LA AUTOESTIMA SE LESIONA EN LA ADOLESCENCIA 2º
Fuente de todos los males de la sociedad
Durante bastante tiempo, un considerable grupo de expertos argumentó que es posible mejorar 1a~ condición humana con el refuerzo de la autoestima. Partiendo de esta premisa, el gobernador de California, George Deukmejian, puso en marcha en 1987 un programa estatal con el objetivo de elevar la autoestima de todo el Estado. Su impulsor, el entonces miembro de la cámara regional John Vasconcellos, defendía la tesis de que con el estímulo de la autoestima de los jóvenes se alejaba el fantasma de la drogadicción, la delincuencia, los embarazos no deseados y el fracaso escolar, entre otros males de la sociedad. Tres años después, se hizo público un informe titulado La importancia social de la autoestima que consideraba que ésta era la vacuna que remediaría todos los males de la sociedad moderna.
De categoría psicológica a derecho adquirido
Aunque el informe tenía poca solidez científica, sus conclusiones se tomaron como ciertas y alentó la aparición de una corriente de pensamiento en esta dirección. Por ejemplo, David Long explicaba en su libro La anatomía del terrorismo (1990) que la escasa autoestima era la piedra angular de todos los actos terroristas, y Gloria Steinem publicó en 1992 Revolución desde adentro: el libro de la autoestima, que se convirtió en la Biblia del movimiento feminista. Paralelamente, las autoridades educativas lanzaron programas destinados a elevar y cimentar la autoestima de los chicos y los empresarios recibían la consigna de que la clave del éxito radicaba en elevar la autovaloración del personal.
Hoy, en cambio, la autoestima no es considerada la solución a todos los males. En efecto, los estudios más recientes señalan que el refuerzo de la autoestima sí aumenta claramente la perseverancia para afrontar un traspié o un fracaso, y favorece las relaciones sociales y el establecimiento de nuevas amistades. “Las personas con una buena imagen de sí mismas seguramente inicien sin especial dificultad conversaciones con desconocidos, mientras que los faltos de autoestima rehúyan tomar esta iniciativa, quizá por miedo al rechazo”, dice García Huete. En cuanto al éxito en el amor, la cuestión no está tan clara. En 2002, la psicóloga Sandra L. Murray y sus colegas de la Universidad de Buffalo, en Nueva York, descubrieron que los faltos de autoestima desconfían de las manifestaciones afectuosas de su pareja y temen constantemente ser rechazados. Pero esto no demuestra que sean más propensos a romper una relación. Más bien sucede lo opuesto: quienes tienen una elevada opinión de sí mismos son más proclives a resolver los conflictos amorosos abandonando a la pareja y buscando otra nueva.
La autoestima no alienta al estudiante a esforzarse más
Desde no hace mucho, se sabe también que un deficiente sentimiento de aceptación y aprecio de uno mismo constituye un factor de riesgo en relación con los trastornos alimentarios, sobre todo en el caso de la bulimia, según algunos investigadores. Y la revisión de varios trabajos psicológicos permite establecer una coherente relación entre la imagen de uno mismo y la felicidad: los individuos con un buen grado de autoestima confiesan ser más felices que los demás y tienen menor riesgo de caer en una depresión.
Por otro lado, los estudios modernos cuestionan la creencia de que una autoestima elevada prevenga el fracaso escolar. No existen indicios que avalen la idea de que aliente a los estudiantes a esforzarse más.
Otro tanto ocurre con el abuso del alcohol y las drogas, donde los trabajos publicados hasta la fecha resultan ambiguos y nada concluyentes. Mientras que unos no indican ninguna relación causal entre la baja autoestima y el alcoholismo y la drogadicción en jóvenes, otros estudios advierten una ilación entre la autoestima desmesurada y el consumo abusivo de alcohol, así como entre el uso ilícito de drogas y la baja autoestima. Por último, las conductas agresivas y la violencia tampoco pueden ser relacionadas, como se creía, a un déficit de autoestima. Contra lo que cabria esperar, algunos investigadores observaron que los que cometen ciertas agresiones pueden tener una opinión bastante buena de sí mismos.
Es Ud. Una Persona Asertiva?
No es ningún secreto una de las facetas más importantes de nuestra vida son las relaciones sociales. Prácticamente en todas las cosas que realizamos existe un componente de interacción con los demás, ya sea en el ambiente familiar, en el lugar de trabajo y estudios o en los ratos de ocio, que determina en gran medida la consecución o no de la felicidad.
Una de las habilidades sociales fundamentales para interaccionar correctamente con los demás es la asertividad. Se trata de un concepto que ha sido tergiversado por ciertos libros de autoayuda y cursos orientados a cómo cosechar el éxito estando por encima de los demás,
no dejándose apabullar y erigiéndose como un líder nato. Según los psicólogos, la asertividad es una conducta bien distinta a esto. La psicóloga Olga Castanyer la define de esta forma en su libro La asertividad: “Es la capacidad de autoafirmar los propios derechos, sin dejarse manipular y sin manipular a los demás”. El estilo asertivo se halla a medio camino entre el pasivo o sumiso, que es incapaz de defender sus derechos e intereses personales, y el agresivo, que los salvaguarda en exceso sin tener en cuenta los de los demás.
“El que una relación nos resulte satisfactoria -dice Castanyer— depende de que nos sintamos valorados y respetados, y esto, a su vez, no depende tanto del otro, sino de que poseamos una sene de habilidades para responder correctamente y una serie de convicciones o esquemas mentales que nos hagan sentir bien con nosotros mismos.”
Las personas que tienen o aprenden este talento son llamadas asertivas y, sin duda alguna, tiene mucho que ver con la imagen que tenemos de nosotros mismos. “La asertividad hay que situarla muy cerca, como una habilidad que está estrechamente ligada al respeto y el cariño por uno mismo y, por ende, a los demás”, comenta Castanyer en su libro.
Fuente de todos los males de la sociedad
Durante bastante tiempo, un considerable grupo de expertos argumentó que es posible mejorar 1a~ condición humana con el refuerzo de la autoestima. Partiendo de esta premisa, el gobernador de California, George Deukmejian, puso en marcha en 1987 un programa estatal con el objetivo de elevar la autoestima de todo el Estado. Su impulsor, el entonces miembro de la cámara regional John Vasconcellos, defendía la tesis de que con el estímulo de la autoestima de los jóvenes se alejaba el fantasma de la drogadicción, la delincuencia, los embarazos no deseados y el fracaso escolar, entre otros males de la sociedad. Tres años después, se hizo público un informe titulado La importancia social de la autoestima que consideraba que ésta era la vacuna que remediaría todos los males de la sociedad moderna.
De categoría psicológica a derecho adquirido
Aunque el informe tenía poca solidez científica, sus conclusiones se tomaron como ciertas y alentó la aparición de una corriente de pensamiento en esta dirección. Por ejemplo, David Long explicaba en su libro La anatomía del terrorismo (1990) que la escasa autoestima era la piedra angular de todos los actos terroristas, y Gloria Steinem publicó en 1992 Revolución desde adentro: el libro de la autoestima, que se convirtió en la Biblia del movimiento feminista. Paralelamente, las autoridades educativas lanzaron programas destinados a elevar y cimentar la autoestima de los chicos y los empresarios recibían la consigna de que la clave del éxito radicaba en elevar la autovaloración del personal.
Hoy, en cambio, la autoestima no es considerada la solución a todos los males. En efecto, los estudios más recientes señalan que el refuerzo de la autoestima sí aumenta claramente la perseverancia para afrontar un traspié o un fracaso, y favorece las relaciones sociales y el establecimiento de nuevas amistades. “Las personas con una buena imagen de sí mismas seguramente inicien sin especial dificultad conversaciones con desconocidos, mientras que los faltos de autoestima rehúyan tomar esta iniciativa, quizá por miedo al rechazo”, dice García Huete. En cuanto al éxito en el amor, la cuestión no está tan clara. En 2002, la psicóloga Sandra L. Murray y sus colegas de la Universidad de Buffalo, en Nueva York, descubrieron que los faltos de autoestima desconfían de las manifestaciones afectuosas de su pareja y temen constantemente ser rechazados. Pero esto no demuestra que sean más propensos a romper una relación. Más bien sucede lo opuesto: quienes tienen una elevada opinión de sí mismos son más proclives a resolver los conflictos amorosos abandonando a la pareja y buscando otra nueva.
La autoestima no alienta al estudiante a esforzarse más
Desde no hace mucho, se sabe también que un deficiente sentimiento de aceptación y aprecio de uno mismo constituye un factor de riesgo en relación con los trastornos alimentarios, sobre todo en el caso de la bulimia, según algunos investigadores. Y la revisión de varios trabajos psicológicos permite establecer una coherente relación entre la imagen de uno mismo y la felicidad: los individuos con un buen grado de autoestima confiesan ser más felices que los demás y tienen menor riesgo de caer en una depresión.
Por otro lado, los estudios modernos cuestionan la creencia de que una autoestima elevada prevenga el fracaso escolar. No existen indicios que avalen la idea de que aliente a los estudiantes a esforzarse más.
Otro tanto ocurre con el abuso del alcohol y las drogas, donde los trabajos publicados hasta la fecha resultan ambiguos y nada concluyentes. Mientras que unos no indican ninguna relación causal entre la baja autoestima y el alcoholismo y la drogadicción en jóvenes, otros estudios advierten una ilación entre la autoestima desmesurada y el consumo abusivo de alcohol, así como entre el uso ilícito de drogas y la baja autoestima. Por último, las conductas agresivas y la violencia tampoco pueden ser relacionadas, como se creía, a un déficit de autoestima. Contra lo que cabria esperar, algunos investigadores observaron que los que cometen ciertas agresiones pueden tener una opinión bastante buena de sí mismos.
Es Ud. Una Persona Asertiva?
No es ningún secreto una de las facetas más importantes de nuestra vida son las relaciones sociales. Prácticamente en todas las cosas que realizamos existe un componente de interacción con los demás, ya sea en el ambiente familiar, en el lugar de trabajo y estudios o en los ratos de ocio, que determina en gran medida la consecución o no de la felicidad.
Una de las habilidades sociales fundamentales para interaccionar correctamente con los demás es la asertividad. Se trata de un concepto que ha sido tergiversado por ciertos libros de autoayuda y cursos orientados a cómo cosechar el éxito estando por encima de los demás,
no dejándose apabullar y erigiéndose como un líder nato. Según los psicólogos, la asertividad es una conducta bien distinta a esto. La psicóloga Olga Castanyer la define de esta forma en su libro La asertividad: “Es la capacidad de autoafirmar los propios derechos, sin dejarse manipular y sin manipular a los demás”. El estilo asertivo se halla a medio camino entre el pasivo o sumiso, que es incapaz de defender sus derechos e intereses personales, y el agresivo, que los salvaguarda en exceso sin tener en cuenta los de los demás.
“El que una relación nos resulte satisfactoria -dice Castanyer— depende de que nos sintamos valorados y respetados, y esto, a su vez, no depende tanto del otro, sino de que poseamos una sene de habilidades para responder correctamente y una serie de convicciones o esquemas mentales que nos hagan sentir bien con nosotros mismos.”
Las personas que tienen o aprenden este talento son llamadas asertivas y, sin duda alguna, tiene mucho que ver con la imagen que tenemos de nosotros mismos. “La asertividad hay que situarla muy cerca, como una habilidad que está estrechamente ligada al respeto y el cariño por uno mismo y, por ende, a los demás”, comenta Castanyer en su libro.