Israel Fuentes > MELANCOLÍA
MELANCOLÍA
Camino por las calles buscando
una manera de acercarte;
un modo de verte;
algo… alguien…
Cruzo todas las calles que conozco,
y muchas que jamás creí conocer;
y en ninguna te encuentro,
no hay quien de ti razón me dé.
Grito tu nombre en silencio
y hasta el sordo de la esquina azul
escucha mi lamento; todo
el mundo me escucha; excepto tú.
Y aun si me escuchas no vienes;
no puedes lo sé; aun es temprano;
y yo… tampoco puedo ir a tu lado;
aun no es verano…
Regreso por las calles que conozco;
y cruzo las que no conozco esperando hallarte.
En vano recorro los senderos urbanos.
Tú no estás… ¡quiero besarte!
La calma no llega y el día se acaba;
el día se acaba y yo te espero;
yo te espero en una banca;
en una banca que no conoces te espero.
No llegarás; lo sé; lo sé de sobra;
pero soñar no cuesta nada.
Es tarde. Debo irme; llueve;
y entre la lluvia siento tu mirada.
Me alejo; fugitivo; triste.
¡Perdón!; a veces es inevitable.
Pero tu recuerdo vuelve de repente
y me toma de la mano sin mirarme;
sin mirarme me toma y nos perdemos
bajo la suave lluvia de la tarde…
Lee todo en: Poema MELANCOLÍA, de Israel Fuentes, en Poemas del Alma http://www. poemas-del-alma. com/blog/mostrar-poema-249264# ixzz2XbFhT5G4
MELANCOLÍA
Camino por las calles buscando
una manera de acercarte;
un modo de verte;
algo… alguien…
Cruzo todas las calles que conozco,
y muchas que jamás creí conocer;
y en ninguna te encuentro,
no hay quien de ti razón me dé.
Grito tu nombre en silencio
y hasta el sordo de la esquina azul
escucha mi lamento; todo
el mundo me escucha; excepto tú.
Y aun si me escuchas no vienes;
no puedes lo sé; aun es temprano;
y yo… tampoco puedo ir a tu lado;
aun no es verano…
Regreso por las calles que conozco;
y cruzo las que no conozco esperando hallarte.
En vano recorro los senderos urbanos.
Tú no estás… ¡quiero besarte!
La calma no llega y el día se acaba;
el día se acaba y yo te espero;
yo te espero en una banca;
en una banca que no conoces te espero.
No llegarás; lo sé; lo sé de sobra;
pero soñar no cuesta nada.
Es tarde. Debo irme; llueve;
y entre la lluvia siento tu mirada.
Me alejo; fugitivo; triste.
¡Perdón!; a veces es inevitable.
Pero tu recuerdo vuelve de repente
y me toma de la mano sin mirarme;
sin mirarme me toma y nos perdemos
bajo la suave lluvia de la tarde…
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