Mensajes de FREILA (Granada) enviados por antonio:

La prueba de fuego pertenecía a los juicios divinos medievales para demostrar la culpabilidad o inocencia del acusado. No se debe confundir con la tortura, que era empleada para hacer confesar al reo.

La prueba de fuego era, al igual que otros juicios de Dios, empleada habitualmente ya por los germanos, los anglosajones y los vikingos.
Hola Antonio ya estoy aqui los resultados hasta el viernes, dicen que tienen trabajo retrasado esta prueba suelen tardar tres dias, ya ni pagando ja, ja, ja
hola victoria, la verdad es que las cosas de médicos va muy lenta
La prueba del fuego o prueba de fuego era un elemento de juicio en la antigüedad en la que se empleaba el fuego para confirmar o negar una acusación y en la que a través de la ayuda divina no se sufrían quemaduras graves.

A lo largo de la historia se ha perdido el sentido original hasta llega a significar una prueba decisiva en cualquier actividad con la que se pretende revalidar la capacidad o la validez de un proyecto o persona, como por ejemplo lo sería la prueba de funcionamiento de una nueva ... (ver texto completo)
Además de describir las prácticas comunes de la magia, Aymerich también describe las formas de extraer una confesión, incluyendo formas de manipulación psicológica primitivas, además de simple tortura. En cuanto a la tortura, afirma «Quaestiones sunt fallaces et inefficaces», es decir, «la tortura es engañosa e ineficaz». Sin embargo es el primer inquisidor que se salta la prohibición de la Iglesia Católica de torturar a una persona dos veces. Interpretó la directiva de forma laxa, permitiendo sesiones ... (ver texto completo)
De acuerdo a Aymerich, la primera y más importante forma de brujería herética era la que ofrecía latría (la adoración debida únicamente a Dios) a los demonios. Esta forma incluía actividades como la realización de sacrificios, oraciones y la ofrenda de velas o incienso a los demonios. La segunda categoría estaba formada por los herejes que ofrecían dulía (la adoración dada a los santos). Estos incluían a los que mencionaban a demonios en las letanías (a menudo junto a los nombres de santos y ángeles) ... (ver texto completo)
Aymerich considera en la obra la brujería como una forma de herejía, una definición importante, ya que la Inquisición tenía el mandato de suprimir la herejía. La idea no era exclusiva de Aymerich, había estado desarrollándose desde finales del siglo XIII, cuando el papa Alejandro IV dio por primera vez autoridad a los inquisidores sobre los brujos. Este hecho fue confirmado por los papas Bonifacio VIII y Juan XXII. Hacia 1320 era habitual que los manuales de los inquisidores tratasen la brujería. Escritos de Bernardo de Gui y Ugolino Zanchini contienen dos discusiones de ese tipo. La contribución de Aymerich fue dividir la brujería en tres categorías, con referencias a la Biblia y a los escritos de notables teólogos cristianos como san Agustín de Hipona y santo Tomás de Aquino ... (ver texto completo)
El Directorium inquisitorum describe varias prácticas mágicas prohibidas, incluyendo el bautizo de imágenes, fumigar la cabeza de una persona muerta, echar sal al fuego, quemar cuerpos de animales, conjurar espíritus, invocar nombres, mezclar nombres de ángeles y demonios y quiromancia.
Aymerich había escrito anteriormente un tratado sobre brujería, posiblemente ya en 1359, que amplió para convertirlo en el Directorium inquisitorum. Para escribirlo, empleó muchos textos de magia que había confiscado anteriormente de los acusados de brujos.
El Directorium inquisitorum, también llamado Manual del inquisidor, es la obra más importante de Nicolás Aymerich, que escribió quizás tan temprano como en 1376. El Directorium inquisitorum definía la brujería y describía los medios para descubrir a las brujas.
En sus comentarios, se hace patente que Leland cree que "las brujas, incluso hoy en día forman un sociedad o secta secreta, fragmentada que ellas llaman Antigua Religión; y es en en la región de Romaña donde poblaciones enteras son paganas". Basandose en esa hipótesis, Leland conjeturó que "la existencia de una religión supone la existencia de una Escritura. En tal caso se puede aceptar, incluso sin un control exhaustivo que el Evangelio de las Brujas es ciertamente una obra muy antigua, probablemente la traducción de algún texto temprano o tardío del latín. ... (ver texto completo)
Leland añade muchos fragmentos en italiano de la versión original, la cual él tradujo. Según Mario Pazzaglini, autor de la traducción de 1999, la versión en italiano contiene errores ortográficos, gramaticales y le faltan palabras. Además dice que inesperedamente está redactada en italiano regular y no en un dialecto local[13]. Pazzaglini concluye que el Vangelo fue en primer lugar traducido del dialecto local al italiano y después al inglés. De ello resultó un conjunto de textos de diverso contenido, en ocasiones mal copiados.[14]. El mismo Leland consideró el texto como un "'conjunto de ceremonias, conjuros y tradiciones'"". Incluso consideraba el manuscrito como un intento de recoger "valiosos y singulares restos del folclore etrusco-romano", para evitar su desaparación. Falta coherencia entre los relatos e incluso entre las secciones que Leland atribuye al Vangelo. Esa carencia, es un argumento a favor de su autenticidad, según el estudioso especializado en religiones Chas Clifton, ya que al parecer el texto no fue "amasado (...) para futuros compradores del libro" ... (ver texto completo)
Los últimos cinco capítulos se identifican más claramente como ajenos al manuscrito. A pesar de eso Charles Leland los incluyó por su relación con el tema. El autor consiguió esa información durante su investigación de la brujería italiana, especialmente mientras escribía Vestigios Etruscoromanos (Etruscan Roman Remains) y Leyendas de Florencia (Legends of Florence). Los temas de estos capítulos son ligeramente distintos a los del comienzo del libro. Sin embargo Leland decidió incluirlos en parte ... (ver texto completo)
Los diez primeros capítulos no son totalmente una traducción directa del Vangelo. Leland también propone sus propios comentarios y notas en varias partes del texto. Además el séptimo capítulo contiene otros relatos populares que no tienen su origen en el manuscrito principal. El medievalista Robert Mathiesen opina que el "Vangelo" constituye de hecho incluso una parte más pequeña de Aradia. Mathiesen afirma que solo los cápitulos uno y dos y la primera mitad del cuarto corresponden con la descripción, que Leland había hecho anteriormente del contenido del manuscrito. Para Mathiesen, el resto del libro tiene su origen en otros textos recogidos por Leland gracias a Maddalena[ ... (ver texto completo)
Aradia está dividido en quince capítulos. Los diez primeros están presentados como la traducción de Leland del manuscrito Vangelo, que recibió de Maddalena. Esa sección, aunque contiene principalmente las descripciones de varios conjuros o rituales, es también la fuente de la mayoría de los mitos y cuentos populares del libro. El final del primer capítulo es el fragmento donde Aradia enseña a sus discípulos como practicar brujería.
Diana no solo es la diosa de las brujas, también es presentada como la creadora del universo entero en el tercer capítulo, dividiéndose en luz y sombra. Tras el nacimiento de su hijo Lucifer, Diana se transforma en gato y lo seduce, para concebir así a Aradia, su hija. El primer capítulo presenta a las primeras brujas como esclavas, que consiguieron escapar de sus amos y empezaron nuevas vidas como "ladronas y malas gentes". A ellas, Diana envía a su hija Aradia, para enseñar a aquellas exsirvientes ... (ver texto completo)
Capítulos completos del libro, están dedicados a los rituales y conjuros mágicos. El capítulo sexto contiene la descripción de conjuros, con el objetivo de enamorar a la persona amada. El libro clarifica el conjuro a practicar, cuando se encuentra una piedra rendonda o agujereada, para transformarla en un amuleto y conseguir así el favor de Diana (cuarto capítulo). El segundo capítulo describe la fiesta ritual en honor a Diana, Aradia y Caín. Las narraciones la parte del libro más pequeña, y consisten ... (ver texto completo)
Del trabajo de Leland vio la luz un libro bastante delgado. Organizó el texto creando quince capítulos a los que añadió un breve prefacio y un apéndice. La versión publicada contenía además notas y extractos del texto original italiano que Leland había traducido. Aradia consiste en su mayor parte en hechizos, bendiciones y rituales pero el texto también incluye algunas historias y mitos evidenciando así la influencia de la mitología romana y católica. Los personajes más mencionados son la diosa Diana, ... (ver texto completo)
Como para entonces él ya había estudiado durante once años la especialidad, decía no estar sorprendido por el contenido del Vangelo. En su mayor parte contenía lo que esperaba, exceptuando unos fragmentos semipoeticos."Yo también creo", escribe Leland en el libro, "que en ese Evangelio de la brujas tenemos al menos una fidedigna descripción de la doctrina y de los rituales durante los aquelarres. Rendían culto a deidades prohibidas y practicaban actos prohibidos, inspirados tanto en la rebelión contra la sociedad como en sus propias pasiones". ... (ver texto completo)
El escritor wiccano Raymond Buckland afirmó ser el primero en reeditar el libro en 1968 a través de su editiorial "Buckland Museum of Witchcraft"[7] (Museo de Brujería Buckland). En realidad ya había una reedición anterior de "Wiccens"sic "Charles Rex Nemorensis" y Mary Cardell a principios de la década de 1960[8]. Desde entonces, la obra ha sido reeditada en numerosas ocasiones, incluso una traducción nueva y comentada de Mario y Dina Pazzaglini.
Leland finalizó la traducción y composición del texto a principios de 1897 y lo mandó a David Nutt para publicarlo. Pero Nutt posponía una y otra vez la edición de la obra. Dos años después Leland escribió a David Nutt pidiéndole que le devolviera el manuscrito para dárselo a otro editor. Esa petición provocó un súbito cambio de actitud en Nutt que por fin publicó una pequeña cantidad de ejemplares del libro en julio de 1899[
Leland decía que había encontrado a Maddalena en 1886: ella se convirtió rápidamente en la principal fuente de la obra sobre folclore italiano durante los años siguientes. Él opinaba que ella pertenecía a una antigua tradición de brujería ya desaparecida. Leland escribió que "tras una largo aprendizaje, ella hoy sabe todo aquello que quiero y sabe como sacar información de su gente"[3]. Él recibió en total varios cientos de páginas de Maddalena, las cuales revisó y arregló para incluirlas en sus ... (ver texto completo)
Charles Godfrey Leland fue un escritor y folclorista estadounidense, el cual estudió en profundidad el folclore italiano en Florencia. Aradia es producto de su investigaciones allí. Aunque el libro se suele asociar con Leland, el descubrimiento del manuscrito original, es en parte atribuible a una misteriosa mujer italiana, a quien Leland y su nieta y biógrafa Elizabeth Robins Pennell llamaban "Maddalena". Según la folclorista Roma Lister, amiga de Leland, el verdadero nombre de Maddalena era Margherita, ... (ver texto completo)
La obra de Charles Leland fue relativamente desconocida hasta la década de 1950, cuando se comenzaron a discutir otras teorías sobre paganismo y su posible supervivencia hasta el siglo XX. Aradia fue nuevamente estudiada sobre la base de hipotesis modernas y el desacuerdo entre los que han investigado el asunto continúa hasta hoy. Algunos, rechazan las afirmaciones de Leland sobre el origen del manuscrito mientras que otros ven el Vangelo y su traducción como un documento incomparable sobre creencias populares. Además de para los académicos, Aradia tuvo gran importancia también en la historia de la wicca Gardneriana y su ideario porque el libro fue usado para demostrar que los ritos de brujería pagana había sobrevivido en Europa. La influencia fue tal, que un fragmento del primer capítulo se convirtió en una de las partes de la liturgia wiccana. Por el interés creciente que había despertado en el público, Aradia se dio a conocer ampliamente por medio de las muchas reediciones que ha tenido, incluyendo una edición crítica en 1999, que contenía una nueva traducción de Mario y Dina Pazzaglini. ... (ver texto completo)
El texto tiene fuentes muy entremezcladas. Parte es de una traducción al inglés, realizada por Leland, del manuscrito en italiano Vangelo (evangelio). Leland dijo que el manuscrito lo había recibido de su principal contacto sobre brujería italiana, una mujer a la que él llama "Maddalena". El resto de capítulos del libro vienen de los estudios del propio Leland sobre folclore y tradiciones italilianas, además de otros elementos que le envió Maddalena. Leland ya conocía la existencia del Vangelo desde ... (ver texto completo)
Aradia o El evangelio de las brujas, es un libro escrito por el folclorista estadounidense Charles Leland y publicado en 1899. El texto describre los credos y ritos de un movimiento religioso oculto relacionado con la brujería en la Toscana. Leland asegura que tal movimiento ya existía desde hacía siglos en el momento que el lo descubrió, la década de 1890. Los críticos han discutido durante mucho tiempo si está en lo cierto o no sobre eso. A pesar de esto el libro se convirtió en uno de los textos fundamentales de la wicca y el neopaganismo. ... (ver texto completo)
# No hay duelo sin consuelo.
# No hay dos sin tres.
# No hay dolor que la mujer no sepa hacerlo menor.
# No hay doctrina como la de la hormiga. (Enviado por: Fuensanta Sánchez)
# No hay dinero del suegro que no sea con pleito.
# No hay dicha mayor que servir a buen señor.
# No hay día sin su porfía.
# No hay día sin lección.
# No hay día sin acedía.
# No hay día más perdido, que aquel en que no nos hemos reído. (Enviado por: Mª Luisa Martínez)
# No hay de la verdad testigo como el vino.
# No hay daño que no tenga apaño.
# No hay daño de uno sin provecho de otro.
# No hay cuesta arriba sin cuesta abajo.
# No hay cosa que más descontente que vivir entre ruin gente.
# No hay cosa que fin no tenga, a la corta o a la luenga.
# No hay cosa que canse más que el trabajo, si no es el holgar.
# No hay cosa peor, que lamentarse de lo que no sucedió. (Enviado por: Mª Luisa Martínez)
# No hay cosa nueva que de contar no sea.
# No hay cosa más segura, que la que acaban de robar. (Enviado por: Fuensanta Sánchez)
# No hay cosa más sana, que comer en ayunas una manzana.
Las mujeres de Landrú, una cronología

Si bien se llegó a especular en cifras exageradas que Landru pudo asesinar a casi 300 mujeres, el secreto de sus asesinatos se enterró con él, pues en ningún momento reconoció su culpa ni dió ningún tipo de pista que pudiera esclarecer su caso. En todo caso con casi total seguridad estos nombres que a continuación se citan pertenecen a las "hazañas" de tan frío asesino.

* Sra. Cuchet, viuda, 39 años y su hijo de 17 años.

* Sra. Laborde, viuda, 46 años.

* Sra. Guillin, 51 años. Fea, pero con una herencia de 20,000 francos.

* Sra. Héon, la primera que fue a Gambais.

* Sra. Collomb, viuda, 39 años.

* Andrée Babelay. La excepción, 19 años, guapa y sin dinero, no fue reclutada por anuncio sino en un encuentro casual en el Metro.

* Sra. Buisson. Virtuosa que tardó dos años en ceder.

* Sra. Jaume. Muy católica, aceptó las proposiciones de Landrú tras la oferta de matrimonio.

* Sra. Pascal. Joven y guapa. Antes de irse a Gambais le escribió a su tía: "No sé lo que hay en él, pero me asusta. Su mirada ceñuda me angustia. Parece el diablo".

* Sra. Marchadier. Antigua prostituta. Partió a Gambais acompañada de sus tres perros que también desaparecieron sin dejar huella. ... (ver texto completo)
Después de tres semanas de proceso, Landrú fue condenado a muerte la madrugada del 22 de febrero de 1922. La cabeza del "Señor de Gambais" rodó a las puertas de la cárcel de Versalles.
El abogado de Désiré, el señor de Moro-Giafferi, a pesar del talento demostrado, no logró salvar a su cliente. Sin embargo, las últimas palabras que Landrú le dirigió a su defensor fueron: "Le he confiado una causa bien difícil... digamos desesperada... En fin, no es la primera vez que condenan a un inocente". Ante el escepticismo del señor Moro-Giafferi, añadió: "Sí, maestro, digo bien: inocente".
Los debates eran seguidos con pasión, ya que si bien nadie ponía en duda la culpabilidad del acusado, tampoco había ninguna prueba formal. No se encontró ningún cadáver ni de las diez novias ni el del hijo de la señora Cuchet. Las osamentas humanas reducidas a cenizas, encontradas en la cocina, eran solamente 996 gramos. Había grandes conjeturas, pero ningún testimonio.