Víctor, para mí sería un lujo tenerte de compañero en ese maravilloso viaje, iríamos tempranito y una vez arriba, junto a las peñas cerraríamos los ojos y en las corrientes térmicas del
amanecer, subiríamos hacia el
cielo como los halcones, y planeando sobre la Raña desde lo más alto del cielo volveríamos a ver toda nuestras vidas de la niñez, recordando todo lo bueno, y sólo lo bueno, de nuestras vidas. Un abrazo. Paco.