AQUEL TREN DE ANTAÑO:
Bajo el cielo de la estepa,
donde el viento roza el llano,
silba a lo lejos el tren,
desde Almorchón hasta el Córdoba.
Va serpenteando en la vía,
buscando el sur en su marcha,
cargado de carbón y tiempo,
cruzando piedra y escarcha.
Se detiene en La Granjuela,
un suspiro en el camino,
donde el viajero saluda
y el destino es peregrino.
Hierro, vapor y madera,
eco de un siglo pasado,
el tren de la vieja estirpe
por siempre en el valle ha quedado.
Y entre campos de labranza,
hacia Córdoba prosigue,
a través de la memoria,
la leyenda que nos sigue.
Bajo el cielo de la estepa,
donde el viento roza el llano,
silba a lo lejos el tren,
desde Almorchón hasta el Córdoba.
Va serpenteando en la vía,
buscando el sur en su marcha,
cargado de carbón y tiempo,
cruzando piedra y escarcha.
Se detiene en La Granjuela,
un suspiro en el camino,
donde el viajero saluda
y el destino es peregrino.
Hierro, vapor y madera,
eco de un siglo pasado,
el tren de la vieja estirpe
por siempre en el valle ha quedado.
Y entre campos de labranza,
hacia Córdoba prosigue,
a través de la memoria,
la leyenda que nos sigue.