Iris se ha puesto nerviosa y ha empezado a ladrar junto al portal de la
calle de Duque de Sesto número 7, a unos 100 metros de su
casa. "Oí como un gemido, creí que era un gato", explica Paco Fernández, madrileño de 36 años. "Ya me iba, pero la perra insistió", añade. Iris ha subido las
escaleras del portal y se ha quedado parada, ladrando. Entonces Paco ha visto la bolsa de
deportes azul, con una ranura abierta.