Germánico, Santo
Mártir, 19 de enero
Martirologio Romano: En Esmirna, de Asia (hoy en Turquía), pasión de
san Germánico, mártir de Filadelfia en tiempo de los emperadores Marco
Antonino y Lucio Aurelio. Fue discípulo de san Policarpo, al que
precedió en el martirio, y condenado por el juez en el vigor de la
primera juventud, por gracia de Dios superó el miedo de la fragilidad
corporal, llegando a provocar él mismo al animal que le destinaron
para su sacrificio (c. 167).
Todo lo que sabemos de San Germánico se reduce a lo que nos dice la
carta a los cristianos de Esmirna sobre la persecución en la que fue
hecho prisionero San Policarpo: "Pero demos gracias a Dios, porque
Germánico triunfó de sus enemigos.
En efecto, el muy noble joven alentó el valor de los otros con su cons
tancia, e hizo frente a las fieras, en forma admirable. Como el
procónsul tratase de salvarle, rogándole que se apiadara de su propia
juventud, Germánico, expresó su deseo de verse libre de la compañía de
hombres tan descarriados, Y él mismo provocó valientemente a las
fieras para que le atacaran.
Al ver la multitud el maravilloso valor de los cristianos, amados del
Señor y temerosos de Dios, empezó a gritar: ¡Mueran los enemigos de
los dioses! ¡Traed a Policarpo!" Este relato es uno de los documentos
más auténticos que poseemos sobre la Iglesia primitiva. Eusebio cita
este pasaje en su "Historia Eclesiástica", y el texto completo nos ha
llegado por una fuente independiente.
Hay que notar que Germánico, al provocar contra sí a las fieras para
librarse cuanto antes de la abyecta compañía de los paganos y judíos,
hizo realmente el gesto que San Ignacio de Antioquía se proponía hacer
(ad Rom. 5). El mismo Martirologio Romano nos hace pensar en el
ejemplo de San Ignacio de Antioquía, diciendo que Germánico, "que
había sido molido por los dientes de las fieras, mereció unirse con el
Verdadero Pan, Jesucristo, muriendo por su causa".
Mártir, 19 de enero
Martirologio Romano: En Esmirna, de Asia (hoy en Turquía), pasión de
san Germánico, mártir de Filadelfia en tiempo de los emperadores Marco
Antonino y Lucio Aurelio. Fue discípulo de san Policarpo, al que
precedió en el martirio, y condenado por el juez en el vigor de la
primera juventud, por gracia de Dios superó el miedo de la fragilidad
corporal, llegando a provocar él mismo al animal que le destinaron
para su sacrificio (c. 167).
Todo lo que sabemos de San Germánico se reduce a lo que nos dice la
carta a los cristianos de Esmirna sobre la persecución en la que fue
hecho prisionero San Policarpo: "Pero demos gracias a Dios, porque
Germánico triunfó de sus enemigos.
En efecto, el muy noble joven alentó el valor de los otros con su cons
tancia, e hizo frente a las fieras, en forma admirable. Como el
procónsul tratase de salvarle, rogándole que se apiadara de su propia
juventud, Germánico, expresó su deseo de verse libre de la compañía de
hombres tan descarriados, Y él mismo provocó valientemente a las
fieras para que le atacaran.
Al ver la multitud el maravilloso valor de los cristianos, amados del
Señor y temerosos de Dios, empezó a gritar: ¡Mueran los enemigos de
los dioses! ¡Traed a Policarpo!" Este relato es uno de los documentos
más auténticos que poseemos sobre la Iglesia primitiva. Eusebio cita
este pasaje en su "Historia Eclesiástica", y el texto completo nos ha
llegado por una fuente independiente.
Hay que notar que Germánico, al provocar contra sí a las fieras para
librarse cuanto antes de la abyecta compañía de los paganos y judíos,
hizo realmente el gesto que San Ignacio de Antioquía se proponía hacer
(ad Rom. 5). El mismo Martirologio Romano nos hace pensar en el
ejemplo de San Ignacio de Antioquía, diciendo que Germánico, "que
había sido molido por los dientes de las fieras, mereció unirse con el
Verdadero Pan, Jesucristo, muriendo por su causa".