Tengo una espina clavada con el final de Baltasar Garzón como juez, que me escuece como escuece la sal en una herida. Aceptar, lo diga quien lo diga, que la sentencia que lo inhabilita es “impecable”, “técnicamente perfecta”, “unánime y sin fisuras”, y cuarenta pendejadas más referidas a su redacción, siempre provenientes del corporativismo casposo en el que está enrocada la Justicia, aceptar esto, y, además, encajar en paralelo que otros jueces declaren inocentes a los Camps y a los Costas, a sabiendas ... (ver texto completo)
A todos nos duele. Creo que la mejor forma de definirlo es conla palabra que le escuché hace unso días a un comentarista ¿Justicia o JUSPIFIA?