Diez bolos, nueve grandes y uno pequeña a la que se llama michi, y bolas cachas, planas por un lado y redondas por el otro,
Dos jugadores sentados frente a frente, apoyados uno en otro por la planta de los pies, cogían con las manos cruzadas un redondeado garrote. Cada cual tiraba hacia sí intentando levantar al contrario, logrando la máxima puntuación cuando uno era capaz de alzar al otro lanzándolo por encima.
La pesada barra de hierro era cogida con una mano por la mitad, buscando el tirador el contrapeso de una buena piedra en la otra mano. Se hacía el tiro dando una fuerte media vuelta el tirador sobre sí mismo para coger toda la fuerza posible, lanzando la barra al aire. El tiro era bueno cuando la punta de la barra llegaba la primera al suelo sin haber dado vueltas en el aire. Si la barra caía plana se hacía lo que se denomina "barrazo" y el tirador no puntuaba. La mayor distancia de lanzamiento daba ... (ver texto completo)
Cómo quieres que te quiera,
si me están a mí queriendo,
amores como claveles
que por mí se están muriendo.
Dicen que te vas mañana,
no te vaya hasta el jueves,
las alas del corazón
te las daré pa que vueles.
Dicen que me has olvidado,
pena no tengo maldita,
que la pena de un buen mozo
con otro se quita.
No te fíes de los hombres
aunque los veas llorar,
que con las lágrimas dicen
el pago que te han de dar.
Me han privado de mirarte,
de hablarte me privarán,
pero de quererte no,
ni han podido ni podrán.
Buenas tardes, pasamos de la calefaccion a tener 24º esto es la monda.
no te hagas muchas ilusiones que el mal tiempo volverá!
ese fue inventado a raíz de la Semana Babiana. jajaja.
Cumu chume de cepus
son tues palabras,
que primeiru chispean
que arda la chama.
San Emiliano en llano, Pinos en cuesta,
el quererte, morena,
caro me cuesta.
Vale más una babiana
cuna falda remendada,
que miles de siñurítas
cuna cara empulveírada.
Las cintas eran regaladas por las mozas del pueblo, que las bordaban de llamatívos colores con sus nombres o iniciales.
De un alambre tirante se sujetaban las cintas, que llevaban en la punta una argolla. Los jinetes portaban en la mano un palo afilado que tenían que introducir a pleno trote en la argolla de la cinta para arrancarla.
La carrera de cinta se hacía a caballo, aportando una cuota cada participante, en algún lugar adecuado de la vega, determinando un círculo de ida y vuelta para evitar atropellos.
Del trofeo de la rosca le correspondía un tercio al vencedor, y un pitón a cada uno de los participantes.