Pués imaginaté Mari Carmen, allí arriba no había nadie nada más que nosotros y no existian los móviles, ya pensabamos hasta llamar a los bomberos, pero habría que buscar antes un teléfono, creo que allí viven unos monjes, pero todas las puertas estaban cerradas a cal y canto.
Un numerito vamos...
Un numerito vamos...