Son las ocho de la mañana, de una hermosa mañana de Buenos Aires, lo que me ha hecho acordar de la balada de Horacio Ferrer que dice…
“Las “mañanitas” de Buenos Aires tiene ese qué sé yo, ¿viste?
Salgo de
casa por Arenales, lo de siempre en la
calle y en mí,
cuando de repente, detrás de ese
árbol, se aparece él,
mezcla rara de penúltimo linyera y de primer polizonte
en el viaje a Venus. Medio melón en la cabeza,
las rayas de la camisa pintadas en la piel,
dos medias suelas clavadas en los
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