Luceros los ojos de mi vaquera,
que reflejan quietud de una mañana.
Prendado fué el Marqués de Santillana,
ver "moza tan fermosa en la pradera".
Ya no estás ni en el prado, ni en
la era,
dando a mi sed,
agua fresca serrana.
Hoy pasa tu figura más cercana,
al cruzarte a mi lado por la acera.
Me extasía y requiebro tu belleza,
que por capricho de Dios, te hizo hermosa.
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