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El crecimiento de los negocios en el siglo XIX demandó con urgencia una máquina eficaz: 2º

De tiempo en tiempo, fueron concediéndose numerosas patentes, representando otras tantas tentativas para producir una máquina que fuese aceptable; pero ninguna de éstas ofreció notable progreso antes de 1867. Además, una máquina de escribir no se hubiera considerado de verdadero valor en el mundo de los negocios en aquella época en que la importancia de los mismos no requería tal auxilio. Pero cuando el brusco avance del progreso se inició a fines del siglo XIX, fue preciso cambiar radicalmente los métodos financieros; todos los hombres

La primera máquina de escribir con "escritura visible" de talento trabajaron hacia el mismo fin, y la máquina de escribir, práctica y apta para cumplir los fines a que estaba llamada, no tardó en aparecer.

El primero que consiguió este resultado, haciendo la máquina de escribir indispensable en las casas de comercio, fue Charles Latham Sholes, de Milwaukee, quien, en 1868, sacó patentes sobre modelos que sirvieron para construir las primeras máquinas de escribir que se utilizaron en las oficinas. Asociado con Sholes, que era un impresor y editor, trabajaba Samuel W. Soule, que, de la misma profesión que el primero e inventor, se dedicaba además a la agricultura; a éstos se asoció también Charles Glidden, que por aquel tiempo se ocupaba en otra clase de invenciones. Sholes y Soule trataban de construir juntos una máquina numeradora para marcar hojas de libros en blanco, etc. Los tres se reunían diariamente en el mismo taller mecánico de Milwaukee, donde efectuaban sus ensayos y cada uno se interesaba por las invenciones de sus compañeros.

Se dice que Glidden hizo la siguiente observación: ¿Por qué no hacer una máquina que escriba letras y palabras, en lugar de números solamente?. Esta fue la iniciativa lanzada sin saber, por aquel tiempo, que ya se había estudiado la cuestión anteriormente. La idea no produjo sus frutos inmediatamente; pero teniendo en cuenta los sucesivos incidentes, esta casual observación fue el origen de la máquina de escribir Remington. No mucho después de esto, Glidden descubrió, casi por casualidad, que había sido inventada una máquina por John Pratt, de Centre, Alabama, ideada para hacer precisamente lo que él había sugerido. Estaba sugestionado por el beneficio que la máquina de escribir podía reportar a la Humanidad, así como la fortuna que habría de proporcionar al inventor. Llamó la atención de Sholes sobre la cuestión, rogándole que pensase en ella. Sholes prometió cooperar en el proyecto, y como Glidden fue el primero que sugirió la idea, le invitaron a tomar parte en la empresa y, finalmente, Soule se unió a ellos. Se estudiaron muchos dispositivos y se hicieron numerosas experiencias, dando por resultado la construcción de un tosco modelo, complemento de los trabajos de Soule, que ideó los tipos movibles dispuestos en círculo y otros detalles de menor importancia. Sholes contribuyó con el sistema de espaciar de modo conveniente letras y palabras.

Estas máquinas se presentaron al mercado bajo la dirección de sus inventores, pero Soule y Glidden se separaron de la empresa. Al principio, la máquina sólo escribía en mayúsculas y, aunque trabajaba rápidamente y con exactitud, pronto se vio que estaba lejos de ser perfecta. Se escribieron muchas cartas con ella, y una de éstas llegó a manos de James Densmore, un rico propietario de petróleos y hierros en Meadville, Pennsylvania. Reconociendo el gran valor de esta máquina, adquirió la cuarta parte de participación en el invento, pagando todos los gastos hechos, incluso los que se hicieron en ensayos hasta aquella fecha. Hizo este negocio sin haber visto la máquina, basándose sólo en el hecho de que escribía legiblemente y más rápida que la pluma. Después de verla, meses más tarde, consideró como muy desacertada la manera de construirla, pero buenos los principios en que se fundaba e inmediatamente se propuso perfeccionarla.

Se hicieron numerosos modelos, que se abandonaron después y, desanimados Soule y Glidden, abandonaron definitivamente la empresa, y si no hubiera sido por el constante estímulo de Mr. Densmore, Shole hubiera hecho lo mismo. Después que la máquina hubo sido perfeccionada a tal punto que los propietarios creyeron llegado el momento de someter sus méritos al público, decidieron asegurarse antes con la opinión de reconocidos y expertos mecánicos, para que pudieran informar respecto a posibles perfeccionamientos y detalles de fabricación.

Con este objeto se eligió a George W. N. Yost, y después de aconsejar pequeños cambios, que fueron realizados, les recomendó a F.. Remington e Hijo, de Ilion, Nueva York, como indudablemente la mejor preparada de las fábricas para hacer tan delicado y exacto trabajo corno era preciso, debiendo ser las piezas intercambiables. Esta firma había sido encargada de la fabricación de municiones durante la guerra civil y estaba bien equipada con maquinaria y personal práctico; y después de hacer varios cambios y mejoras, construyó un millar de máquinas de escribir. Asimismo, compró los derechos de patente de dicha máquina, que se tituló “Remington”. Todos estos trabajos preliminares se llevaron a efecto en el año 1873, y el primer modelo de máquina «Remington» apareció al año siguiente.