HINOJOSA DEL DUQUE: Pinceladas de feria...

Pinceladas de feria

Vivir es recordar:

Por ese motivo quisiera recordar ferias pasadas de una niñez con toda ilusión y con muchas ganas de vivir.
Nuestra feria empezaba el 28 de agosto, día de san Agustín, pero los días anteriores eran para mi los mejores, aparte del disfrute de dicha feria.
En el camino al recinto ferial no crecía la hierba. Era un ir y venir, para ver los cacharritos, cada vez que veíamos un camión allí que íbamos, el carrusel, las delicias, las barcas, pero lo que mas nos entusiasmaba en la entrada de los de los feriantes con sus mulas, ya que se arrendaban las casas y las cuadras para dar cobijo. Estábamos en la calle viendo como le daban al trote para poder hacer el trato, el cual se hacia con un apretón de manos y eso iba a misa.
La calle Corredera estaba llena de vendedores con sus mantas, zapatos y aperos para la labranza ya que se compraba para todo el año, eso si, si el año había sido bueno pues buena feria, si había sido malo feria regular.
Cuantos recuerdos acuden a mi mente pero es imposible plasmarlos todos pero si recuerdo, a Ignacio y a Catalina con sus gaseosas fresquitas en la calle de los Frailes que eran mucho mejores que los seven-up.
Cuando llegaba las noches de feria a subirse en los cacharritos, pero lo que mas me gustaba era las fotos con el caballo de madera y el traje de gitana de alquiler que nos ponía el fotógrafo. ¡y luego? A llorar, pues nos queríamos traer el caballo y el traje y para los padres era todas las noches el mismo disgusto.
Y como no, ¡al velador! A sentarse a las gambas y los churros pero que recuerdos tan inolvidables que no se borran de mi mente.
Casi nunca faltaba en la feria de Hinojosa pues parecía que quería ser la primera en ver la belleza de esta feria era: “la tormenta”, cuantos años dando la lata la puñetera, pero en cuanto descampaba allí estábamos otra vez en la feria, a por la peseta de de turrón de Rosendo y a las cachichas.
Pero lo que no faltaba era el enferio (esa era otra), me acuerdo de un año de la muñeca de cartón y mi hermano de su caballo también de cartón, bueno pues el caballo bebió agua y se rompió y la muñeca la lave y me quede con la ropa, se esfumo también. Los llantos fueron muchos pero ya no había enferio.
Como veis son pequeñas pinceladas de una feria.
Recuerdos que quedan en la memoria, la cual, no dejo de recordar a las personas que estuvieron con nosotros y que se van yendo poco a poco. Mi recuerdo mas querido para mi madre, dios me ha bendecido dejando a mi padre que con 89 años esta como un chaval.
Parece que las líneas ya se me encogen como se encoge el corazón por eso digo en el encabezamiento de esta pincelada:

¡VIVIR ES RECORDAR!

Emilia Gómez Flores