Esta historia la contó el tío abuelo. En en los últimos días de Septiembre, antes de que llegaran los fríos, gustaba de subir al Morrión para ver los aún largos atardeceres otoñales, con sus vistas incomparables. Uno de esos días, andaba subiendo por entre los roquedales dolomíticos hacia la cueva. Abajo, por Cañatienda, sonaban las esquilas del ganado delo Cuco viejo y en el horizonte rojizo del atardecer, se silueteaban los encinares y los quejigos. Cuándo llegó al Morrión, se sentó en una piedra ... (ver texto completo)
Y aun añadió que en la pared de la cueva, escrito con tiza, se leía el siguiente grafiti que venia como anillo al dedo a todo lo que había pasado: " Hay en algunas cosas antiguas una huella de una esencia vaga, mas que un peso o una forma, un éter sutil, impreciso, pero unido a todas las leyes del tiempo y el espacio un signo sutil y vedado de continuidades que los ojos exteriores no llegan a descubrir de dimensiones recluidas que hospedan los años idos y fuera del alcance, salvo para llaves ocultas ... (ver texto completo)
Visto así, parece hasta bonito, Churri... No, Petrarca. También hay mucha soledad y horas amargas. Cuesta dar el paso que te aleje de la vida programada y previsible, que es lo más cómodo. Y entrar en un mundo desconocido, oliendo siempre a humedad y salitre, con el vomito a flor de piel en cuánto se encrespaba el mar, hasta acostumbrarse. Y lo que os decía, ha cambiado totalmente el paisaje. De los bosquecillos de álamos, quejigos y encinas, hemos pasado a tajos y rocas peladas dolomíticas y algo ... (ver texto completo)
Esta historia la contó el tío abuelo. En en los últimos días de Septiembre, antes de que llegaran los fríos, gustaba de subir al Morrión para ver los aún largos atardeceres otoñales, con sus vistas incomparables. Uno de esos días, andaba subiendo por entre los roquedales dolomíticos hacia la cueva. Abajo, por Cañatienda, sonaban las esquilas del ganado delo Cuco viejo y en el horizonte rojizo del atardecer, se silueteaban los encinares y los quejigos. Cuándo llegó al Morrión, se sentó en una piedra ... (ver texto completo)
" ¿Veis como va cambiando el paisaje? ya no hay casi vegetación... más bien matorral..." "Si, menudos tajos y pedruscos..., y esto se pone chungo..." "Ale, a ponerse en modo alpinista..." "Petrarca, como te decía, fue salir del cortijo y se quedó atrás la infancia y la vida de antes, hasta ser doblegado por el mundo de los adultos y engullido por el orden, la educación, las apariencias, los estudios, la obligación de ser algo importante..., en pocas palabras, fui abducido por el sistema. El tio abuelo ... (ver texto completo)
Visto así, parece hasta bonito, Churri... No, Petrarca. También hay mucha soledad y horas amargas. Cuesta dar el paso que te aleje de la vida programada y previsible, que es lo más cómodo. Y entrar en un mundo desconocido, oliendo siempre a humedad y salitre, con el vomito a flor de piel en cuánto se encrespaba el mar, hasta acostumbrarse. Y lo que os decía, ha cambiado totalmente el paisaje. De los bosquecillos de álamos, quejigos y encinas, hemos pasado a tajos y rocas peladas dolomíticas y algo ... (ver texto completo)
Recuerdo que en los últimos meses que pase en el cortijo, nada era como tenia que ser. Me sentía nervioso, extraño, expectante, acompañado todos los días por las suaves y melancólicas lluvias del otoño. Esperando un destino incierto. Lo cotidiano se hacia aburrido, vacío, alertando todos los sentidos hacia lo que había fuera, hasta que de golpe percibí que se había acabado la infancia. Y comenzaba un ciclo nuevo, en el que la inseguridad y a la vez la madurez y la libertad del alma, comenzaban su ... (ver texto completo)
" ¿Veis como va cambiando el paisaje? ya no hay casi vegetación... más bien matorral..." "Si, menudos tajos y pedruscos..., y esto se pone chungo..." "Ale, a ponerse en modo alpinista..." "Petrarca, como te decía, fue salir del cortijo y se quedó atrás la infancia y la vida de antes, hasta ser doblegado por el mundo de los adultos y engullido por el orden, la educación, las apariencias, los estudios, la obligación de ser algo importante..., en pocas palabras, fui abducido por el sistema. El tio abuelo ... (ver texto completo)
Aunque creo recordar que el abuelo a veces, me hablaba de halcones que atacaban a los pollos que iban con la llueca alrededor del cortijo. También las primillas y el águila real. En aquel tiempo abundaban todos ellos. Para mi, eran seres poderosos y fuertes. Por la noche, cuándo cerraban las puertas del cortijo, me sentía dichoso, porque fuera quedaban esas realidades y todos esos miedos y nosotros quedábamos cerrados al mundo, hasta que amanecía. Era una manera infantil de ver las cosas. Cuándo ... (ver texto completo)
Recuerdo que en los últimos meses que pase en el cortijo, nada era como tenia que ser. Me sentía nervioso, extraño, expectante, acompañado todos los días por las suaves y melancólicas lluvias del otoño. Esperando un destino incierto. Lo cotidiano se hacia aburrido, vacío, alertando todos los sentidos hacia lo que había fuera, hasta que de golpe percibí que se había acabado la infancia. Y comenzaba un ciclo nuevo, en el que la inseguridad y a la vez la madurez y la libertad del alma, comenzaban su ... (ver texto completo)
Por no hablarte de cuándo noto que mi soledad ya no se mueve. Antes se iba, volvía, pero ya no. Y es porque se ha amarrado a ella, hipnotizada por su recuerdo. He intentado llevarla de la mano, que ande por si misma, que aprenda a valerse, que sepa ser independiente, pero es una soledad muy obstinada, Petrarca. Creo que se ha hecho a si misma parte de ese recuerdo, fundiéndose con el, para que solo pueda morir cuándo ella muera. no se si me explico, amigo. "Te explicas, Churri, te explicas. Pero ... (ver texto completo)
Aunque creo recordar que el abuelo a veces, me hablaba de halcones que atacaban a los pollos que iban con la llueca alrededor del cortijo. También las primillas y el águila real. En aquel tiempo abundaban todos ellos. Para mi, eran seres poderosos y fuertes. Por la noche, cuándo cerraban las puertas del cortijo, me sentía dichoso, porque fuera quedaban esas realidades y todos esos miedos y nosotros quedábamos cerrados al mundo, hasta que amanecía. Era una manera infantil de ver las cosas. Cuándo ... (ver texto completo)
Llegando a Puerto Mahina, 4 buitres leonados, hermosos, inmensos, sestean y prospectan el terreno desde las alturas. "! mirar, mirar!, parece que flotan" dice el Ukelele. "Antes no había mecanización agraria; solo tracción animal. Les sobraba comida." "Cuando hay buitres ahí arriba es porque algo huele mal aquí abajo" -sentencia el Muerto mirando los pies del media hostia- "! Tio!, no veas como te cantan los pinreles..." "Haya paz, hermanos. Petrarca, ¿sigues con la concejala de "balconing"?... "No, ... (ver texto completo)
Por no hablarte de cuándo noto que mi soledad ya no se mueve. Antes se iba, volvía, pero ya no. Y es porque se ha amarrado a ella, hipnotizada por su recuerdo. He intentado llevarla de la mano, que ande por si misma, que aprenda a valerse, que sepa ser independiente, pero es una soledad muy obstinada, Petrarca. Creo que se ha hecho a si misma parte de ese recuerdo, fundiéndose con el, para que solo pueda morir cuándo ella muera. no se si me explico, amigo. "Te explicas, Churri, te explicas. Pero ... (ver texto completo)
Hola! Encontré este foro hace unos días por casualidad y creo que es la mejor forma de conseguir algo que haría muy feliz a mi abuelo.
Él hizo la mili en los años 1958-1959 en las Palmas de Gran Canaria, Regimiento de Infantería número 50.
Durante ese tiempo hizo gran amistad con un hombre que se llamaba Antonio Pérez Zafra, que vivía en Cabra.
Se dieron los datos para mantener contacto, pero los perdió y ya nunca se escribieron ni supo nada más de él.
Mi abuelo tiene 85 años así que este hombre ... (ver texto completo)
Creo que pudiera tratarse de un hermano de mi padre. El murió. Y ya no vivía en Cabra, sino en Barcelona. Febrero del 2025.????
final de primavera de hace unos cuarenta años en Lagunillas. Amanece. Después de un viaje de 800 km para hacer esta ruta, el Petrarca, el Ukelele, el Canicas, el Muerto -su padre tenia una funeraria- el Media Ostia- y el Churri, serpentean por el camino que sube al Cortijo Alto y pasado este, siguen serpenteando por un recóndito y hermoso sendero, hacia las alturas, hacia la Tiñosa. "Fíjate, Petrarca, atrás quedan miles de gentes, unos al laico de otros, compartiendo tabiques, amoríos, soledades, ... (ver texto completo)
Llegando a Puerto Mahina, 4 buitres leonados, hermosos, inmensos, sestean y prospectan el terreno desde las alturas. "! mirar, mirar!, parece que flotan" dice el Ukelele. "Antes no había mecanización agraria; solo tracción animal. Les sobraba comida." "Cuando hay buitres ahí arriba es porque algo huele mal aquí abajo" -sentencia el Muerto mirando los pies del media hostia- "! Tio!, no veas como te cantan los pinreles..." "Haya paz, hermanos. Petrarca, ¿sigues con la concejala de "balconing"?... "No, ... (ver texto completo)
Era tiempo de siembra y el abuelo me llevó un día con él. Al estar la yegua coja y las mulas arando, subimos a lomos de un borrico de mucha alzada y muy mala leche, al decir del abuelo, haciendo el andar intranquilo y lleno de zozobras, debido a la tozudez del asno, que se negaba a todo; finalmente, el abuelo sacó su mejor versión de encantador de burros, y con 2 algarrobas y muchas zalamerías "ellos, en el fondo, muy en el fondo, son como niños" decía rascándole el lomo, y lo encaminó al lugar de ... (ver texto completo)
final de primavera de hace unos cuarenta años en Lagunillas. Amanece. Después de un viaje de 800 km para hacer esta ruta, el Petrarca, el Ukelele, el Canicas, el Muerto -su padre tenia una funeraria- el Media Ostia- y el Churri, serpentean por el camino que sube al Cortijo Alto y pasado este, siguen serpenteando por un recóndito y hermoso sendero, hacia las alturas, hacia la Tiñosa. "Fíjate, Petrarca, atrás quedan miles de gentes, unos al laico de otros, compartiendo tabiques, amoríos, soledades, ... (ver texto completo)
Era tiempo de siembra y el abuelo me llevó un día con él. Al estar la yegua coja y las mulas arando, subimos a lomos de un borrico de mucha alzada y muy mala leche, al decir del abuelo, haciendo el andar intranquilo y lleno de zozobras, debido a la tozudez del asno, que se negaba a todo; finalmente, el abuelo sacó su mejor versión de encantador de burros, y con 2 algarrobas y muchas zalamerías "ellos, en el fondo, muy en el fondo, son como niños" decía rascándole el lomo, y lo encaminó al lugar de ... (ver texto completo)
Por las noches, el abuelo, siempre tenía un rato para cogerme con sus manos encallecidas, al lado de la lumbre. Repasábamos la cartilla y me contaba un cuento, a pesar del cansancio del duro trabajo que se dibujaba en su cara. En esos cuentos salía mucha gente y muchos animales. Unos araban, otros trillaban, otros se iban a otros países y querían volver. Y los animales hablaban. Cada cuento tenía su moraleja. Un día le pregunté que porque se había muerto un vecino. De pronto, no supo que contestarme, ... (ver texto completo)
Podría contar muchas cosas de la influencia del tío abuelo en todos nosotros, durante sus estancias en el cortijo. Hubieron momentos hermosos de aprendizaje y momentos de dudas y turbulencias, hasta que logro despertar en todos, menos en el abuelo, una conciencia critica. Es decir nos enseñó, a rebelarnos, a no ser conformistas y fatalistas ante planteamientos inadmisibles. Y sobre todo, a tomar decisiones. Fugitivo de las represalias y el hambre, el tío abuelo fue consciente desde muy joven, que ... (ver texto completo)
Era un final de Octubre y el otoño comenzaba a derramarse en cascada melancólica sobre las Lagunillas y la sierra. Y después de muchos años, impelidos por la curiosidad y los recuerdos, mis 2 tíos y servidor, volvimos un día al cortijo. Los eucaliptos, las higueras, el arroyo, todo seguía lo mismo, aunque el arroyo ya no murmuraba, la casilla del huerto estaba en ruinas y en el cortijo, parecía no haber nadie. Olía a soledad, a abandono. Pronto sentimos la frialdad de lo que ya no era, de todo lo ... (ver texto completo)
Llegaba la primavera y con ella el tío abuelo. Con un sol deslumbrante, me cogía de la mano y vagabundeábamos por las cercanías del cortijo. Un día, fuimos a dar, a una encina enorme, antigua, de sombra acogedora. Y allí nos sentamos, Comenzó a discursear, como si yo fuera mayor, hablando de la nostalgia que sentía, lejos de nuestra querida tierra. Contó, irónicamente, que había tenido que irse, porque los del mundo claro, le cerraron todas las puertas... y ventanas, al no pensar como ellos. Al principio ... (ver texto completo)