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Poemas (BERNUY DE COCA)


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Al derramar tu voz su mansedumbre
de miel bocal, y al puro bamboleo,
en mis terrestres manos el deseo
sus rosas pone al fuego de costumbre.

Exasperado llego hasta la cumbre
de tu pecho de isla, y lo rodeo
de un ambicioso mar y un pataleo
de exasperados pétalos de lumbre.

Pero tú te defiendes con murallas
de mis alteraciones codiciosas
de sumergirte en tierras y océanos.

Por piedra pura, indiferente, callas:
callar de piedra, que otras y otras rosas
me pones y me pones en las manos.

Miguel Hernández
Es amarte, saber amarte
conociendo tu amor
recorriendo tu ser,
es amarte, querer amarte
saboreándote, admirándote
soñándote, pensándote
es amarte, es morir amándote.
Dulzura, mar de dulzura
inclinada en tu belleza
sosegada por tu lindeza,
amor, mar de amor,
entrégame tu regazo
para seguir bebiendo amor
y seguir respirando tu ser.
Suave caria de mujer,
penetrante malicia de bondad,
me engañas con tus verdades de amor,
me haces soñar, con tus sueños de realidad
me embriagas con tus besos sin dolor
suave mujer, con inquietos sentimientos
no quiero liberarme de ti, me gusta morir de ti
En un mundo donde tú existes,
dónde reina la paz de tus caricias,
con la ley de tus besos,
y la obediencia de tus ojos,
en el que tus labios me mandan,
tu alma me enamora,
y tú me fascinas.
En este mundo, yo te amo.
Yo soy tuyo, tuyo
inmensamente tuyo,
a lo largo de tu breve aliento eterno,
susurrando mi vida en nuestros besos
perteneciéndote en mil miradas,
soñándote en tus despertares,
soy tuyo: mi meta lleva tu nombre.
Quiero una de tus miradas,
para enmarcarla con mis recuerdos,
para enterrarla en mis tesoros,
quiero todas tus miradas,
para saber que me amas,
para vibrar al son de tus ojos,
y no dejar de amarte.
Noche de pasión, día de sentimientos,
alegras mi sonrisa, cuidas mi gozo
llenas mi sueño, vacías mi tristeza,
noche de ti, mi día para ti
eres pasión, mi dulce pasión,
eres querer, mi eterno querer,
noches para amarte, días para admirarte.
Cada día te quiero,
un día te respeto,
otro te admiro,
otro te sueño
pero siempre te quiero,
porque amanecer es quererte,
y estar sin ti, mi muerte.
Tienes la culpa de mi deseo,
posees la intriga de mis sentimientos,
eres dueña de todas mis pasiones,
eres plena de los sueños de querernos,
eres señora de cada uno de mis placeres,
y no lucho, no me resisto
¿Para qué, si contigo soy feliz?.
Eres placer en ti,
eres sueño de dioses,
que te hicieron para mi.
Eres compañía del pecado,
para calmar mi deseo,
que sigue en ti.
Eres todo, y aún más.
Una mujer: tú,
un querer para quererte
una mirada para sentirte
un motivo para vivirte,
un resguardo para soñarte,
un sentimiento para palpitarte,
una mujer, tú, para pertenecerte.
Existes, pues naciste para que te amara
respiras, pues así sé que yo respiro,
sueñas, pues así fabricas mis sueños,
miras, pues de tus miradas vivo,
hablas, pues tu voz es mi alimento
callas, pues con tu silencio me emociono
y yo te amo, pues no hay nada sin amarte.
No sé por qué, pero abril es el mes por antonomasia de la poesía. En realidad sí lo sé, la culpa la tiene la primavera, esplendorosa en esta época del año, perfecta para ensalzar la vida o sumirnos en la nostalgia del recuerdo.

De entre los muchos poetas que han glosado este mágico mes, hoy me quedo con mi querido Antonio Machado (Sevilla, 26 de julio de 1875 - Collioure, Francia, 22 de febrero de 1939) y su 'Abril florecía', un delicioso poema que vio luz a finales de enero de 1903 en Soledades, el primer libro del genial escritor andaluz, cuya reducida edición pasó prácticamente desapercibida para el gran público.

Antonio muestra aquí un obsesivo anhelo por lograr la plenitud amorosa, que observa con envidia en la naturaleza esplendorosa que le rodea. El entonces joven poeta, con apenas 28 años y sin trabajo, reflexiona sobre el inexorable paso del tiempo, el abandono de la infancia, la llegada de la juventud, los sueños olvidados, pero también sobre el presentimiento de la muerte.

Más optimistas, disfrutemos hoy de lo poco que todavía nos queda de abril. Aunque les doy un consejo: no lo miren desde la ventana. Salgan al campo. Ese balcón florido de la Naturaleza nos espera repleto de vida, de sensaciones.
¿Es un mago el poeta?. Tal vez sí. El maneja el lenguaje convencional, la palabra vulgar y cotidiana y la transforma, por obra y gracia de su arte, en el milagro de la poesía, obteniendo de cada una de ellas lo que de significación profunda y sensible guarda. Tal vez sea un orfebre del lenguaje, o un tallador de diamantes verbales. El recoge la palabra de la vida y nos la devuelve transformada en el tesoro de la poesía.

Este poema de Antonio Machado, “A un Olmo seco”, métricamente un poema típico en la obra de Machado con su combinación de versos de 7 y 11 sílabas y rima consonante, es para mí todo eso y mucho más pues encierra en sus versos un mensaje de esperanza verdecida.

Nada es superfluo en él, no le sobra ni le falta una palabra, cada una es al poema lo que las ramas fueron al olmo en su plenitud antes de ser, como él mismo, como tú o como yo, hendidos por el rayo de la vida.

Porque el olmo soy yo, eres tú, es él, cualquiera que esté vivo. En la vida de cada uno hay un momento en que estamos viejos, tal vez no de edad pero sí de sentimientos. El rayo nos alcanzó y nuestro corazón está plagado de hormigas de dolor y arañas de desaliento.

Y sin embargo, a pesar de todo, ahí está el milagro. “la lluvia de Abril y el sol de Mayo”, (quizá una presencia amiga, una sonrisa a tiempo, un apoyo, una palabra, una mirada...) hacen brotar en nosotros las tiernas hojitas verdes de la esperanza. Porque todo tiene sentido, incluso nuestra tristeza y tras ella seremos transformados, como el olmo seco lo fue en melena de campana, lanza de carro o yugo de carreta.

Por eso, antes de ser arrastrados, vencidos, rotos, ahogados en un rio de amargura, prendamos nuestra vista en ese pequeño milagro de la rama verdecida. No todo está perdido, en nosotros mismos anida la semilla de la esperanza.

Yo quiero anotar también en mi alma este prodigio y esperar del amor y la amistad otro milagro de la primavera.

Esta es mi lectura del poema, pero no es la que importa.

¿Qué has sentido tú al leerlo?. ¿Qué se ha “movido” y “removido” en tu interior?. Esos sentimientos, sin tu saberlo, te están haciendo partícipe del alma del poeta.

Desde un punto de vista más prosaico puedes constatar la abundancia de nombres sobre cualquier otro componente pues lo que se pretende es mostrarnos realidades (el árbol, el río, la lluvia...) y sentimientos (la tristeza, la esperanza...). Métricamente es un poema típico en la obra de Machado con su combinación de versos de 7 y 11 sílabas y rima consonante.