestras que sabian hacer de todo esas colodras guapas que trabajaban mucho.
Aquellas
noches al fresco que los hombres despues de jartitos de trabajar (casi siempre en el
campo) se sentaban en la butaca en la
puerta con el vecino y compartian lo que habia sido su jornada mientras salia de las
casa un olor a pimientos fritos y berenjenas pa cenar que eso no se me olvida o tomate frito con huevo revuelto.