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Teresa de Jesús de los Andes, Santa

Monja Carmelita, 12 de abril

Religiosa Carmelita
Martirologio Romano: En la ciudad de Los Andes, en Chile, santa Teresa
de Jesús de los Andes, virgen, que, siendo novicia en la Orden de
Carmelitas Descalzas, consagró, como ella misma decía, su vida a Dios
por el mundo pecador, muriendo de tifus a los veinte años de edad
(1920).

También conocida como Santa Teresa de los Andes.
También conocida como Santa Teresa Fernándes Solar.

Etimológicamente: Teresa = Aquella que es experta en la caza, es de
origen griego.

Fecha de canonización: 21 de marzo de 1993 por el Papa Juan Pablo II.

Teresa de Jesús de Los Andes (Juanita Fernández Solar) es la primera
chilena y la primera carmelita americana que ha alcanzado el honor de
los altares. Nació en Santiago de Chile el 13 de julio de 1900, en el
seno de una familia acomodada, muy cristiana.
Desde los 6 años asistía con su madre casi a diario a la santa misa y
suspiraba por la comunión, que recibió por primera vez el 1 de
septiembre de 1910. Desde entonces procuraba comulgar diariamente y
pasar largo rato en diálogo amistoso con Jesús.

También desde su niñez vivió una intensa vida mariana, que fue uno de
los grandes cimientos de su vida espiritual. El conocimiento y amor de
la Madre de Dios vivificó y sostuvo todos los momentos de su camino en
el seguimiento de Cristo.

Hizo sus estudios en el colegio del Sagrado Corazón. Profundamente
afectiva, se creía incapaz de vivir separada de los suyos. Sin
embargo, asumió generosamente la prueba de estudiar en régimen de
internado los tres últimos cursos, como entrenamiento para la
separación definitiva, que se consumaría el 7 de mayo de 1919,
ingresando en las Carmelitas Descalzas de Los Andes.

Se había sentido llamada al Carmelo a los 14 años. Y, mediante la
lectura de los santos carmelitas y la frecuente correspondencia con la
priora de Los Andes, fue preparándose, de suerte que es admirable la
clarividencia con que, desde sus 17 años, expone el ideal de la
carmelita y el ardor con que defiende su vida contemplativa. Ella la
abrazó ilusionada por verdadero amor al mundo; para serle más útil
como testigo de la dimensión espiritual del hombre, y para contribuir
con su sacrificio a que la sangre de Cristo se derrame sobre la
humanidad y la purifique.

No alcanzando a vivir ni un año entero en el convento, murió el 12 de
abril de 1920. Las religiosas aseguraban que al entrar ya era santa.
De modo que, en tan corto tiempo, pudo consumar la carrera a la
santidad que había iniciado muy en serio mucho antes de su primera
comunión: “Cristo, ese loco de amor, me ha vuelto loca”, decía.

Estaba siempre dispuesta a servir y a sacrificarse por los demás,
sobre todo para que reinaran la alegría y la felicidad, para hacer
amable y atractiva la virtud. Su vida fue enteramente normal y
equilibrada.

Alcanzó una envidiable madurez integrando en la más armoniosa síntesis
lo divino y lo humano: oración, estudios, deberes hogareños... y
deporte -al que era muy aficionada- destacando en natación y
equitación.

Su santuario, visitado por más de cien mil peregrinos cada mes, se ha
convertido en uno de los centros espirituales más concurridos de
Chile.

Fue beatificada por el Papa Juan Pablo 11 en Santiago de Chile el 3 de
abril de 1987, y canonizada en la basílica de San Pedro el domingo 21
de marzo de 1993.

Nota: El calendario carmelita la festeja el 12 de julio, el
Martirologio Romano la recuerda el 12 de abril día de su ingreso a la
Casa del Padre.