En la Ribera, en
Primavera, cuando el
río discurre fresco y cristalino; cuando las orillas floreadas y el verde predominante del
campo se asemeja a una alfombra e invita a darse un revolcón, todos-as hemos vivido las sensaciones siguientes:
- sentarse en una de sus voluminosas
piedras observando la escorrentía y sumergiendo nustros pies en el
agua.
- cruzarse con otro o con otra usuaria del instante de la travesía y abrazarse mutuamente para no perder el equilibrio y caer al río.
- soltar un
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