Soy hombre: nada de lo que es humano me es indiferente. Nadie abandona el cargo de presidente con el mismo prestigio y respeto que le llevo ahí.
El hombre, desde que nace hasta que muere, es una máquina de romper juguetes. El sufrir merece respeto, el someterse es despreciable.
El hombre es más razonador que razonable. La responsabilidad acrecienta el respeto que uno siente por si mismo.
En los ojos del joven, arde la llama; en los del viejo, brilla la luz. Soy hombre: nada de lo que es humano me es indiferente.
El hombre llega novato a cada edad de la vida; cada edad tiene su aprendizaje. El hombre, desde que nace hasta que muere, es una máquina de romper juguetes.
La madurez es aquella edad en que uno ya no se deja engañar por sí mismo. El hombre es más razonador que razonable.
El consejo que la presteza en la ejecución hace seguro, lo hace frecuentemente temerario la tardanza. El hombre es un animal sociable que destesta a sus semejantes.