Querido
amigo Manolo. Como un día te dije: la
Piedra Blanca debe llevar allí miles, quizás, millones de años. Ella supo esperar allí, para ser testigo del encuentro porque ese era el deseo de ellos, de aquellos dos niños, Manuel y Pilar. Allí seguirá esperando a que las circunstancias sean idóneas y ser testigo de la
reunión de unos muy buenos
amigos en la “enramá” de Piedra Blanca, teniendo por techo, aquel
cielo de embrujo y un horizonte por donde sale cada mañana de una forma majestuosa, “el Dios
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