A quien en su casa era un diablo, cuando se ausenta, tiénenlo por santo.
A quien espera, su bien le llega.
A quien está en su tienda, no le achacan que se halló en la contienda.
A quien feo ama, bonito le parece.
A quien ganando no guarda, media albarca; y a quien ni ganar espera, abarca entera.
A quien habló, Dios le oyó.
A quien has acallado no le hagas llorar.
A quien has de acallar, has de halagar.
A quien has de dar la cena, no le quites la merienda.
A quien hubieras vencido no lo tengas por amigo.
A quien le dan el pie, se toma la mano.
A quien le duele una muela, que la eche fuera.
A quien le pique el alicante, que llamen al cura que le cante.
A quien le pique, que se rasque.
A quien lo quiere celeste, que le cueste.
A quien madruga, Dios le ayuda.
A quien mal canta, bien le suena.
A quien mal vive, su miedo le sigue.
A quien miedo han, lo suyo le dan.
A quien mucho miente, le huye la gente.
A quien mucho tememos, muerto le queremos.
A quien mucho tiene, más le viene.
A quien nada quiere, todo le sobra.
A quien no la teme, nada le espanta.
A quien no le sobra pan, no críe can.
A quien no quiere caldo, tres tazas y la última rebosando.
A quien paga adelantado, mal le sirve su criado.
A quien se hace el sordo, barreno gordo.
A quien se siente en cada pena, nunca le falta qué le duela.
A quien se viste de lo ajeno, le desnudan en concejo.
A quien siembra espeso, dos veces le merma la panera: una cuando coge y otra cuando llena.
A quien soledad quiere, todo le estorba.
A quien te da el capón, dale la pierna y el talón.
A quien te engañó una vez, jamás le has de creer.
A quien te hizo una hazle dos, aunque no lo mande Dios.
A quien tiene abejas, nunca le falta un buen postre en la mesa.
A quien tiene malas pulgas, no le vayas con burlas.
A quien tiene ropa y duerme en el suelo, no le tengas duelo.
A quien tienes que dar la cena, no le quites la merienda.
A quien vive pobre por morir rico, llámale borrico.
A raposa durmiente, no le amanece la gallina en el vientre.
A rey muerto, rey puesto.
A rico no llegarás, pero de tacaño te pasarás.
A río crecido, sentarse en la orilla.
A río revuelto, ganancia de pescadores.
A rocín de halconero, mal le medra el pelo.
A rocín viejo, cabezada nueva.
A ropa de terciopelo, dos dueñas y su escudero.
A saya blanca, ribete negro.
A sembrar a San Francisco, aunque sea en un risco.
A ser Papa hay que aspirar, para sacristán llegar.
A sordos y ciegos hacen testigos el dinero.
A su costa aprende el necio, y a costa del necio el cuerdo.
A su tiempo se cogen las uvas.
A tal puta, tal rufián.
A tal señor, tal honor.
A toda ley, ama a Dios y sirve a tu rey.
A quien espera, su bien le llega.
A quien está en su tienda, no le achacan que se halló en la contienda.
A quien feo ama, bonito le parece.
A quien ganando no guarda, media albarca; y a quien ni ganar espera, abarca entera.
A quien habló, Dios le oyó.
A quien has acallado no le hagas llorar.
A quien has de acallar, has de halagar.
A quien has de dar la cena, no le quites la merienda.
A quien hubieras vencido no lo tengas por amigo.
A quien le dan el pie, se toma la mano.
A quien le duele una muela, que la eche fuera.
A quien le pique el alicante, que llamen al cura que le cante.
A quien le pique, que se rasque.
A quien lo quiere celeste, que le cueste.
A quien madruga, Dios le ayuda.
A quien mal canta, bien le suena.
A quien mal vive, su miedo le sigue.
A quien miedo han, lo suyo le dan.
A quien mucho miente, le huye la gente.
A quien mucho tememos, muerto le queremos.
A quien mucho tiene, más le viene.
A quien nada quiere, todo le sobra.
A quien no la teme, nada le espanta.
A quien no le sobra pan, no críe can.
A quien no quiere caldo, tres tazas y la última rebosando.
A quien paga adelantado, mal le sirve su criado.
A quien se hace el sordo, barreno gordo.
A quien se siente en cada pena, nunca le falta qué le duela.
A quien se viste de lo ajeno, le desnudan en concejo.
A quien siembra espeso, dos veces le merma la panera: una cuando coge y otra cuando llena.
A quien soledad quiere, todo le estorba.
A quien te da el capón, dale la pierna y el talón.
A quien te engañó una vez, jamás le has de creer.
A quien te hizo una hazle dos, aunque no lo mande Dios.
A quien tiene abejas, nunca le falta un buen postre en la mesa.
A quien tiene malas pulgas, no le vayas con burlas.
A quien tiene ropa y duerme en el suelo, no le tengas duelo.
A quien tienes que dar la cena, no le quites la merienda.
A quien vive pobre por morir rico, llámale borrico.
A raposa durmiente, no le amanece la gallina en el vientre.
A rey muerto, rey puesto.
A rico no llegarás, pero de tacaño te pasarás.
A río crecido, sentarse en la orilla.
A río revuelto, ganancia de pescadores.
A rocín de halconero, mal le medra el pelo.
A rocín viejo, cabezada nueva.
A ropa de terciopelo, dos dueñas y su escudero.
A saya blanca, ribete negro.
A sembrar a San Francisco, aunque sea en un risco.
A ser Papa hay que aspirar, para sacristán llegar.
A sordos y ciegos hacen testigos el dinero.
A su costa aprende el necio, y a costa del necio el cuerdo.
A su tiempo se cogen las uvas.
A tal puta, tal rufián.
A tal señor, tal honor.
A toda ley, ama a Dios y sirve a tu rey.