Frase: Debería darnos vergüenza ser felices nosotros solos
Autor: Albert Camus
Frase: Disfruta hoy, es más tarde de lo que crees
Frase: Cuando uno dice que sabe lo que es la felicidad, se puede suponer que la ha perdido
Frase: Debería darnos vergüenza ser felices nosotros solos
Autor: Albert Camus
Frase: Ahora que estas lejos de mí, ¡no sabes cuanto te extraño!... ¡pero cuanto me divierto!
Autor: (Pintada)
Frase: Cabalgar, viajar y cambiar de lugar recrean el ánimo
Autor: Séneca
El día que la mierda tenga algún valor, los pobres nacerán sin culo.
Frase: Ahora que estas lejos de mí, ¡no sabes cuanto te extraño!... ¡pero cuanto me divierto!
Autor: (Pintada)
1. Perdona siempre a tu enemigo. No hay nada que le enfurezca más.
El día que la mierda tenga algún valor, los pobres nacerán sin culo.
- Los astutos vencen siempre en el primer momento, y suelen ser vencidos antes del fin.
1. Perdona siempre a tu enemigo. No hay nada que le enfurezca más.
Otras tardes inunda la llanura el salvaje
tropel de los bisontes
y sus jibas ondulan cual montes
o proceloso mar de móvil oleaje.
Y dejando a su paso todo roto
en terrible crujir,
se hunde en la selva el terremoto
del Tapir... ... (ver texto completo)
Contraído en su concha, hecho un ovillo,
rodó por la montañanoche y día
¡y salvo llegó al valle el armadillo!
El águila que lo perseguía
desde el azur adonde se cernía
lo dio por muerto...
¡y a poco el armadillo al sol surgía
como un santoermitaño del desierto! ... (ver texto completo)
Y el relámpago de las guacamayas
rasga el cielo -clamor y bandera-
como si el eco y el vislumbre fuera
de la legión del dios de las batallas.
Y en pleno día las caudas de los quetzales
suben y giran como fuegos artificiales,
cual si cayeran astros o volaran las flores,
o las minas de esmeraldas ascendieran en surtidores
y se abatieran en festones de saucedales... ... (ver texto completo)
Otras tardes inunda la llanura el salvaje
tropel de los bisontes
y sus jibas ondulan cual montes
o proceloso mar de móvil oleaje.
Y dejando a su paso todo roto
en terrible crujir,
se hunde en la selva el terremoto
del Tapir... ... (ver texto completo)
Y al final los días rezagados
los Nemontemi... ¡Cinco enmascarados
con pencas de maguey!...
Días en cuyas noches se derrite
la luna como turbio chalchihuite;
en que mancha de sombra luce el oro del sol
como la piel del tigre o como el girasol...
Y el relámpago de las guacamayas
rasga el cielo -clamor y bandera-
como si el eco y el vislumbre fuera
de la legión del dios de las batallas.
Y en pleno día las caudas de los quetzales
suben y giran como fuegos artificiales,
cual si cayeran astros o volaran las flores,
o las minas de esmeraldas ascendieran en surtidores
y se abatieran en festones de saucedales... ... (ver texto completo)
Los meses enflorados y agoreros
en ella ensartan lunas de pálido tecali
así como los cráneos hueros
en el zompantli del teocali.
En torno de esa tabla de la ley
gladiatorios o místicos agrúpanse los meses
entre bélicos cantos y rumores de preces
como en torno de un rey...
Y al final los días rezagados
los Nemontemi... ¡Cinco enmascarados
con pencas de maguey!...
Días en cuyas noches se derrite
la luna como turbio chalchihuite;
en que mancha de sombra luce el oro del sol
como la piel del tigre o como el girasol...
Es del trigo del sol
la gran piedra molar
que hace el pan de los días
en los molinos de la eternidad.
Piedra de las cronologías,
síntesis de los años y los días
donde se exhala en silencioso canto
el pertinaz espanto
de las viejas mitologías...
Los meses enflorados y agoreros
en ella ensartan lunas de pálido tecali
así como los cráneos hueros
en el zompantli del teocali.
En torno de esa tabla de la ley
gladiatorios o místicos agrúpanse los meses
entre bélicos cantos y rumores de preces
como en torno de un rey...
el ídolo en el atrio
José Juan Tablada
Una Piedra del Sol
sobre el cielo de la mañana
asoma en lo alto
el ancho rostro de basalto
a la orilla de un charco de obsidiana
y parece que su boca vierte ... (ver texto completo)
Es del trigo del sol
la gran piedra molar
que hace el pan de los días
en los molinos de la eternidad.
Piedra de las cronologías,
síntesis de los años y los días
donde se exhala en silencioso canto
el pertinaz espanto
de las viejas mitologías...
Y puede, tras tus gasas
flotantes y ligeras,
mirar, allá a lo lejos,
el labrador feliz,
cubiertas las campiñas
de blondas sementeras,
repletos los graneros
de trigo y de maíz.
¡Oh lluvia, no decrezcas!,
fecunda las simientes
que bajo el hondo surco
ya germinando están;
que son tus diminutos
aljófares lucientes
para los campos, gloria;
para los pobres, pan.
¡Oh lluvia alegre y buena!
Tras tu fulgente velo,
ebria de luz y vida,
ve el alma aparecer
el aire alborozado,
y esplendoroso el cielo,
y el campo rebosante
de amor y de placer.
Y puede, tras tus gasas
flotantes y ligeras,
mirar, allá a lo lejos,
el labrador feliz,
cubiertas las campiñas
de blondas sementeras,
repletos los graneros
de trigo y de maíz.
Buenas noches Teo.
Ya te digo tendre que hacer otro, a Eduardo le gusta mucho el dulce, yo no tanto pero ahora que tengo tiempo le daremos ese placer,
En este momento no para de llover, ya ves lo loco que esta el tiempo
Feliz noche
Un abrazoooooooooooooo
Victoria buenas noches, pues si con tan poco es feliz tu marido, no le prives del capricho el postre de mañana ya te he dicho antes que es muy bueno, así que haber si te luces y les endulzas la vida jajaja, un abrazo y pasa buena noche,
Y en torno del pantano
que a poco se ennegrece,
bajo la red hojosa
que el saucedal tejió,
el fuego fatuo corre,
fulgura, palidece,
travieso duendecillo
que el fósforo engendró.
¡Oh lluvia alegre y buena!
Tras tu fulgente velo,
ebria de luz y vida,
ve el alma aparecer
el aire alborozado,
y esplendoroso el cielo,
y el campo rebosante
de amor y de placer.
A los arroyos mansos
el agua pura y fresca
desciende borbollante
del limpio manantial;
se quiebra con las gotas
que en danza hechiceresca
palpitan, bullen, saltan
sobre el azul cristal.
Y en torno del pantano
que a poco se ennegrece,
bajo la red hojosa
que el saucedal tejió,
el fuego fatuo corre,
fulgura, palidece,
travieso duendecillo
que el fósforo engendró.
Aún llueve. El sol oculta
su agonizante disco,
dejando un horizonte
perlino y flor de lis.
Se van desvaneciendo
la cúpula, y el risco,
y el sauce, sobre un vago
y enorme fondo gris.
A los arroyos mansos
el agua pura y fresca
desciende borbollante
del limpio manantial;
se quiebra con las gotas
que en danza hechiceresca
palpitan, bullen, saltan
sobre el azul cristal.
Tendido tras la sierra,
cruzado por las gotas
de la sonante lluvia
que cae sin cesar,
es una lira etérea
de cristalinas notas
que se oye con los vientos
unísona vibrar.
Aún llueve. El sol oculta
su agonizante disco,
dejando un horizonte
perlino y flor de lis.
Se van desvaneciendo
la cúpula, y el risco,
y el sauce, sobre un vago
y enorme fondo gris.
El iris, sobre el cielo
que el sol poniente dora,
estalla en luminosa
policroma explosión;
de rosa y amarillo
las cúspides colora
y canta en el espacio
la universal canción.
Tendido tras la sierra,
cruzado por las gotas
de la sonante lluvia
que cae sin cesar,
es una lira etérea
de cristalinas notas
que se oye con los vientos
unísona vibrar.
La tarde va cayendo,
y aún llueve. Ya reclina
el sol en la montaña
su coruscante sien;
con ópalos y perlas
esmalta la colina,
irisa los picachos
con ópalos también.
El iris, sobre el cielo
que el sol poniente dora,
estalla en luminosa
policroma explosión;
de rosa y amarillo
las cúspides colora
y canta en el espacio
la universal canción.
Son carne las canteras,
las lajas obsidiana,
es mármol y alabastro
la aguja del crestón,
y son gigantes bloques
de tersa porcelana
los riscos de la sierra
que descuajó el turbión.
La tarde va cayendo,
y aún llueve. Ya reclina
el sol en la montaña
su coruscante sien;
con ópalos y perlas
esmalta la colina,
irisa los picachos
con ópalos también.
La lluvia, que gotea
en perlas virginales,
enciende más los vivos
matices de la luz;
el sepia en los troncones,
el flavo en los jacales
y el glauco en la colgante
melena del sauz.
Son carne las canteras,
las lajas obsidiana,
es mármol y alabastro
la aguja del crestón,
y son gigantes bloques
de tersa porcelana
los riscos de la sierra
que descuajó el turbión.
Para pintar las cumbres
el sol, divino artista,
aglomeró colores
de audaz entonación:
azul de lapislázuli,
violáceo de amatista
y rojo flameante
de ardiente bermellón.
La lluvia, que gotea
en perlas virginales,
enciende más los vivos
matices de la luz;
el sepia en los troncones,
el flavo en los jacales
y el glauco en la colgante
melena del sauz.
Buenas tardes Teo,
Los postres bien, al menos se lo comieron jjajaajaj
Feliz tarde y que la disfrutes
Un abrazoooooooooooooo
Buenas tardes Victoria, entonces que hoy no vamos a probarlos, pues chica otro día sera me alegro que les hayan gustado, mañana tengo ya preparado otro riquisimo haber si un día se lo haces a tu familia y ya me contaras,
un abrazo
Agita gravemente
sobre la verde falda
sus cien robustos brazos
el índico nopal,
que siente coronarse
sus pencas de esmeralda
por tunas cremesinas
de grana y de coral.
Para pintar las cumbres
el sol, divino artista,
aglomeró colores
de audaz entonación:
azul de lapislázuli,
violáceo de amatista
y rojo flameante
de ardiente bermellón.
Se escapan del ardiente
fogón de los jacales
penachos criniformes
de cándido algodón,
que luego desmenuzan
los vientos boreales,
prendiéndolos al pico
más alto del peñón.
Agita gravemente
sobre la verde falda
sus cien robustos brazos
el índico nopal,
que siente coronarse
sus pencas de esmeralda
por tunas cremesinas
de grana y de coral.
La aldea allá a lo lejos,
detrás del sembradío,
del impalpable velo
que cúbrela, a través,
su blanca torre muestra
su alegre caserío,
enamorada siempre
del aire montañés.
Se escapan del ardiente
fogón de los jacales
penachos criniformes
de cándido algodón,
que luego desmenuzan
los vientos boreales,
prendiéndolos al pico
más alto del peñón.
El oro de la tarde,
bañado por la lluvia,
inunda todo el éter
espléndido y triunfal;
sacude sobre el campo
su cabellera rubia
para empaparlo en gotas
de fúlgido cristal.
La aldea allá a lo lejos,
detrás del sembradío,
del impalpable velo
que cúbrela, a través,
su blanca torre muestra
su alegre caserío,
enamorada siempre
del aire montañés.
Topacios encendidos
y diáfanos brillantes
desfilan temblorosos,
rayando el cielo azul.
El oro de la tarde,
bañado por la lluvia,
inunda todo el éter
espléndido y triunfal;
sacude sobre el campo
su cabellera rubia
para empaparlo en gotas
de fúlgido cristal.
a través de la lluvia
Manuel José Othón
Llueve. Del sol glorioso
los rayos fulgurantes
refléjanse en el agua,
cual sobre níveo tul.
Topacios encendidos
y diáfanos brillantes
desfilan temblorosos,
rayando el cielo azul.
VIII
Acércate a los árboles, verás
y podrás escuchar que no existe un silencio
más poblado de voces, que parecen
alzarse desde el suelo hasta otro espacio. Allí,
el aire claro dice el mundo y cuanto
se extiende sobre él y, sin embargo,
es él mismo, la lengua de la tierra,
la promesa de que bajo el ramaje
podrás oír el rumor, tomar la mano ... (ver texto completo)
IX
Acércate a las hojas, llégate hasta el rumor.
Niño,
ese cuerpo inasible que contemplas
late sobre esta hierba, en estas piedras,
fin y origen. Que el aire
que traspasa las hojas vuelva hasta aquí de nuevo,
y que esa lengua sea la del cuerpo del mundo. ... (ver texto completo)
VII
Vamos hasta los árboles, te dije.
Sé que te gusta
extraviarte, y a veces me lo pides
tirando de la mano, apresada,
como apresada por la luz toda mano requiere
ir hasta su deseo, llegar a conocer,
aun si el conocimiento no es sino el umbral
de otra ignorancia, acaso, vacía de sí misma.
VIII
Acércate a los árboles, verás
y podrás escuchar que no existe un silencio
más poblado de voces, que parecen
alzarse desde el suelo hasta otro espacio. Allí,
el aire claro dice el mundo y cuanto
se extiende sobre él y, sin embargo,
es él mismo, la lengua de la tierra,
la promesa de que bajo el ramaje
podrás oír el rumor, tomar la mano ... (ver texto completo)
VI
La tierra, sí, se entrega,
parece levantarse hacia las hojas
que hasta ella regresan, desde el aire,
y con ella se funden, como el hálito
se funde con la tierra y los ramajes.
Sé que te gusta
extraviarte, y a veces me lo pides
tirando de la mano, apresada,
como apresada por la luz toda mano requiere
ir hasta su deseo, llegar a conocer,
aun si el conocimiento no es sino el umbral
de otra ignorancia, acaso, vacía de sí misma.
En las hojas sagradas cae la luz del tiempo,
las recorren los cauces diminutos del agua,
el aire las envuelve con manos que atesoran,
es el fin y el origen, es el fuego del tiempo.
VI
La tierra, sí, se entrega,
parece levantarse hacia las hojas
que hasta ella regresan, desde el aire,
y con ella se funden, como el hálito
se funde con la tierra y los ramajes.