El mundo prefiere, sabiamente, la felicidad a la sabiduría. Los hombres no tienen más que dos frenos: La vergüenza y la fuerza.
Uno se busca en la felicidad y se encuentra en el sufrimiento. La paciencia y el tiempo hacen más que la fuerza y la violencia.
Lo principal no es ser feliz, sino merecerlo. No se sale adelante celebrando éxitos sino superando fracasos.
La felicidad consiste en hacer el bien. Cada fracaso le enseña al hombre algo que necesitaba aprender.
El pato es feliz en su sucio charco porque no conoce el mar. Todo fracaso es el condimento que da sabor al éxito.
He cometido el peor pecado que uno puede cometer: no he sido feliz. El diluvio universal fue un fracaso: quedó una familia viva.
La felicidad consiste en ser libre, es decir, en no desear nada. El peor fracaso es la pérdida del entusiasmo.
Lo que no habéis heredado de vuestros padres, volvedlo a ganar a pulso o no será vuestro. La felicidad consiste casi siempre en saber engañarse.
La paz y la armonía constituyen la mayor riqueza de la familia. El mundo prefiere, sabiamente, la felicidad a la sabiduría.
El hombre es para la mujer un medio; el fin siempre es el hijo. Hay dos maneras de conseguir la felicidad: una, hacerse el idiota; otra serlo.