Llamaron a la
puerta. El mismo tío Pedro salió a abrir y se encontró cara a cara con su compadre Vicentico.
-Buenos días, compadre. ¿Qué buen viento le trae a usted por aquí? ¿Qué se le ofrece a usted?
-Pues nada... confío en su
amistad de usted... y espero...
-Desembuche usted, compadre.
-La verdad, yo he podado los
olivos, tengo en mi
olivar lo menos cinco cargas de leña que quiero traerme a
casa y vengo a que me empreste usted su burro.
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