Los datos revelan que "los menores que han sufrido abusos de cualquier tipo tienen un elevado riesgo de experimentar síntomas gastrointestinales en comparación con los que no han pasado por este trance", aclaran los autores.
Asimismo se realizó una evaluación del estrés psicológico, que incluyó los problemas emocionales y de comportamiento, así como los trastornos de ansiedad o depresión de los chavales.
A esta edad fueron los mismos adolescentes los que respondieron a estas pruebas.
Durante la investigación, los cuidadores de los servicios de protección del menor (CPS, de sus siglas en inglés) rellenaron un cuestionario sobre los problemas gastrointestinales (dolor, náuseas, vómitos, calambres) y su frecuencia en los pequeños. La evaluación se llevó a cabo cada dos años desde que los niños cumplieron los 24 meses hasta los 12 años.
En declaraciones a ELMUNDO. es, la doctora Tilburg ha puntualizado que existe "una conexión cerebro-intestino por la que el dolor influye en el estrés y éste también causa dolor. Todos estamos familiarizados con las mariposas en el estómago, por amor o por miedo. Los malos tratos son muy estresantes, pero si reducimos su impacto con intervención psicológica también podremos disminuir las molestias abdominales".
Nuestra hipótesis es que la historia de abusos o negligencia incrementa el riesgo de este tipo de problemas, y el estrés psicológico puede ser, en parte, el mediador de esta relación", comentan los autores de la investigación en el último 'Annals of Family Medicine'.
"La mitad o un tercio de los pacientes adultos que acuden a consulta de Gastroenterología tiene detrás una historia de abusos. Nuestro objetivo ha sido investigar la relación entre maltrato y los síntomas abdominales sin causa médica de niños y adolescentes.
Los autores finalmente centraron su observación en 845 de todos estos menores (por tener dolores de tripa) a los que realizaron un seguimiento desde los dos años hasta los 12.
Se trata de un consorcio de cinco trabajos prospectivos realizados con 1.354 menores que han sufrido distintos niveles de abusos físicos, psíquicos o sexuales o con elevado riesgo de padecerlos.
La investigación ha sido posible gracias a los 'Estudios Longitudinales de los Niños que han sufrido Malos Tratos o Negligencia'.
Este es el panorama recogido en un nuevo estudio, liderado por Miranda van Tilburg, de la Universidad de Carolina del Norte (Estados Unidos).
Porque cuando un niño o una niña se queja de dolores de tripa de forma frecuente y no hay una causa que los provoque puede que en realidad esté 'hablando' de otro tipo de sufrimiento, el que ocasionan los malos tratos.
No lo cuentan con palabras pero sí lo expresan a su manera.
¿Qué hay detrás de un dolor de tripa?
No obstante, el investigador confía en localizar nuevos vestigios que impulsen más investigaciones y que ayuden a generar un polo de atracción para el turismo de la región.
Construir réplicas en moldes de los recientes descubrimientos para no perder la información que contienen es el objetivo inmediato de Carvalho, ya que es consciente de "la dificultad" logística para preservar los fósiles en su forma original
Las huellas han supuesto una puerta de esperanza para las aspiraciones del equipo de Geopark Naturtejo, que pretende abrir un centro de interpretación de los hallazgos que también abarcaría el estudio de otros mamíferos menores, como los zorros, de los que también se han hallado vestigios.
Estos paquidermos, actuales parientes de la especie asiática o India, habitaron la parte occidental del continente europeo durante "un largo período de tiempo", hasta su declive, que coincidió con el comienzo de la última edad de hielo, hace unos 115.000 años.
Los 'Elephas antiquus', que preferían las temperaturas cálidas y suaves de la Península Ibérica, eran ligeramente mayores que los actuales elefantes -medían casi cuatro metros- y se agrupaban en pequeñas manadas de entre 5 a 15 ejemplares.
Según el paleontólogo, el lugar de los hallazgos, actualmente entre el curso de los ríos Sado y Mira, fue en la prehistoria un espacio de grandes dunas caracterizado por su aridez, por lo que se deduce que era "una área de paso" incluida en la ruta alimenticia de los animales.
Con un tamaño de entre 38 y 45 centímetros, las huellas corresponden a ejemplares hembras o machos jóvenes -debido a la profundidad de las marcas- y fue posible encontrarlas gracias a los efectos erosivos de las olas del mar, contó Carvalho.
Sobre unas grandes láminas de piedras localizadas junto al encrespado océano Atlántico, el equipo de Carvalho halló la impresión de las marcas, dispuestas de forma paralela y en hilera. "No es fácil descubrirlas en este tipo de rocas", comentó el paleontólogo, quien atribuyó sus singulares rasgos geológicos a la acción de los sedimentos de las dunas a través de un intenso proceso de acumulación de carbono y de sustratos de arbustos.
Es el primer registro de huellas de elefante (antiquus) en Europa", aseguró el especialista luso Carlos Neto de Carvalho, coordinador del proyecto que busca fósiles en el litoral sudoeste de Portugal desde el 2002.
"Se habían encontrado restos de esqueletos, pero no de huellas.
En las escarpadas costas de la localidad de Sines -a 180 kilómetros al sur de Lisboa-, un equipo de paleontólogos del organismo Geopark Naturtejo ha descubierto valiosos fósiles del 'Elephas antiquus', una especie de gran porte que transitaba por el actual litoral portugués y sobre la que ahora podrán conocerse más datos sobre sus hábitos y conductas.
Las huellas de tres ejemplares de elefantes prehistóricos, halladas en la región portuguesa del Alentejo, posibilitará nuevos estudios científicos acerca de estos mamíferos extinguidos en la Península Ibérica hace más de 30.000 años.