A pesar de todo, el cortijo, también tenia sus fases de vida bucólica; de amaneceres y anocheceres calmos, en los que la sierra Horconera, las encinas y los quejigos y los grandes olivares, parecían dibujos, de lo quietos que estaban, recortados contra el cielo. A veces, se formaban brumas, neblinas, que subían por la sierra hasta el Morrión, haciéndolo aparecer y desaparecer, como si fuera presa de un encantamiento. La luz se iba haciendo glauca y tenue, hasta convertirse en sombras y oscuridad. ... (ver texto completo)
El abuelo tenia un hermano, ácrata y culto, que vivía en Francia y de tarde en tarde aparecía por el cortijo. Recuerdo una visita con el, a una pedanía, en Badajoz, destruida por la ya muy lejana guerra civil. El silencio de su única calle parecía eterno. Las paredes estaban agujereadas por las balas y el tiempo. Y el matorral, iba comiéndose poco a poco aquellos restos, de los que colgaban ramas en flor, parasitadas a su vez por la hiedra. Todo parecía muerto y sometido. Aunque, al lado de una alberca ... (ver texto completo)