Miguel de Unamuno
¡Dime qué dices, mar!
¡Dime qué dices, mar, qué dices, dime!
Pero no me lo digas; tus cantares
son, con el coro de tus varios mares,
una voz sola que cantando gime.
Ese mero gemido nos redime
de la letra fatal, y sus pesares,
bajo el oleaje de nuestros azares,
el secreto secreto nos oprime.
La sinrazón de nuestra suerte abona,
calla la culpa y danos el castigo;
la vida al que nació no le perdona;
de esta enorme injusticia sé testigo,
que así mi canto con tu canto entona,
y no me digas lo que no te digo.
¡Dime qué dices, mar!
¡Dime qué dices, mar, qué dices, dime!
Pero no me lo digas; tus cantares
son, con el coro de tus varios mares,
una voz sola que cantando gime.
Ese mero gemido nos redime
de la letra fatal, y sus pesares,
bajo el oleaje de nuestros azares,
el secreto secreto nos oprime.
La sinrazón de nuestra suerte abona,
calla la culpa y danos el castigo;
la vida al que nació no le perdona;
de esta enorme injusticia sé testigo,
que así mi canto con tu canto entona,
y no me digas lo que no te digo.
Buenas tardes Teo, y todos los visitantes de Oyon, no esta mal esta poesia, estais muy romanticos, ¡la primavera, la sangre altera! un abrazo
Buenas tardes Berta, si es bonita la poesía, pero hay una gran diferencia con las de Antonio, que esta la copio yo, y las de Antonio son de su cosecha personal, que eso tiene mas merito, Berta a estas edades ya no se altera la sangre mas que cuando nos cortamos, eso la juventud pasa buena tarde,
un abrazo
un abrazo