En el cortijo, la vida no era fácil ni comprensible, sobre todo para mis tíos y tías, que se veían sin futuro, marchitándose lentamente, hasta doblegarse ante la realidad, ante las leyes del sistema y del señorito, que no daban más opción que adaptarse al mundo creado por ellos y para ellos: la ley del latifundio, como decía un vecino. Así, se dieron cuenta que no podían tener ni objetivos propios de mejora, ni futuro, siendo el desencanto cada día mayor y precipitando la migración. A pesar de ser ... (ver texto completo)
A pesar de todo, el cortijo, también tenia sus fases de vida bucólica; de amaneceres y anocheceres calmos, en los que la sierra Horconera, las encinas y los quejigos y los grandes olivares, parecían dibujos, de lo quietos que estaban, recortados contra el cielo. A veces, se formaban brumas, neblinas, que subían por la sierra hasta el Morrión, haciéndolo aparecer y desaparecer, como si fuera presa de un encantamiento. La luz se iba haciendo glauca y tenue, hasta convertirse en sombras y oscuridad. ... (ver texto completo)