Mensajes de FREILA (Granada) enviados por antonio:

# El año que ha de ser bueno entra riendo. (Enviado por: Mª Luisa Martínez)
# El año que es seco, no es llovedor. (Enviado por: Fuensanta Sánchez)
# El año que es de piojos, no sirve cambiarse de camisa. (Enviado por: Fuensanta Sánchez)
# El año que abundan los gamazos, también abundad los fardos. (Enviado por: Mª Luisa Martínez)
# El año de la sierra, no lo traiga Dios a la tierra.
# El año come mucho.
# El andar de la madre, tiene la hija.
# El andar de la madre lleva la hija; siempre saldrán los cascos a la botija.
# El amor y los celos son compañeros.
# El amor y los celos, hermanos gemelos.
# El amor y la señoría no sufren compañía.
# El amor y la nariz enrojecida no pueden ocultarse.
# El amor y la luna se parecen, menguan cuando no crecen.
# El amor y la guadaña quieren fuerza y quieren maña.
# El amor y la fe en las obras se ven. (Enviado por: Fuensanta Sánchez)
# El amor y el vino sacan al hombre de tino.
# El amor y el reinar, nunca admiten compañía.
# El amor y el fuego, sí no arden se mueren. (Enviado por: Mª Luisa Martínez)
# El amor y el dinero no pueden estar ocultos.
# El amor y el buñuelo han de comerse en caliente.
# El amor vive en presencia y muere en ausencia.
# El amor verdadero entra por el agujero.
# El amor que se lleva el viento, que te sirva de escarmiento.
# El amor que se alimenta de regalos, siempre está hambriento.
# El amor presencia quiere, y sin ella, pronto muere.
# El amor para ser perfecto: sabio, solo, solícito y secreto.
# El amor nunca se paga sino con puro amor.
# El amor nunca hizo ningún cobarde.
# El amor no quiere consejo.
# El amor más se enciende cuanto más apagarlo se pretende.
# El amor, la tos y el fuego, no pueden ser encubiertos.
# El amor hace iguales a los que no lo son. (Enviado por: Fuensanta Sánchez)
# El amor ha de ponerse, más en las obras, que en las palabras. (Enviado por: Fuensanta Sánchez)
# El amor es un egoísmo entre dos. (Enviado por: Fuensanta Sánchez)
# El amor es loco, pero a muchos vuelve tontos.
# El amor es gran desarmador. (Enviado por: Fuensanta Sánchez)
Byron y Shelley también tomaron este tema y recién a comienzos de siglo XX, Franz Wedekind, reactualizó el tema con una obra de teatro: Der Buchte von Pandora, que más tarde se transformaría en "Lulú", la famosa opera de Alban Berg.
El rey de los dioses lo hizo encadenar al monte Cáucaso donde un águila le comía a picotazos el hígado que crecía tan rápido como era devorado. Este tormento, dice la leyenda, pudo terminar en cualquier momento porque Prometeo sabía un secreto que afectaba la estabilidad del trono de Zeus. Prometeo se negó a revelar dicho secreto, transformándose así en el símbolo de la voluntad resistiendo a la opresión y del magnánimo martirio ante el sufrimiento inmerecido.
Así, la comparación entre Eva y Pandora es obvia y no se le escapó a John Milton, el gran poeta inglés, que la introdujo en el Libro IV de su Paraíso Perdido. A su vez, Prometeo ha sido un personaje abundantemente recogido por los escritores. Como arquetipo, Prometeo representa un poder amable, amigo de la humanidad, maestro de la civilización y de las artes. Claro que al hacerlo, transgrede la voluntad de los dioses y finalmente se hace acreedor al castigo de Zeus.
Este viejo mito ha de sobrevivir hasta nuestros días no sólo en las creencias y las frases populares, sino que ha sido recreado por numerosos poetas y escritores.
Y entonces sobrevino el milagro: las piedras crecieron, haciéndose más suaves y adquiriendo formas humanas, como pedazos de rocas en las manos del escultor. Las piedras que arrojaba Deucalión se convertían en hombres y las de Pyrra en mujeres. Y así los dioses, eso decían los griegos, repoblaron la Tierra con una raza más acostumbrada al trabajo.
Así, velaron sus cabezas, se desataron las vestiduras, cargaron numerosas piedras y las fueron arrojando a sus espaldas a medida que caminaban.
Ambos cayeron después en una profunda meditación. Hasta que Deucalión dijo: "O me engaña mi inteligencia o hay una sola forma de cumplir este mandato sin caer en la impiedad. La Tierra es la gran madre de todo y las piedras son sus huesos. Esos son los huesos que podemos arrojar detrás nuestro sin ser impíos... Creo que eso es lo que quiere decir el oráculo, y por último, no haremos daño intentándolo".
Escucharon asombrados. Finalmente Pyrra comentó: "No podemos obedecer, ¿cómo vamos a profanar los restos de nuestros padres?"
Entraron al templo, deformado por el cataclismo y se acercaron al altar donde ya no ardía el fuego sagrado. Se postraron en tierra y rogaron por una inspiración divina que les permitiera resolver la miserable situación en que estaban. El oráculo respondió así: "Abandonen el templo con la cabeza velada, las vestiduras sueltas y vayan arrojando detrás los huesos de vuestra madre".
Entonces Deucalión habló así a su esposa: "Esposa, única mujer sobreviviente, antes nos unió el matrimonio y la crianza de los hijos. Ahora nos une un peligro común. Tal vez haya recaído sobre nosotros el poder de nuestro antepasado Prometeo, y tendremos que renovar la raza humana tal como él lo hizo la primera vez. Pero como no estamos seguros, vamos al templo y preguntemos a los dioses lo que debemos hacer".
Apenas Zeus vio que estaba todo devastado y sólo quedaban estos sobrevivientes, soltó al viento del norte para que despejara las nubes y separase los cielos de la tierra. Poseidón ordenó a Tritón que soplara su cuerno. Las aguas obedecieron y poco a poco recuperaron su cauce normal, aparecieron otra vez las playas y los ríos volvieron a sus cauces.
Allí buscaron refugio los únicos sobrevivientes. Deucalión y su mujer, Pyrra, ambos de la raza de Prometeo. Él era un hombre justo y Pyrra una mujer con gran fe en los dioses.
Cualquier gran edificio intacto era asaltado por las olas y pronto sus torres quedaban sumergidas.

Los textos y las tradiciones clásicas se explayan en la descripción de esta destrucción hasta que finalmente no quedó sino agua sobre la superficie de la Tierra, sólo el Parmaso, elevado sobre todas las montañas, se levantaba sobre las aguas.
No contento aún, Zeus llamó a su hermano Poseidón, el dios de las aguas terrenales. Éste sacó de madre a los ríos que inundaron la Tierra al mismo tiempo que ordenaba un terremoto que hizo caer el flujo de los mares sobre las playas. Castillos, hombres, animales y casas fueron barridos por las aguas embravecidas.