AL TRABAJADOR DEL CAMPO:
En esa La Granjuela, mi musa,
rendido al sol de la llanura,
el labrador abre el surco y la tierra suspira,
donde el árbol del pistacho se estira
hacia un cielo de luz y hermosura.
Con las manos curtidas por el viento,
deposita la simiente en el suelo,
un pacto de amor con el cielo,
esperando en paciente silencio.
Llegan años de espera y cuidado,
y el jornalero, con fe y valentía,
riega el campo cada nuevo día,
viendo al fruto crecer a su lado.
Y cuando el oro verde madura,
y la cáscara al sol se corona,
el trabajo del campo emociona
al cosechar tanta joya madura.
Pepe J. C.
En esa La Granjuela, mi musa,
rendido al sol de la llanura,
el labrador abre el surco y la tierra suspira,
donde el árbol del pistacho se estira
hacia un cielo de luz y hermosura.
Con las manos curtidas por el viento,
deposita la simiente en el suelo,
un pacto de amor con el cielo,
esperando en paciente silencio.
Llegan años de espera y cuidado,
y el jornalero, con fe y valentía,
riega el campo cada nuevo día,
viendo al fruto crecer a su lado.
Y cuando el oro verde madura,
y la cáscara al sol se corona,
el trabajo del campo emociona
al cosechar tanta joya madura.
Pepe J. C.