Meter la mula: Hacer trampa, tratar de engañar a alguien, con una treta. El origen de la frase se remonta a la época en que los cargamentos de cereales y forrajeras se trasladaban en mula y, cuando llegaba el momento de pesar la carga, el productor o su representante introducían en la balanza -además del cargamento- la mula que lo portaba, para así aumentar el peso total.
Meter la pata: Equivocarse, cometer errores, generalmente, por torpeza o descuido, como cuando alguien «mete» literalmente la pierna en un agujero, grieta o zanja.
Meter violín en bolsa: Equivale a la expresión irse con la música a otra parte y se aplica en referencia a la bolsa en la que el violinista guardaba su instrumento.
Meterse en camisa de once varas: La locución tuvo su origen en el ritual de adopción de un niño, en la Edad Media. El padre adoptante debía meter al niño adoptado dentro de una manga muy holgada de una camisa de gran tamaño tejida al efecto, sacando al pequeño por la cabeza o cuello de la prenda. Una vez recuperado el niño, el padre le daba un fuerte beso en la frente como prueba de su paternidad aceptada. La vara (835,9 mm) era una barra de madera o metal que servía para medir cualquier cosa y la alusión a las once varas es para exagerar la dimensión de la camisa que, si bien era grande, no podía medir tanto como once varas (serían más de nueve metros). La expresión meterse en camisa de once varas se aplica para advertir sobre la inconveniencia de complicarse innecesariamente la vida.
Meterse en la boca del lobo: Entrar en un lugar que representa un serio riesgo para nuestra integridad, como si realmente uno hubiera metido la cabeza dentro de la boca del lobo. En inglés, se usa el león para el mismo dicho.
Mezclar la hacienda: Entreverarse las amistades de alguien con otras que pertenecen a distinto estrato social, actividad profesional o preferencia ideológica, como si realmente la hacienda de uno se mezclara con la de otro.
Mientras hay vida, hay esperanza: Podríamos decir también la esperanza es lo último que se pierde y estaríamos afirmando una de las frases más optimistas y positivas que existen en nuestra lengua.
Mira quién habla: Frase utilizada para recriminar a quien señala o critica en los otros, defectos que él también tiene.
Modestia aparte: Expresión usada a modo de justificación, cuando uno habla bien de sí mismo, para no pecar de inmodesto.
Mojar la oreja: Frase que simboliza el reto a pelear con alguien. Por extensión, la expresión se utiliza para aludir a cualquier acción de desafío, real o simbólica. El gesto procede de una parodia sacrílega del ritual del bautismo por el que el sacerdote mojaba la oreja del niño, mientras exclamaba " ¡Ábrete!", ordenando simbólicamente que se abrieran los oídos para escuchar las verdades de la fe.
Montar en cólera: Estar enojado, con mucha rabia, con ira. "La" cólera -no "el" cólera, la enfermedad- es sinónimo de "ira, enojo, enfado".
Morderse la lengua: Es una frase que expresa la idea de mantenerse callado, no hablar, sobre todo cuando es imprescindible permanecer en silencio para no comprometer a alguien o no cometer indiscreciones. Literalmente, si nos mordiésemos la lengua, no podríamos hablar; por eso, la sugerencia de hacerlo antes que decir una palabra.
Morir con las botas puestas: Equivale a morir en pleno trabajo y la comparación surge de la característica de los soldados que morían en la guerra en medio de la lucha y con el calzado puesto.
Moros en la costa: Divulgaron el dicho las milicias populares que se dedicaban a frenar los ataques de los piratas berberiscos.
Mosquita muerta: Sirve para designar a la persona de ánimo o temperamento apocado, pero que suele sacar provecho de su situación, a través de actitudes poco frecuentes en ella.
Mostrar la hilacha: Descubrir la verdadera personalidad de uno, mostrarse tal cual es, exponiendo los defectos de que se adolece, como si uno realmente estuviera en la intimidad de su casa vistiendo ropas de entre casa en las que se ven las hilachas de la costura.
Mover cielo y tierra: Revolver todo, agotar hasta el último recurso para conseguir algo, como si realmente "moviera" el cielo y la tierra.
Muchas manos en un plato hacen mucho garabato: Cuando muchas personas tienen injerencia en un tema, el resultado no puede ser positivo.
Mucho ruido y pocas nueces: Expresión tomada del título de una pieza clásica de William Shakespeare, que se aplica a la situación en que se produce mucho alboroto sin ningún resultado positivo.
Muerto el perro, se acabó la rabia: Frase digna del razonamiento de Perogrullo por la que se expresa que una vez que se extinguió la causa que producía un efecto, éste desaparece, lo mismo que sucede al morir un perro enfermo de rabia: la enfermedad deja de existir.
Música celestial: En tiempos remotos, era muy debatido el tema de la existencia o no, de tres clases de música: la instrumental, conocida por todos; la música humana, que reflejaría la armonía entre el cuerpo y el espíritu y la música celestial o mundana, también llamada "música de las esferas", considerada inaudible para los sentidos, pero que estaba determinada por la velocidad y distancia de los astros. Incluso, se llegó a afirmar que las siete notas de la escala musical se correspondían con los siete planetas del sistema Solar, mientras que las doce consonancias o series de acordes equivalían a los doce signos del Zodíaco. Para algunos, hasta se volvió motivo de preocupación averiguar si en el Cielo se cantaría esa música. Todas estas quiméricas conjeturas acabaron por dar origen a la expresión música celestial, que con el correr del tiempo se aplicó para desdeñar -por vanas e inútiles- aquellas promesas que se hacen envueltas en palabras sonoras y engañosas.
Meter la pata: Equivocarse, cometer errores, generalmente, por torpeza o descuido, como cuando alguien «mete» literalmente la pierna en un agujero, grieta o zanja.
Meter violín en bolsa: Equivale a la expresión irse con la música a otra parte y se aplica en referencia a la bolsa en la que el violinista guardaba su instrumento.
Meterse en camisa de once varas: La locución tuvo su origen en el ritual de adopción de un niño, en la Edad Media. El padre adoptante debía meter al niño adoptado dentro de una manga muy holgada de una camisa de gran tamaño tejida al efecto, sacando al pequeño por la cabeza o cuello de la prenda. Una vez recuperado el niño, el padre le daba un fuerte beso en la frente como prueba de su paternidad aceptada. La vara (835,9 mm) era una barra de madera o metal que servía para medir cualquier cosa y la alusión a las once varas es para exagerar la dimensión de la camisa que, si bien era grande, no podía medir tanto como once varas (serían más de nueve metros). La expresión meterse en camisa de once varas se aplica para advertir sobre la inconveniencia de complicarse innecesariamente la vida.
Meterse en la boca del lobo: Entrar en un lugar que representa un serio riesgo para nuestra integridad, como si realmente uno hubiera metido la cabeza dentro de la boca del lobo. En inglés, se usa el león para el mismo dicho.
Mezclar la hacienda: Entreverarse las amistades de alguien con otras que pertenecen a distinto estrato social, actividad profesional o preferencia ideológica, como si realmente la hacienda de uno se mezclara con la de otro.
Mientras hay vida, hay esperanza: Podríamos decir también la esperanza es lo último que se pierde y estaríamos afirmando una de las frases más optimistas y positivas que existen en nuestra lengua.
Mira quién habla: Frase utilizada para recriminar a quien señala o critica en los otros, defectos que él también tiene.
Modestia aparte: Expresión usada a modo de justificación, cuando uno habla bien de sí mismo, para no pecar de inmodesto.
Mojar la oreja: Frase que simboliza el reto a pelear con alguien. Por extensión, la expresión se utiliza para aludir a cualquier acción de desafío, real o simbólica. El gesto procede de una parodia sacrílega del ritual del bautismo por el que el sacerdote mojaba la oreja del niño, mientras exclamaba " ¡Ábrete!", ordenando simbólicamente que se abrieran los oídos para escuchar las verdades de la fe.
Montar en cólera: Estar enojado, con mucha rabia, con ira. "La" cólera -no "el" cólera, la enfermedad- es sinónimo de "ira, enojo, enfado".
Morderse la lengua: Es una frase que expresa la idea de mantenerse callado, no hablar, sobre todo cuando es imprescindible permanecer en silencio para no comprometer a alguien o no cometer indiscreciones. Literalmente, si nos mordiésemos la lengua, no podríamos hablar; por eso, la sugerencia de hacerlo antes que decir una palabra.
Morir con las botas puestas: Equivale a morir en pleno trabajo y la comparación surge de la característica de los soldados que morían en la guerra en medio de la lucha y con el calzado puesto.
Moros en la costa: Divulgaron el dicho las milicias populares que se dedicaban a frenar los ataques de los piratas berberiscos.
Mosquita muerta: Sirve para designar a la persona de ánimo o temperamento apocado, pero que suele sacar provecho de su situación, a través de actitudes poco frecuentes en ella.
Mostrar la hilacha: Descubrir la verdadera personalidad de uno, mostrarse tal cual es, exponiendo los defectos de que se adolece, como si uno realmente estuviera en la intimidad de su casa vistiendo ropas de entre casa en las que se ven las hilachas de la costura.
Mover cielo y tierra: Revolver todo, agotar hasta el último recurso para conseguir algo, como si realmente "moviera" el cielo y la tierra.
Muchas manos en un plato hacen mucho garabato: Cuando muchas personas tienen injerencia en un tema, el resultado no puede ser positivo.
Mucho ruido y pocas nueces: Expresión tomada del título de una pieza clásica de William Shakespeare, que se aplica a la situación en que se produce mucho alboroto sin ningún resultado positivo.
Muerto el perro, se acabó la rabia: Frase digna del razonamiento de Perogrullo por la que se expresa que una vez que se extinguió la causa que producía un efecto, éste desaparece, lo mismo que sucede al morir un perro enfermo de rabia: la enfermedad deja de existir.
Música celestial: En tiempos remotos, era muy debatido el tema de la existencia o no, de tres clases de música: la instrumental, conocida por todos; la música humana, que reflejaría la armonía entre el cuerpo y el espíritu y la música celestial o mundana, también llamada "música de las esferas", considerada inaudible para los sentidos, pero que estaba determinada por la velocidad y distancia de los astros. Incluso, se llegó a afirmar que las siete notas de la escala musical se correspondían con los siete planetas del sistema Solar, mientras que las doce consonancias o series de acordes equivalían a los doce signos del Zodíaco. Para algunos, hasta se volvió motivo de preocupación averiguar si en el Cielo se cantaría esa música. Todas estas quiméricas conjeturas acabaron por dar origen a la expresión música celestial, que con el correr del tiempo se aplicó para desdeñar -por vanas e inútiles- aquellas promesas que se hacen envueltas en palabras sonoras y engañosas.