Mensajes de SAN PEDRO DE MERIDA (Badajoz) enviados por Críspulo Cortés Cortés:
El recuerdo de la felicidad
ya no es felicidad; el recuerdo
del dolor es todavía dolor.
La dicha no es más que un sueño,
y el dolor la realidad.
El dolor que se calla
es más doloroso.
El hombre se acostumbra fácilmente
al dolor.
Es nuestra fuerza,
por eso vivimos.
La dicha no es más que un sueño,
y el dolor la realidad.
El hombre se acostumbra fácilmente
al dolor.
Es nuestra fuerza,
por eso vivimos.
Dios ha puesto el placer tan
cerca del dolor que muchas
veces se llora de alegría.
Bien poco enseñó la vida
a quien no le enseñó a
soportar el dolor.
No te rías de las lágrimas
de un niño.
Todos los
dolores son iguales.
Dios ha puesto el placer tan
cerca del dolor que muchas
veces se llora de alegría.
El hombre a quien el dolor
no educó siempre será un niño.
No te rías de las lágrimas
de un niño.
Todos los
dolores son iguales.
Que haya muerto no es prueba
suficiente de que haya vivido.
El hombre a quien el dolor
no educó siempre será un niño.
La vida es un hospital donde
cada enfermo está poseído por
el deseo de cambiar de cama.
Que haya muerto no es prueba
suficiente de que haya vivido.
La vida es un hospital donde
cada enfermo está poseído por
el deseo de cambiar de cama.
La vida no merece que
uno se preocupe tanto.
La vida es una historia
muy bella que siempre
termina mal.
La mitad de la vida es deseo,
y la otra mitad insatisfacción.
La vida no merece que
uno se preocupe tanto.
El que no aprecia la vida
no la merece.
La mitad de la vida es deseo,
y la otra mitad insatisfacción.
La vida es demasiado corta
para que la hagamos mezquina.
El que no aprecia la vida
no la merece.
No hay nada que los hombres más
deseen conservar y menos cuiden
que su propia vida.
La vida es demasiado corta
para que la hagamos mezquina.
Todo aquel que tiene una
razón para vivir
puede soportar cualquier
forma de hacerlo.
No hay nada que los hombres más
deseen conservar y menos cuiden
que su propia vida.
El que larga vida vive,
mucho mal ha de pasar.
Todo aquel que tiene una
razón para vivir
puede soportar cualquier
forma de hacerlo.
Sólo vive el que sabe.
El que larga vida vive,
mucho mal ha de pasar.
Sólo vive el que sabe.
Buenas tardes Lucia, un Cristo muy significativo por la pasión.
Feliciano, Corona y Guatire, no podían conciliar el sueño y aunque estaban extenuados, la impotencia y la cólera, por el sorprendente ataque de la Iglesia les habían dejado insensibles para reaccionar ante el duro trabajo que les aguardaba para trasladar el Arca a su eterno descanso.
Las mentes de los máximos responsables no tenían capacidad de dormirse, eran ordenadores genéticos que sólo sabían pensar.
Las neuronas de los cerebros, de tres simples seres humanos, impulsan las tenues fuerzas que generan la inteligencia y el movimiento.
Eran llegados los tiempos, que Jehová le prometió a Moisés.
La Tierra será para los hombres que encuentren la fuente donde brota leche y miel y se sacien de ella.
Descansaban los dos polos en la coexistencia vital de los seres fabricados a imagen y a semejanza del forjador de la creación y Cristo resplandecía en los corazones de los orgullosos cumplidores de su ley.
Feliciano, Corona y Guatire, no podían conciliar el sueño y aunque estaban extenuados, la impotencia y la cólera, por el sorprendente ataque de la Iglesia les habían dejado insensibles para reaccionar ante el duro trabajo que les aguardaba para trasladar el Arca a su eterno descanso.
La elipsis a la luz del día y una fuerza aportada por la sangre vertida en la oscura noche, acallaron para los hombres el ardor eterno del Arca de la Alianza.
Descansaban los dos polos en la coexistencia vital de los seres fabricados a imagen y a semejanza del forjador de la creación y Cristo resplandecía en los corazones de los orgullosos cumplidores de su ley.
El chorro de brillante luz que había surgido hasta disiparse entre las miríadas de estrellas, había sido apagado por la fuerza de carne muerta en sacrificio a la esencia divina de su poder.
La elipsis a la luz del día y una fuerza aportada por la sangre vertida en la oscura noche, acallaron para los hombres el ardor eterno del Arca de la Alianza.
La Octava Profecía, que esconde el Arca, se estaba despertando, con esa intensa belleza del amanecer, en las altas montañas de los Picos de Europa.
El chorro de brillante luz que había surgido hasta disiparse entre las miríadas de estrellas, había sido apagado por la fuerza de carne muerta en sacrificio a la esencia divina de su poder.
El Arca de Jehová, podía esperarles algunas horas más; sobre todo, cuando ella había esperado su liberación doce largos siglos.
La Octava Profecía, que esconde el Arca, se estaba despertando, con esa intensa belleza del amanecer, en las altas montañas de los Picos de Europa.
Cuando en el horizonte, comenzaba la radiante luz solar a reflejar sus fuertes e irisados colores rojos y amarillentos, los caballeros templarios que estaban vivos, (menos los hombres del reten obligatorio de la guardia) se tendieron rendidos en los camastros de la única carpa que habían dejado sin quemar.
El Arca de Jehová, podía esperarles algunas horas más; sobre todo, cuando ella había esperado su liberación doce largos siglos.
Ninguno trato de hacerles daño, porque el maestro masón es un antiguo amigo y además el Temple le necesitaba para preparar el traslado inmediato del Arca hasta una nueva cripta secreta y más segura que la campana de piedra actual.
Cuando en el horizonte, comenzaba la radiante luz solar a reflejar sus fuertes e irisados colores rojos y amarillentos, los caballeros templarios que estaban vivos, (menos los hombres del reten obligatorio de la guardia) se tendieron rendidos en los camastros de la única carpa que habían dejado sin quemar.
Cuando algo más tarde fueron encontrados por los caballeros del Temple, estaba todos ateridos por el intenso frío de la noche.
Ninguno trato de hacerles daño, porque el maestro masón es un antiguo amigo y además el Temple le necesitaba para preparar el traslado inmediato del Arca hasta una nueva cripta secreta y más segura que la campana de piedra actual.
Feliciano Pérez y los obreros masones, al escuchar los disparos, (aunque estaban bastante alejados de los tiros) al sentir el silbido de los proyectiles per-didos que rebotaban por las paredes del recinto, se ocultaron detrás de los troncos en la arboleda.
Cuando algo más tarde fueron encontrados por los caballeros del Temple, estaba todos ateridos por el intenso frío de la noche.
Nadie rezo una plegaria por ninguno de ellos; no se merecían ninguna gratitud y menos el honor de ser valientes adversarios. Ellos y el odio al Temple habían intentado aniquilarles y les había resultado negativa su traidora acción y ahora yacían muertos sin tener confesión ni amparo divino alguno.
Feliciano Pérez y los obreros masones, al escuchar los disparos, (aunque estaban bastante alejados de los tiros) al sentir el silbido de los proyectiles per-didos que rebotaban por las paredes del recinto, se ocultaron detrás de los troncos en la arboleda.
Los muertos de los enemigos, incluido el Cardenal y el Prior son sepultados de inmediato dentro de la fosa común que abrió y tapo sin honores una pala mecánica.
Nadie rezo una plegaria por ninguno de ellos; no se merecían ninguna gratitud y menos el honor de ser valientes adversarios. Ellos y el odio al Temple habían intentado aniquilarles y les había resultado negativa su traidora acción y ahora yacían muertos sin tener confesión ni amparo divino alguno.
Los trece cadáveres templarios son metidos por los sanitarios, en cajas en el carruaje funerario, para enterrarlos solemnemente dentro de la fortificación templaria de Lebeña, con los honores debidos a la ley de Cristo. Solemnes honores debidos a rangos y méritos adquiridos por la larga vida de servicios.
Los muertos de los enemigos, incluido el Cardenal y el Prior son sepultados de inmediato dentro de la fosa común que abrió y tapo sin honores una pala mecánica.
Los muertos fueron trece por la parte del Temple y entre los caballeros soldados heridos más o menos graves, que eran siete, estaba el Maestre Corona con un tiro limpio en la parte superior de la pierna y Victoriano que le estaban curando el antebrazo de una esquirla de granada de mano.
Los trece cadáveres templarios son metidos por los sanitarios, en cajas en el carruaje funerario, para enterrarlos solemnemente dentro de la fortificación templaria de Lebeña, con los honores debidos a la ley de Cristo. Solemnes honores debidos a rangos y méritos adquiridos por la larga vida de servicios.
Corona viendo la consecuencia final del sangriento enfrentamiento, y por no dejar huellas, se apresuro a ordenar a sus hombres, que hiciesen desaparecer todo el complejo de carpas y de almacenes que no fuesen necesarios para el descanso de sus hombres y para meter el material sobrante hasta la llegada de camiones que lo cargaran todo.
Los muertos fueron trece por la parte del Temple y entre los caballeros soldados heridos más o menos graves, que eran siete, estaba el Maestre Corona con un tiro limpio en la parte superior de la pierna y Victoriano que le estaban curando el antebrazo de una esquirla de granada de mano.
Otros monjes que no habían intervenido en la corta lucha, son liberados por el Temple bajo la promesa de no intervenir jamás en ningún otro conflicto.
La corta pero intensa batalla entre profesionales de la guerra había terminado.
Corona viendo la consecuencia final del sangriento enfrentamiento, y por no dejar huellas, se apresuro a ordenar a sus hombres, que hiciesen desaparecer todo el complejo de carpas y de almacenes que no fuesen necesarios para el descanso de sus hombres y para meter el material sobrante hasta la llegada de camiones que lo cargaran todo.
Matania, Auspicio el herrero y trece guardias más, que estaban heridos leves, lograron correr entre la espesa bruma de la noche y escaparon como rayos para refugiarse el Monasterio, esperando entre sus muros la piedad y misericordia del Temple.
Otros monjes que no habían intervenido en la corta lucha, son liberados por el Temple bajo la promesa de no intervenir jamás en ningún otro conflicto.
La corta pero intensa batalla entre profesionales de la guerra había terminado.
Marañon, como estaba pendiente del Cardenal y del Prior, con su patrulla de voluntarios Belgas, se decidió, después de ver los pros y los contras, por atacar todos juntos al cuartel general de los guar-dias del Cardenal y matar a dos pájaros de un tiro. Dicho y hecho, con Marañon en cabeza seguido de Guatire y del resto de la patrulla, atacó disparando ráfagas cortas a media altura que hicieron estragos en las huestes del cardenal. Una bomba de mano y la intensidad del fuego amigo, determinaron el ... (ver texto completo)
Matania, Auspicio el herrero y trece guardias más, que estaban heridos leves, lograron correr entre la espesa bruma de la noche y escaparon como rayos para refugiarse el Monasterio, esperando entre sus muros la piedad y misericordia del Temple.
Becerril, viendo el peligro que corrían todos ellos, si él no intervenía muy decidido, cogió el flamante lanzagranadas ligero de calibre 90 y disparo contra los tres inquisidores, impactando el proyectil entre las piernas de sus enemigos, saltando en pedazos los tres con un alarido espantoso.
Marañon, como estaba pendiente del Cardenal y del Prior, con su patrulla de voluntarios Belgas, se decidió, después de ver los pros y los contras, por atacar todos juntos al cuartel general de los guar-dias del Cardenal y matar a dos pájaros de un tiro. Dicho y hecho, con Marañon en cabeza seguido de Guatire y del resto de la patrulla, atacó disparando ráfagas cortas a media altura que hicieron estragos en las huestes del cardenal. Una bomba de mano y la intensidad del fuego amigo, determinaron el ... (ver texto completo)
30
Las balas trazadoras relampagueaban dibujando un largo haz de luz amarillenta en la lóbrega noche, al estrellarse contra todo lo que pillaban a su paso. El ataque había partido desde un ángulo del perímetro en donde la milicia de los italianos estaba asentada desde el día anterior. Tano y Canive repelieron con arrojo el ataque de los fanáticos del Cardenal, con armas automáticas de gran calibre que destrozaban todo lo que tocaban, al tener la punta de estas balas explosivas, una cruceta que hacía ... (ver texto completo)
Becerril, viendo el peligro que corrían todos ellos, si él no intervenía muy decidido, cogió el flamante lanzagranadas ligero de calibre 90 y disparo contra los tres inquisidores, impactando el proyectil entre las piernas de sus enemigos, saltando en pedazos los tres con un alarido espantoso.
Los dioses crearon estas doce profecías para que el hombre se perdone así mismo:
La primera.
Legar la vida, a la existencia misma.
La segunda.
Brotar la vida, con la savia diaria.
La tercera.
Amar al amor, con amor amado.
La cuarta.
Odiar el odio, con delirio eterno.
La quinta. ... (ver texto completo)
30
Las balas trazadoras relampagueaban dibujando un largo haz de luz amarillenta en la lóbrega noche, al estrellarse contra todo lo que pillaban a su paso. El ataque había partido desde un ángulo del perímetro en donde la milicia de los italianos estaba asentada desde el día anterior. Tano y Canive repelieron con arrojo el ataque de los fanáticos del Cardenal, con armas automáticas de gran calibre que destrozaban todo lo que tocaban, al tener la punta de estas balas explosivas, una cruceta que hacía ... (ver texto completo)
Los oscuros tiempos de la muerte, se aproximaban a galope tendido. Como trotarían los cuatro jinetes del Apocalipsis, cuanto sonaran las siete trompetas que anunciaban, que estaban a punto de alcanzar el poder extraordinario de la Octava Profecía.
Los dioses crearon estas doce profecías para que el hombre se perdone así mismo:
La primera.
Legar la vida, a la existencia misma.
La segunda.
Brotar la vida, con la savia diaria.
La tercera.
Amar al amor, con amor amado.
La cuarta.
Odiar el odio, con delirio eterno.
La quinta.
Abrir con llave, la puerta del desierto.
La sexta.
Meter tú oro, en tú póstuma mortaja
La séptima.
Oír trompetas, de Ángeles sin alas.
La octava.
Hablar de Dios, sin ser crucificado.
La novena.
Juzgar al hombre, con alma de animal.
La décima.
Ver Eternidad, en agujeros negros.
La undécima.
Crear demonios, con semen proxeneta.
La duodécima.
Pedirle a Cristo, razones de existir.
La luz decidirá la suerte de los hombres que matan al hombre, porque así es la historia en la Tierra. ... (ver texto completo)
El estaba vigilante de esta zona donde los soldados se escapaban de la carpa y comunico por la radio a todos los caballeros armados, que vigilaban todo el perímetro externo, que estuviesen preparados para repeler un posible ataque del enemigo.
Los oscuros tiempos de la muerte, se aproximaban a galope tendido. Como trotarían los cuatro jinetes del Apocalipsis, cuanto sonaran las siete trompetas que anunciaban, que estaban a punto de alcanzar el poder extraordinario de la Octava Profecía.
Aparentemente nadie había notado esta inesperada ausencia de los soldados del Papa. Pero Victoriano Iglesias, no cejaba en la antipatía cerril que tenía a los guardias del Cardenal, a los cuales gritaba, que eran unos maricones de mierda, en cuanto los veía.
El estaba vigilante de esta zona donde los soldados se escapaban de la carpa y comunico por la radio a todos los caballeros armados, que vigilaban todo el perímetro externo, que estuviesen preparados para repeler un posible ataque del enemigo.
Una aclamación exagerada (por las estridencias de los gritos de apoyo al Abad) se escuchó dentro de la carpa, mientras los escoltas del Cardenal salían uno a uno con socarronería y desaparecían entre la verde maraña de escajos y bardales que rodeaban por todos los lados al complejo conciliar cubierto.
Aparentemente nadie había notado esta inesperada ausencia de los soldados del Papa. Pero Victoriano Iglesias, no cejaba en la antipatía cerril que tenía a los guardias del Cardenal, a los cuales gritaba, que eran unos maricones de mierda, en cuanto los veía.
-Ahora ellos nos ofrecen la paz a cambio de volver a custodiar el Arca y la Iglesia lo acepta si tiene la custodia espiritual compartida con la material.
Una aclamación exagerada (por las estridencias de los gritos de apoyo al Abad) se escuchó dentro de la carpa, mientras los escoltas del Cardenal salían uno a uno con socarronería y desaparecían entre la verde maraña de escajos y bardales que rodeaban por todos los lados al complejo conciliar cubierto.
-Nosotros también fuimos castigados con ellos por la misma maldita ambición que tienen los hombres por tener el poder sobre los demás.
-Ahora ellos nos ofrecen la paz a cambio de volver a custodiar el Arca y la Iglesia lo acepta si tiene la custodia espiritual compartida con la material.
-Estaban soterrados debajo de la verde espesura de una selvática región Belga llamada las Ardenas.
-Querían el Arca para ellos solos y el creador les envió la muerte en vez de esta eterna juventud que tiene el inmenso poder de su Arca.
-Nosotros también fuimos castigados con ellos por la misma maldita ambición que tienen los hombres por tener el poder sobre los demás.
- Como nada dejaban al azar, el Arca de la Alianza es trasladada en secreto hasta un misterioso bosque donde el Temple habían construido la base secreta.
-Era una laberíntica y compleja ciudad subterránea excavada en roca maciza en los despeñaderos que bajaban hasta el río Mouse.
-Estaban soterrados debajo de la verde espesura de una selvática región Belga llamada las Ardenas.
-Querían el Arca para ellos solos y el creador les envió la muerte en vez de esta eterna juventud que tiene el inmenso poder de su Arca.
-Ahora quieren tener de nuevo tener la custodia de un Arca, que ellos perdieron hace muy pocos años, por los filtros y las extraordinarias prácticas de los caballeros del Temple. Al Zahorí del Vaticano, le fue ordenada la defensa de la potestad de la Iglesia sobre el Arca; con los más sutiles venenos y filtros extraordinarios, que tenían estos mágicos católicos en los laboratorios subterráneos del Vaticano.
- Como nada dejaban al azar, el Arca de la Alianza es trasladada en secreto hasta un misterioso bosque donde el Temple habían construido la base secreta.
-Era una laberíntica y compleja ciudad subterránea excavada en roca maciza en los despeñaderos que bajaban hasta el río Mouse.