En cuanto hubo hecho la última llamada sonó el teléfono. Era su vecino, con cara de estar muy avergonzado. Le explicó que aquella noche, al salir, había tenido la desgracia de atropellar a su gato.
Aquello no les hizo la menor gracia. De hecho, algunos llegaron a tomarse francamente mal que les hubiera servido un alimento mordisqueado por un ga-to.
La joven ama de casa se devanó los sesos, tratando de averiguar lo que le habría ocurrido al pobre animal, hasta que se acordó del salmón. Imaginándose que debía de estar contaminado, cogió el teléfono y llamó a todos los invitados, incluidos los jefes de su marido, para ponerles al corriente de la situación y recomendarles que avisaran al médico enseguida.
La cena tuvo un gran éxito. Al término de la misma, entrada la noche, los invita-dos se fueron despidiendo sin dejar de felicitarla efusivamente, sobre todo por la mous-se de salmón. Cuando hubo partido el último coche y cerraron las puertas del jardín, el matrimonio reparó de pronto en que su gato estaba junto al porche, tieso y muerto.
Al volver de la despensa descubrió, horrorizada, que el gato estaba sentado en la mesa mordisqueando el pesca-do. Se apresuró a echarlo y luego se dijo: “Vaya, no creo que se den cuenta de lo que ha ocurrido”. Así pues, volvió a limpiar el pescado y siguió con los preparativos.
Una joven ama de casa iba a dar por primera vez una cena a la que estaban invitados varios directivos de la empresa de su marido. Como era una velada muy especial, llevaba idea de preparar, entre otros platos, una mousse de salmón. A tal efecto se acer-có al mercado, compró el pescado que necesitaba y, después de lavarlo, lo dejó sobre la mesa de la cocina mientras iba por los demás ingredientes.
animales resucitados
El año pasado la hice, pero se mezclaron tosas las capas, aunque de comer estaba buena, pero no tenía la presencia que tiene que tener.
¿La vas hacer para el cumpleaños de C?
Yo también me voy, hasta mañana.
Ves cómo tengo razón, cada vez que entras cuenta.
Creo que eso no lo cuenta como visitas, porque cada vez que ponemos un mensaje también sería una visita, además ha habido días, sobre todo los fines de semana de estar esto muy parado y en cambio recibir muchas visitas.
¿Por qué no? Si tú pinchas como van a saber si vas a escribir. Cada vez que entras escribas o no escribas tiene que contar.
¿Qué piensas que el conductor se tuvó que enterar?
Está claro que si ocurrió tal como cuentan se tuvo que enterar por narices. Ese le entró miedo de que los chicos le pudieran atizar.
Muy bién, parece mentira que tengmos tantas visitas.
Yo creo que la mitad son nuestras de todas las veces que pinchamos haber si hay alguién escribiendo.
IR, ¿a qué hora es lo de la biblioteca está tarde? ¿los nuestros también pueden ir?
vamos mmj, que me tienes en ascuas.
Siento decirtelo..... pero termina así en incognita. A tú linda imaginación. Luego le dices a R. que las lea. El no estubo con las historias de miedo.
Desearon que sus padres llegaran a rescatarlas y nunca los minutos les parecieron tan largos.
El teléfono negro era el único objeto que permanecía en el lugar de siempre y ninguna se animaba a tocarlo.
Pero lograron correr el sillón y se sentían a salvo.
Las dos primas se sentaron inmóviles sobre el sillón en el silencio en la oscuridad.
Canela, la gata maullaba, y como si supiera lo que estaba ocurriendo se acurrucó en los brazos de Lily, su dueña.
El sillón- susurró Alicia. Entre ambas empujaron el pesado sillón contra la puerta, pero en medio de la oscuridad reinante, los nervios y el llanto de sus hermanas menores se llevaron por delante una lámpara que se cayó explotando las lamparitas y una mesita ratona con adornos acuñados a través de los años por la dueña de casa que se desplomaron y crujieron como si se partieran mientras escuchaban el sonido del agua contenida en un florero caer sobre la alfombra.
Alicia y Pato se asomaron nerviosas a la ventana para escudriñar los departamentos vecinos mientras las más pequeñas lloraban abrazadas.
De pronto escucharon el sonido del ascensor que arrancaba. Corrieron a pegar el oído contra la puerta y corrieron la tranca. Escucharon abrirse la puerta y pasos en el palier.
Contuvieron la respiración con esfuerzo.
Lily se largó a llorar y Susana, la acompañó lagrimeando con cara de espanto.
¡Apaguen la luz! ordenó Alicia. Pato corrió a cumplir de inmediato la astuta decisión de su prima. Ahora las más chicas redoblaron su llanto.
¡Silencio! ¡Callense por favor!- les gritó Pato.
¡Hola! Gritó Alicia. Del otro lado un largo silencio y luego una voz grave y espesa le dijo susurrando: -Sé que están solas.
Alicia colgó el tubo y aterrorizada comunicó el mensaje a su hermana y a sus primas.
-Nos está mirando- balbuceó Pato
Cuando se disponían a comenzar su raid telefónico, al levantar el tubo no escucharon el característico tono sino una respiración fuerte y sonora en el auricular. ¡Hola!- Repitió Alicia y haciéndole señas a sus primas para que guardaran silencio les fue pasando el tubo para compartir el extraño sonido. Pero este, tornó en una carcajada estruendosa y desconocida. Era la voz de un hombre.
Mientras apuntaban una nueva lista de víctimas y proponían los mensajes sonó el teléfono.
Alicia, la mayor atendió pensando que eran sus padres para controlarlas: - ¡Hola! ¡Hola!- dijo calmada. Del otro lado de la línea se escuchaba música clásica. – ¡Hola! ¡Hola! Volvió a repetir… pero del otro lado solo se escuchaban los acordes de un violín lejano.
Este pasatiempo del teléfono había resultado un éxito. Era la primera vez que recibían insultos de semejante magnitud y les dolían las mandíbulas de tanto reírse.
El juego se había puesto divertido y hasta Lily participaba con entusiasmo sugiriendo nuevas bromas.
Una vez conseguido el solemne juramento de Lily, se dispusieron a hacer los llamados correspondientes: Al Señor Gallo le preguntaron por sus gallinas, al Señor Gordo le ofrecieron una dieta, al Señor Gavilán le ofrecieron una jaula, al Señor Castillo le ofrecieron mudarse a un rancho, a la Señora Rojo le preguntaron que pensaba hacer este año que estaba de moda el azul y así continuaron muertas de la risa anotando prolijamente a sus destinatarios y los distintos insultos que recibían de sus víctimas ... (ver texto completo)
Ay, dijo Lily – Dejame tranquila.
¡No! Dijo Pato- Tenés que jurar que no vas a decir nada.
Está bien. Lo juro – contestó Lily en un susurro.
-Por Canela- Dijo Pato agregando- y no cruces los dedos en tu espalda.
- ¡Está bien! lo juro por Canela- Mientras juraba, mostró sus manos y le echó una mirada triste a su gata que dormía en el sillón.
Alicia, sin darle tiempo ni para respirar, retrucó: Mamá no se va a enterar a menos que alguien se lo diga- y agregó-Espero que cierres tu enorme bocota. Jura con la mano en el corazón que no se lo vas a contar- dijo solemne.
A Susy, la menor, la nombraron secretaria. Ella debía anotar prolijamente los nombres y los números de los destinatarios de sus bromas.
Liliana sentenció compungida: - Mamá nos va a retar, Nos va a poner en penitencia hasta fin de año-
Alicia era la que más disfrutaba. De pronto dijo: -Llamemos a ver que contestan-
Y se reunieron todas en torno al teléfono con una sonrisa cómplice.
Mientras estaban tan dedicadas jugando a la manicura, Pato vio la Guía Telefónica y comenzó a ojearla buscando apellidos que le causaran gracia. Así descubrieron apellidos como Gallo, Gordo, Gavilán, Castillo, Rojo, etc. Y no paraban de reírse imaginando chistes graciosos
Las chicas estaban felices y en cierta manera se sintieron adultas.
Dejaron las muñecas e incursionaron en el tema maquillaje utilizando el rouge y las sombras para ojos que encontraron. Luego se limaron las uñas y se aplicaron distintos tonos de esmalte.
El departamento era seguro y se conocían todos los vecinos, las niñas sabían comportarse y jamás tuvieron problemas, así que estaban ansiosas por vivir una nueva experiencia quedándose solas por dos o tres horas.
La más chica era Susy, tenía once años. La más grande Alicia, tenía catorce. Lily y Pato tenían doce años.
Por esa razón, un día los dos matrimonios decidieron ir juntos al teatro y dejar a las cuatro niñas jugando en el departamento.
Alicia y Liliana eran hermanas y primas hermanas de Patricia y Susana. Las cuatro además de primas eran amigas. Les encantaba jugar juntas. Se disfrazaban, un día se convertían en cocineras, otro en maestras y otro en enfermeras. La verdad es que las cuatro primas se entretenían sin molestar y sin pelearse durante horas.
Esto ocurrió en esos tiempos.
Las llamadas equivocadas y las ligadas eran frecuentes. Tampoco quedaban registradas las llamadas y el contestador automático no se había inventado. Eran otros tiempos…
Esos teléfonos eran grandes, de color negro. Tenían un disco giratorio en el frente donde estaban todos los números del cero al nueve. Para hacer una llamada había que colocar el dedo en el número correspondiente y hacer girar el disco hasta el tope número por número.
Era muy común que los vecinos prestaran sus aparatos y hasta recibieran llamadas para sus vecinos cercanos.
Cuando era chica, no existían los teléfonos celulares ni las computadoras. Es más, en algunos barrios la mayoría de las casas no tenían teléfonos.