Vi la banderita roja alejándose hacia quién sabe dónde. Me detuve a tomar aliento y un pensamiento me asaltó. ¿Qué habría ocurrido si hubiera podido alcanzar el coche? ¿Sería otra nueva oportunidad perdida en mi azarosa existencia? ¿A quién había dejado de conocer, y muy probablemente, nunca conocería? Reflexioné un largo rato sobre esta idea, madurándola de a poco, internándome cada vez más en el concepto. ¿Cuántas vidas es posible transitar en simultáneo? ¿O hay quizás un camino único: el que recorremos a cada instante en ese instante? Seguía distraídamente el curso de mis pensamientos, cuando un ruido estrepitoso me sacó abruptamente de mis cavilaciones. El taxi, ese que había perdido, ese que me dejó de a pie y con un gusto amargo en la boca, acababa de chocar en la otra esquina.