Las aventuras del Cipriano:
Erase el Cipriano que gustaba de llevar a su loro sobre el hombro izquierdo. Iba con su carro por un camino polvoriento, cuando el viejo borrico que tiraba de ella se para de repente. - ¡Arre, burro del demonio ¡- le grita el Cipriano sin que el animal le haga ningún caso. Le atiza con la vara: - ¡Muévete ya, bestiajo ¡En eso que pasa por allí un amigo de Cipriano. - ¡Hola, Cipriano, ¿qué hay? -- Pues, el burro que ya es viejo y cada vez más terco. ¡Arréale ¡- dice el amigo. El Cipriano empieza a darle con la vara hata que el burro se derrumba en el camino volcando por poco el carro. ¡Ahora sí que la hemos fastidiado ¡- se queja el Cipriano. - ¡Pégale una patada en los huevos y verás como se levanta ese borrico terco ¡- grita el amigo. Pero el Cipriano no le escucha. En cambio el loro que está agarrado a su hombro no pierde detalle. Después de ese día el carretero tuvo que comprarse otro borrico más fuerte y joven con el que se desplazaba sin dificultad hasta que se encontró con el cura del pueblo. Ambos se detienen para charlar un rato y dale que te pego, como el cura no se íba, salta el loro gritando: ¡MUÉVETE YA, BESTIAJO ¡-- ¡AY ¿Porqué ha dicho eso el lorito? -No sé-contesta el Cipriano sonrojado-Lo habrá oído en la taberna, padre. El loro vuelve a gritar: -Muévete, burro del demonio ¡Entonces el cura cae desmayado al suelo.-- ¡Ay, padre, ¿qué le sucede? Y salta el loro gritando como nunca: ¡PÉGALE UNA PATADA EN LOS HUEVOS Y VERÁS COMO SE LEVANTA ¡
Erase el Cipriano que gustaba de llevar a su loro sobre el hombro izquierdo. Iba con su carro por un camino polvoriento, cuando el viejo borrico que tiraba de ella se para de repente. - ¡Arre, burro del demonio ¡- le grita el Cipriano sin que el animal le haga ningún caso. Le atiza con la vara: - ¡Muévete ya, bestiajo ¡En eso que pasa por allí un amigo de Cipriano. - ¡Hola, Cipriano, ¿qué hay? -- Pues, el burro que ya es viejo y cada vez más terco. ¡Arréale ¡- dice el amigo. El Cipriano empieza a darle con la vara hata que el burro se derrumba en el camino volcando por poco el carro. ¡Ahora sí que la hemos fastidiado ¡- se queja el Cipriano. - ¡Pégale una patada en los huevos y verás como se levanta ese borrico terco ¡- grita el amigo. Pero el Cipriano no le escucha. En cambio el loro que está agarrado a su hombro no pierde detalle. Después de ese día el carretero tuvo que comprarse otro borrico más fuerte y joven con el que se desplazaba sin dificultad hasta que se encontró con el cura del pueblo. Ambos se detienen para charlar un rato y dale que te pego, como el cura no se íba, salta el loro gritando: ¡MUÉVETE YA, BESTIAJO ¡-- ¡AY ¿Porqué ha dicho eso el lorito? -No sé-contesta el Cipriano sonrojado-Lo habrá oído en la taberna, padre. El loro vuelve a gritar: -Muévete, burro del demonio ¡Entonces el cura cae desmayado al suelo.-- ¡Ay, padre, ¿qué le sucede? Y salta el loro gritando como nunca: ¡PÉGALE UNA PATADA EN LOS HUEVOS Y VERÁS COMO SE LEVANTA ¡