Esta historia la contó el tío abuelo. En en los últimos días de Septiembre, antes de que llegaran los fríos, gustaba de subir al Morrión para ver los aún largos atardeceres otoñales, con sus vistas incomparables. Uno de esos días, andaba subiendo por entre los roquedales dolomíticos hacia la cueva. Abajo, por Cañatienda, sonaban las esquilas del ganado delo Cuco viejo y en el horizonte rojizo del atardecer, se silueteaban los encinares y los quejigos. Cuándo llegó al Morrión, se sentó en una piedra ... (ver texto completo)
Y aun añadió que en la pared de la cueva, escrito con tiza, se leía el siguiente grafiti que venia como anillo al dedo a todo lo que había pasado: " Hay en algunas cosas antiguas una huella de una esencia vaga, mas que un peso o una forma, un éter sutil, impreciso, pero unido a todas las leyes del tiempo y el espacio un signo sutil y vedado de continuidades que los ojos exteriores no llegan a descubrir de dimensiones recluidas que hospedan los años idos y fuera del alcance, salvo para llaves ocultas ... (ver texto completo)