Mensajes de SAN PEDRO DE MERIDA (Badajoz) enviados por Críspulo Cortés Cortés:
-El nacido de María la mujer de José el carpintero de Nazaret es el que liberará Israel de su maldad.
José y María que estaban abrumados por tan prodi-giosos acontecimientos, se volvieron prestamente a Nazaret de Galilea con su hijo Jesús para poder educarle convenientemente y tranquilizarse ellos.
El Mesías había nacido en la tierra para redimir al hombre de sus infinitos pecados.
La anciana profetisa Ana, que se hallaba cerca de Simeón se aproximó curiosa y cuando rozo al niño con la mano salió a la calle exclamando y diciendo a la gente que por allí pasaba:
- ¡He visto y tocado al hijo de dios!
-El nacido de María la mujer de José el carpintero de Nazaret es el que liberará Israel de su maldad.
- ¡Ahora señor, son mis ojos los que contemplan a tu hijo, el salvador del pueblo de Israel! Tú pueblo comentará los prodigios y las maravillas de Jesús y alzará el velo de los falsos ropajes sacerdotales en los inmorales y en los manipuladores de la verdad.
Después Simeón devolvió con lágrimas en los ojos el preciado niño a su madre y lloró de alegría por haber tenido en sus brazos al hijo de dios.
La anciana profetisa Ana, que se hallaba cerca de Simeón se aproximó curiosa y cuando rozo al niño con la mano salió a la calle exclamando y diciendo a la gente que por allí pasaba:
- ¡He visto y tocado al hijo de dios!
Después se acercaron hasta la casa de Simeón porque era el Judío más justo que había en la ciudad, para presentarle al niño y para que le unciera con el óleo del propiciatorio. Y cuando Simeón tocó al hijo de María, sintió en el alma que estaba delante del hijo del creador. Entonces cogiendo al hijo del señor fuertemente entre sus fuertes brazos le elevó hacía el cielo diciendo:
- ¡Ahora señor, son mis ojos los que contemplan a tu hijo, el salvador del pueblo de Israel! Tú pueblo comentará los prodigios y las maravillas de Jesús y alzará el velo de los falsos ropajes sacerdotales en los inmorales y en los manipuladores de la verdad.
Después Simeón devolvió con lágrimas en los ojos el preciado niño a su madre y lloró de alegría por haber tenido en sus brazos al hijo de dios.
Pasados ocho días llevaron al hijo a Jerusalén para circuncidarle como buenos judíos y para sacrificar en el altar en agradecimiento al señor, dos tórtolas y dos pichones.
Después se acercaron hasta la casa de Simeón porque era el Judío más justo que había en la ciudad, para presentarle al niño y para que le unciera con el óleo del propiciatorio. Y cuando Simeón tocó al hijo de María, sintió en el alma que estaba delante del hijo del creador. Entonces cogiendo al hijo del señor fuertemente entre sus fuertes brazos le elevó hacía el cielo diciendo:
Cuando se corrió entre las gentes por el pueblo el rumor de este prodigioso nacimiento en el pesebre. Todos los habitantes de la aldea acudieron para ver al niño, más por el morbo y por la curiosidad que por amor al señor. Ante la avalancha de gente José viendo que María estaba milagrosamente repuesta del parto, decido volver a Nazaret.
Pasados ocho días llevaron al hijo a Jerusalén para circuncidarle como buenos judíos y para sacrificar en el altar en agradecimiento al señor, dos tórtolas y dos pichones.
Uno de los pastores decidió seguir la luz, y cuando estaban en la entrada del establo, decidieron entrar para poder adorar al hijo del señor.
Cuando se corrió entre las gentes por el pueblo el rumor de este prodigioso nacimiento en el pesebre. Todos los habitantes de la aldea acudieron para ver al niño, más por el morbo y por la curiosidad que por amor al señor. Ante la avalancha de gente José viendo que María estaba milagrosamente repuesta del parto, decido volver a Nazaret.
Estos pastores vieron entonces que la intensa luz se desplazaba hacía la aldea de Belén, hasta que se detuvo encima del establo a la entrada de la aldea.
Y fue entonces cuando la brillante luz se detuvo y se situó fija sobre el establo.
Uno de los pastores decidió seguir la luz, y cuando estaban en la entrada del establo, decidieron entrar para poder adorar al hijo del señor.
-Gloria al padre en las alturas y a vosotros que sois los pastores de ovejas, os damos la buena nueva de la venida del hijo del señor, el que será llamado el Mesías.
Estos pastores vieron entonces que la intensa luz se desplazaba hacía la aldea de Belén, hasta que se detuvo encima del establo a la entrada de la aldea.
Y fue entonces cuando la brillante luz se detuvo y se situó fija sobre el establo.
-Allí encontrareis a un niño dormido en el pesebre junto con María que es la madre del llamado Jesús. Este es el enviado del creador a la tierra para hacer redimir de sus pecados al pueblo de Israel.
-Gloria al padre en las alturas y a vosotros que sois los pastores de ovejas, os damos la buena nueva de la venida del hijo del señor, el que será llamado el Mesías.
-No temáis buena gente, por que desde hoy el gozo de vuestros corazones se llenará de amor porque a nacido en un pesebre de Belén el más amado hijo del señor y está brillante estrella del firmamento os servirá de guía para llegar hasta allí y adorarlo.
-Allí encontrareis a un niño dormido en el pesebre junto con María que es la madre del llamado Jesús. Este es el enviado del creador a la tierra para hacer redimir de sus pecados al pueblo de Israel.
Estaban ensimismados viendo los giros y cabriolas de las maravillosas luces, cuando de repente una se paró delante de ellos y desde el interior de esta luz salió una dulce voz que les dijo:
-No temáis buena gente, por que desde hoy el gozo de vuestros corazones se llenará de amor porque a nacido en un pesebre de Belén el más amado hijo del señor y está brillante estrella del firmamento os servirá de guía para llegar hasta allí y adorarlo.
Los humildes pastores al contemplar con asombro lo que para ellos eran pasmosos signos luminosos que salían desde el cielo. Creyendo sobresaltados que era un extraordinario aviso celestial que estaba dirigido a sus ovejas, se postraron de inmediato de rodillas rogando piedad al señor.
Estaban ensimismados viendo los giros y cabriolas de las maravillosas luces, cuando de repente una se paró delante de ellos y desde el interior de esta luz salió una dulce voz que les dijo:
Los Nefelin que fueron los que habían ayudado a María en el nacimiento de Jesús, vieron que había muy cerca del establo a pastores que cuidaban sus rebaños de ovejas y resolvieron llamar su atención con unas asombrosas señales de efectos luminosos en el firmamento.
Los humildes pastores al contemplar con asombro lo que para ellos eran pasmosos signos luminosos que salían desde el cielo. Creyendo sobresaltados que era un extraordinario aviso celestial que estaba dirigido a sus ovejas, se postraron de inmediato de rodillas rogando piedad al señor.
La matrona y José tomaron al hermoso niño que se hallaba en el regazo de su madre María y la buena mujer, le lavó como bien pudo a la divina criatura, y después de envolverle en una blanca tela de lino le dejaron con su madre para que está lo diera de mamar, hasta que el precioso niño arto de la leche de la madre se quedó dormido en su regazo.
Los Nefelin que fueron los que habían ayudado a María en el nacimiento de Jesús, vieron que había muy cerca del establo a pastores que cuidaban sus rebaños de ovejas y resolvieron llamar su atención con unas asombrosas señales de efectos luminosos en el firmamento.
Cuando los dos apresuradamente penetraron en el establo en donde reposaba María, la favorecida por el señor, esta ya tenía al hijo del creador en brazos empapado con la sangre de la madre.
La matrona y José tomaron al hermoso niño que se hallaba en el regazo de su madre María y la buena mujer, le lavó como bien pudo a la divina criatura, y después de envolverle en una blanca tela de lino le dejaron con su madre para que está lo diera de mamar, hasta que el precioso niño arto de la leche de la madre se quedó dormido en su regazo.
Una buena mujer, que pasaba por el camino, al ver la premura y el nerviosismo de José le requirió que le sucedía y cuando José se lo dijo esta se apiadó y se ofreció como comadrona al urgente menester de ayudar a la mujer en el parto desinteresadamente.
José salto de alegría, pensando en la buena suerte que María había tenido.
Cuando los dos apresuradamente penetraron en el establo en donde reposaba María, la favorecida por el señor, esta ya tenía al hijo del creador en brazos empapado con la sangre de la madre.
María que estaba en avanzado estado de gestación y viajando con considerable cansancio y con fatiga llegaban hasta las cercanías de Belén rompió aguas y José que estaba nervioso, como no encontraba un lugar que fuese aparente para el parto, desesperado se metió con María dentro de un establo que había en la entrada de la aldea. Allí José la preparó una cama dentro de un pesebre y salió para preguntar a la gente que encontrase en la calle, en donde vivía la partera del pueblo para que esta la asistiera ... (ver texto completo)
Una buena mujer, que pasaba por el camino, al ver la premura y el nerviosismo de José le requirió que le sucedía y cuando José se lo dijo esta se apiadó y se ofreció como comadrona al urgente menester de ayudar a la mujer en el parto desinteresadamente.
José salto de alegría, pensando en la buena suerte que María había tenido.
José y María, para registrarse, tuvieron que viajar hasta la aldea de Belén, que era el lugar en donde serian inscritos en el censo porque pertenecían a la casta judía del antiguo rey David.
María que estaba en avanzado estado de gestación y viajando con considerable cansancio y con fatiga llegaban hasta las cercanías de Belén rompió aguas y José que estaba nervioso, como no encontraba un lugar que fuese aparente para el parto, desesperado se metió con María dentro de un establo que había en la entrada de la aldea. Allí José la preparó una cama dentro de un pesebre y salió para preguntar a la gente que encontrase en la calle, en donde vivía la partera del pueblo para que esta la asistiera ... (ver texto completo)
En los días siguientes y algo después de la visita de María a la casa de Elizabet, un real decreto de Cesar Augusto ordenaba a los habitantes Judíos de la región para que todos ellos se inscribieran en los templos con el fin confeccionar un censo serio de la población que habitaba en la zona romana.
José y María, para registrarse, tuvieron que viajar hasta la aldea de Belén, que era el lugar en donde serian inscritos en el censo porque pertenecían a la casta judía del antiguo rey David.
Ninguna de las dos que se hallaban en cinta sabía que Elizabet tenía en su vientre al futuro camarada de Jesús, en sus encuentros en el Santuario Asenio del mar muerto. Y el nombre de Juan el Bautista es el que será y unciría con el bautismo del agua en el río Jordán al futuro Mesías que María llevaba en el vientre.
En los días siguientes y algo después de la visita de María a la casa de Elizabet, un real decreto de Cesar Augusto ordenaba a los habitantes Judíos de la región para que todos ellos se inscribieran en los templos con el fin confeccionar un censo serio de la población que habitaba en la zona romana.
Elizabet feliz al ver a María en su casa, clamando de alegría la dijo:
- ¡Bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito sea el fruto de tu vientre!, mí más preciada amiga.
-Escúchame querida, se que me estas ofreciendo el divino privilegió de recibir en mi propia casa a la que lleva dentro de su vientre al salvador de Israel.
-Yo también e sido favorecida por los espíritus del señor. Porque ahora llevo en mi vientre al hijo de mi esposo Zacarías, siendo como tú bien sabes una mujer estéril.
Ninguna de las dos que se hallaban en cinta sabía que Elizabet tenía en su vientre al futuro camarada de Jesús, en sus encuentros en el Santuario Asenio del mar muerto. Y el nombre de Juan el Bautista es el que será y unciría con el bautismo del agua en el río Jordán al futuro Mesías que María llevaba en el vientre.
Cuando por fin llegó y penetró en la casa, María se dio cuenta enseguida que su amiga Elizabet estaba como ella en buen estado de gestación.
Cuando al llegó hasta la casa de su amiga María la dice el habitual saludo de los judíos, el hijo que su amada amiga llevaba en el vientre, al sentir la voz de María que llevaba en su vientre al hijo del señor la criatura nonata dio un fuerte respingo en el seno de la madre.
Elizabet feliz al ver a María en su casa, clamando de alegría la dijo:
- ¡Bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito sea el fruto de tu vientre!, mí más preciada amiga.
-Escúchame querida, se que me estas ofreciendo el divino privilegió de recibir en mi propia casa a la que lleva dentro de su vientre al salvador de Israel.
-Yo también e sido favorecida por los espíritus del señor. Porque ahora llevo en mi vientre al hijo de mi esposo Zacarías, siendo como tú bien sabes una mujer estéril.
En tan áridos y difíciles caminos cualquier animal de montar no podría evitar los bruscos bandazos al caminar por trochas tan angostas que incomodaban a la grácil señora que se sentía algo mareada por el calor y por el difícil camino. María viajaba a Judá porque quería dar una grata sorpresa a su querida y buena amiga Elizabet, que era esposa de Zacarías el amigo de su marido José y para darla la primicia de la próxima llegada del hijo del señor que María llevaba en el vientre por la expresa voluntad ... (ver texto completo)
Cuando por fin llegó y penetró en la casa, María se dio cuenta enseguida que su amiga Elizabet estaba como ella en buen estado de gestación.
Cuando al llegó hasta la casa de su amiga María la dice el habitual saludo de los judíos, el hijo que su amada amiga llevaba en el vientre, al sentir la voz de María que llevaba en su vientre al hijo del señor la criatura nonata dio un fuerte respingo en el seno de la madre.
El grisáceo y resistente asno que montaba María, caminaba imperturbable y tenaz llevándola encima muy segura sin haber tropezado en ninguna de las incontables piedras, que por los estrechos caminos de cabras del enrevesado paisaje había.
En tan áridos y difíciles caminos cualquier animal de montar no podría evitar los bruscos bandazos al caminar por trochas tan angostas que incomodaban a la grácil señora que se sentía algo mareada por el calor y por el difícil camino. María viajaba a Judá porque quería dar una grata sorpresa a su querida y buena amiga Elizabet, que era esposa de Zacarías el amigo de su marido José y para darla la primicia de la próxima llegada del hijo del señor que María llevaba en el vientre por la expresa voluntad ... (ver texto completo)
La gestación.
El camino hasta llegar la casa de Zacarías era muy fatigoso para María, porque esa casa se encontraba en la serranía montañosa de la región de Judá y la distancia desde la aldea de Nazaret hasta llegar allí era bastante considerable para la mujer de José en su estado de gestación tan avanzado.
El grisáceo y resistente asno que montaba María, caminaba imperturbable y tenaz llevándola encima muy segura sin haber tropezado en ninguna de las incontables piedras, que por los estrechos caminos de cabras del enrevesado paisaje había.
Y con la simpleza habitual unió para siempre a los dos jóvenes en un especial ceremonial judío.
José juró ante el altar del señor, que los hijos que de María naciesen serían en el futuro los más fieles creyentes y unos excelentes judíos. Y juró también en el interior de su alma, que cuidaría al hijo de su creador con el mismo afán y con el mismo empeño que a sus propios hijos.
Los dos jóvenes llevaron con hermético secreto la gestación del hijo que llevaba María en su vientre, y de mutuo acuerdo ... (ver texto completo)
La gestación.
El camino hasta llegar la casa de Zacarías era muy fatigoso para María, porque esa casa se encontraba en la serranía montañosa de la región de Judá y la distancia desde la aldea de Nazaret hasta llegar allí era bastante considerable para la mujer de José en su estado de gestación tan avanzado.
El Rabino al ver el apasionamiento de asta relación accedió gustoso a la exigencia de la pareja, porque sabía que los dos tenían gran devoción a la Torá y a las reglas del templo.
Y con la simpleza habitual unió para siempre a los dos jóvenes en un especial ceremonial judío.
José juró ante el altar del señor, que los hijos que de María naciesen serían en el futuro los más fieles creyentes y unos excelentes judíos. Y juró también en el interior de su alma, que cuidaría al hijo de su creador con el mismo afán y con el mismo empeño que a sus propios hijos.
Los dos jóvenes llevaron con hermético secreto la gestación del hijo que llevaba María en su vientre, y de mutuo acuerdo ... (ver texto completo)
José al estar al corriente del extraordinario relato que le refirió su amada María, requirió la presencia inmediata del Rabino que ya estaba al corriente de su relación matrimonial y le rogó que le uniese con María en santo matrimonio.
El Rabino al ver el apasionamiento de asta relación accedió gustoso a la exigencia de la pareja, porque sabía que los dos tenían gran devoción a la Torá y a las reglas del templo.
Al encontrarse los dos frente a frente en el templo, José muy nervioso la relato el extraño sueño que el había tenido y la comento las palabras que le había dicho al oído el señor; anunciando que sería padre de un barón concebido por el espíritu santo y que el hijo que naciese del vientre de María se llamaría Jesús. Al escuchar la joven María las palabras de José, la hembra se ruborizó y bajando la mirada al suelo avergonzado le dijo a su amado José que ella también había recibido el anuncio del ... (ver texto completo)
José al estar al corriente del extraordinario relato que le refirió su amada María, requirió la presencia inmediata del Rabino que ya estaba al corriente de su relación matrimonial y le rogó que le uniese con María en santo matrimonio.
José cuando despertó de su profundo sueño parecía que estaba en el limbo, porque aún no se acababa de creer lo que en la larga noche le había sucedido. Porque creía con certeza lo que el Señor le había dicho y anunciado. Sin salir aún de su asombro se levantó y sin probar bocado alguno se encamino al templo, que era el lugar en donde su amada María prestaba sus servicios al señor.
Al encontrarse los dos frente a frente en el templo, José muy nervioso la relato el extraño sueño que el había tenido y la comento las palabras que le había dicho al oído el señor; anunciando que sería padre de un barón concebido por el espíritu santo y que el hijo que naciese del vientre de María se llamaría Jesús. Al escuchar la joven María las palabras de José, la hembra se ruborizó y bajando la mirada al suelo avergonzado le dijo a su amado José que ella también había recibido el anuncio del ... (ver texto completo)
-El puede tomar mi cuerpo para que la voluntad del creador se cumpla dentro de mí.
José cuando despertó de su profundo sueño parecía que estaba en el limbo, porque aún no se acababa de creer lo que en la larga noche le había sucedido. Porque creía con certeza lo que el Señor le había dicho y anunciado. Sin salir aún de su asombro se levantó y sin probar bocado alguno se encamino al templo, que era el lugar en donde su amada María prestaba sus servicios al señor.
María aunque se hallaba dormida profundamente desde lo recóndito de su inanimado ser le dijo a los Nefelin:
-El puede tomar mi cuerpo para que la voluntad del creador se cumpla dentro de mí.
-María, futura esposa de José, tienes desde el día de hoy metido en el vientre la semilla del hijo del creador. Esta noche tu as sido concebido por obra y la gracia del espíritu santo y ahora llevas en tus entrañas la semilla del padre de Israel. Únete al casto José sin temor María, que él te protegerá de todos tus enemigos como te protegeremos nosotros los Arcángeles del Cielo. Porque lo que ahora llevas en el vientre es una parte del señor y por ello serás para siempre bendita entre las hembras ... (ver texto completo)
María aunque se hallaba dormida profundamente desde lo recóndito de su inanimado ser le dijo a los Nefelin:
Mientras eso le sucedía al casto José, en el templo donde residía María otro Nefelin la inseminaba en el útero el semen divino de Jesús. La inseminación divina se realizó de noche por un experto después de dormir a la mujer y cuando estuvo preparada la injertaron el semen para que floreciese el Arcángel Jesús dentro de ella y después la dijeron en el oído estas palabras:
-María, futura esposa de José, tienes desde el día de hoy metido en el vientre la semilla del hijo del creador. Esta noche tu as sido concebido por obra y la gracia del espíritu santo y ahora llevas en tus entrañas la semilla del padre de Israel. Únete al casto José sin temor María, que él te protegerá de todos tus enemigos como te protegeremos nosotros los Arcángeles del Cielo. Porque lo que ahora llevas en el vientre es una parte del señor y por ello serás para siempre bendita entre las hembras ... (ver texto completo)
Llegando la insistente ora de tener que alimentar nuestros cuerpos gentiles, dejo las teclas y me sumerjo en el plato de garbanzos calentitos.
Hasta pronto:
Críspulo
-José hijo de David, no tengas miedo de llevar a tu futura esposa María a tu casa contigo aún cuando halla sido engendrada por el espíritu santo, porque el hijo que tu amada María tiene en el vientre es el hijo del creador que salvará a Israel. Y cuando su tiempo de gestación llegue a florecer, María dará a luz un hijo varón al que pondrás de nombre Jesús.
Mientras eso le sucedía al casto José, en el templo donde residía María otro Nefelin la inseminaba en el útero el semen divino de Jesús. La inseminación divina se realizó de noche por un experto después de dormir a la mujer y cuando estuvo preparada la injertaron el semen para que floreciese el Arcángel Jesús dentro de ella y después la dijeron en el oído estas palabras:
Además José cumplía siempre con el Sabat, como buen judío, y daba todos los sábados al templo del creador una corta pero muy sacrificada aportación de denarios de su más que escasa economía.
Cuando después de la cansina práctica diaria de su oficio de ebanista, el bueno de José se quedó pro-fundamente dormido, un Nefelin entró en su casa y acercándose al oído dijo estas palabras:
-José hijo de David, no tengas miedo de llevar a tu futura esposa María a tu casa contigo aún cuando halla sido engendrada por el espíritu santo, porque el hijo que tu amada María tiene en el vientre es el hijo del creador que salvará a Israel. Y cuando su tiempo de gestación llegue a florecer, María dará a luz un hijo varón al que pondrás de nombre Jesús.
Los Nefelin habían merodeado todo el día en torno a la casa de José para averiguar la mejor forma de abordarle y ahora ya sabían que este carpintero de Nazaret no frecuentaba jamás después del trabajo las tabernas ni las casas de las mujeres públicas de la aldea porque el hombre elegido minuciosamente como esposo de la casta mujer que llevaría a Jesús en el vientre era por la fe y por la vida ordenada un ser casto y puro.
Además José cumplía siempre con el Sabat, como buen judío, y daba todos los sábados al templo del creador una corta pero muy sacrificada aportación de denarios de su más que escasa economía.
Cuando después de la cansina práctica diaria de su oficio de ebanista, el bueno de José se quedó pro-fundamente dormido, un Nefelin entró en su casa y acercándose al oído dijo estas palabras:
Jesús informó a Luzbel de las buenas maneras de un buen hombre que era carpintero, que se llamaba José y amaba intensamente a una mujer muy joven que estaba al servicio del templo en Jerusalén, que era aún virgen y se llamada María.
Y reparando Luzbel y Jesús, en la sublime manera de comportarse José con María, resolvieron tomar ese camino para implantar al Arcángel Jesús entre los hombres.
Los Nefelin habían merodeado todo el día en torno a la casa de José para averiguar la mejor forma de abordarle y ahora ya sabían que este carpintero de Nazaret no frecuentaba jamás después del trabajo las tabernas ni las casas de las mujeres públicas de la aldea porque el hombre elegido minuciosamente como esposo de la casta mujer que llevaría a Jesús en el vientre era por la fe y por la vida ordenada un ser casto y puro.
Su ruego y plegaria llego a los oídos del Nefelin que se hallaba más cercano y éste se lo comunico a la base para que Jesús tuviese conocimiento de ese hecho, porque el estaba preparando su venida a la tierra para auxiliar al pueblo judío.
Jesús informó a Luzbel de las buenas maneras de un buen hombre que era carpintero, que se llamaba José y amaba intensamente a una mujer muy joven que estaba al servicio del templo en Jerusalén, que era aún virgen y se llamada María.
Y reparando Luzbel y Jesús, en la sublime manera de comportarse José con María, resolvieron tomar ese camino para implantar al Arcángel Jesús entre los hombres.
Esta noche José soñó ayudado por el señor, que su amada María se hallaba junto al lecho, durmiendo muy apretada contra el fuerte cuerpo de su amado esposo.
Cuando muy de mañana José despertó. La soledad del lecho le produjo un intenso dolor en su alma y se lamentó ante el señor con tristeza de su intensa soledad.
Su ruego y plegaria llego a los oídos del Nefelin que se hallaba más cercano y éste se lo comunico a la base para que Jesús tuviese conocimiento de ese hecho, porque el estaba preparando su venida a la tierra para auxiliar al pueblo judío.
José cenó con buen apetito puré de trigo con trozos de una gallina del corral, todo ello acompañado de pan ácimo y de agua fresca de su pozo. Después de cenar se recostó cansado sobre los cojines del le-cho y piadosamente agradeció al creador su buena suerte. Al instante el bueno de José se quedo en un soplo, profundamente dormido por la fatiga.
Esta noche José soñó ayudado por el señor, que su amada María se hallaba junto al lecho, durmiendo muy apretada contra el fuerte cuerpo de su amado esposo.
Cuando muy de mañana José despertó. La soledad del lecho le produjo un intenso dolor en su alma y se lamentó ante el señor con tristeza de su intensa soledad.
Cuando llegó a su casa en Nazaret ato al burro y después de darle una buena ración de paja se lavó el cuerpo manchado por el polvo del camino en el pozo y después de cambiarse la túnica y encender una lámpara de grasa de camello, preparó la frugal cena de todos los días.
José cenó con buen apetito puré de trigo con trozos de una gallina del corral, todo ello acompañado de pan ácimo y de agua fresca de su pozo. Después de cenar se recostó cansado sobre los cojines del le-cho y piadosamente agradeció al creador su buena suerte. Al instante el bueno de José se quedo en un soplo, profundamente dormido por la fatiga.
José deseaba casarse con ella y para conseguirlo había hablado con el Rabino que se hallaba a cargo de María, que era aprendiz de vestal en un templo de la cercana capital judía.
Como solo les quedaba fijar la fecha de la boda, el camino a su casa con este agradable pensamiento fue más placentero y más corto que otras veces. Y el bueno de José ante el feliz futuro que le espera-ba entonó un canto de agradecimiento al creador.
Cuando llegó a su casa en Nazaret ato al burro y después de darle una buena ración de paja se lavó el cuerpo manchado por el polvo del camino en el pozo y después de cambiarse la túnica y encender una lámpara de grasa de camello, preparó la frugal cena de todos los días.
Un día cualquiera mientras volvía a su casa con las riendas de su inseparable borrico en la mano, José pensaba en lo que estaría haciendo en estos instan-tes su amada María. Una mujer tímida y recatada que él deseaba esposar ansiosamente, desde que la vio un día en un templo de Jerusalén.
José deseaba casarse con ella y para conseguirlo había hablado con el Rabino que se hallaba a cargo de María, que era aprendiz de vestal en un templo de la cercana capital judía.
Como solo les quedaba fijar la fecha de la boda, el camino a su casa con este agradable pensamiento fue más placentero y más corto que otras veces. Y el bueno de José ante el feliz futuro que le espera-ba entonó un canto de agradecimiento al creador.
José a pesar de sus muchas penurias, era envidiado en su pueblo, por esa gente que no ven con buenos ojos la prosperidad en el esfuerzo personal, debido a una eterna plaga que tienen los hombres y que se suele llamar, envidia.
Un día cualquiera mientras volvía a su casa con las riendas de su inseparable borrico en la mano, José pensaba en lo que estaría haciendo en estos instan-tes su amada María. Una mujer tímida y recatada que él deseaba esposar ansiosamente, desde que la vio un día en un templo de Jerusalén.
La casa en donde vivía y trabajaba José estaba en la zona de Galilea y la había construido con mucho sacrificio. Con sus propias manos el había hecho las paredes de barro y también todo lo demás. Y a pesar del esfuerzo personal que el había tributado para terminar su casa. José se sentía muy orgulloso pensando que en la casa vivirían los futuros hijos de su mujer amada, que se llamaba María y allí los dos vivirían felices y contentos toda su vida.
José a pesar de sus muchas penurias, era envidiado en su pueblo, por esa gente que no ven con buenos ojos la prosperidad en el esfuerzo personal, debido a una eterna plaga que tienen los hombres y que se suele llamar, envidia.
José se llamaba y aunque era el mejor artesano de Nazaret, se lamentaba todos los días con verdadera resignación de lo mal pagado que estaba el esfor-zado trabajo de hacer, casas, muebles, puertas y las ventanas de madera para las gentes de su pueblo y la comarca.
Tenía que trabajar de sol a sol para poder disponer de algún denario después de comer para la compra de materiales y poder sobrevivir. Porque la labor del artesano de la madera no estaba valorada como ella debería de estar en la aldea ... (ver texto completo)
La casa en donde vivía y trabajaba José estaba en la zona de Galilea y la había construido con mucho sacrificio. Con sus propias manos el había hecho las paredes de barro y también todo lo demás. Y a pesar del esfuerzo personal que el había tributado para terminar su casa. José se sentía muy orgulloso pensando que en la casa vivirían los futuros hijos de su mujer amada, que se llamaba María y allí los dos vivirían felices y contentos toda su vida.
El carpintero de Nazaret.
José que vivía desde siempre en la pequeña aldea de Nazaret se hallaba muy atareado en el pequeño taller que tenía detrás de la pequeña casa blanca de adobe que solo habitaba.
El carpintero dejo de cepillar el tablón cansado por la fatigosa ocupación de cortar los anchos troncos de madera para después ensamblarlos con la forma y la disposición necesaria para hacer muebles.
José se llamaba y aunque era el mejor artesano de Nazaret, se lamentaba todos los días con verdadera resignación de lo mal pagado que estaba el esfor-zado trabajo de hacer, casas, muebles, puertas y las ventanas de madera para las gentes de su pueblo y la comarca.
Tenía que trabajar de sol a sol para poder disponer de algún denario después de comer para la compra de materiales y poder sobrevivir. Porque la labor del artesano de la madera no estaba valorada como ella debería de estar en la aldea ... (ver texto completo)