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HISTORIA DE LA IMPRENTA 2º

Los incunables: características de los primeros libros impresos.

Se llaman incunables (del latín incunabulum, cuna) los impresos en
caracteres móviles desde los orígenes del arte tipográfico hasta 1500
inclusive. El término latino, aplicado a una categoría de libros, fue
empleado por primera vez por el librero holandés Cornelio van Beughem
en el repertorio que tituló Incunabula typographiae (Amsterdam, 1688).
La toma de esta fecha como punto divisorio no deja de ser arbitraria,
ya que los libros impresos de los primeros años del siglo XVI no dejan
de presentar las mismas características que los incunables y porque la
imprenta no apareció ni se desarrolló al mismo tiempo en todos los
países.
Las características más señaladas de los incunables son:
a) Imitación de los manuscritos. Los primeros libros impresos trataron
de parecerse todo lo posible a los manuscritos, ya que esta era la
forma de libro a que el hombre del siglo XV estaba acostumbrado. Así,
utilizan la letra gótica, abreviaturas -aunque nada las hacía
necesarias-, los incipts, etc. Las iniciales se dejaban en blanco con
el fin de que fueran realizadas más tarde por especialistas: no es
difícil encontrar incunables donde las iniciales no se llegaron a
poner nunca. También carecían de portada: la primera es la del
Calendario de Regiomontano, en 1470, aunque algunos autores mantienen
que al primera portada data de 1500.
b) Se impone la letra romana, de la mano de los humanistas italianos,
más legible y fácil de entender. Poco a poco se van abandonando las
abreviaturas
c) Las primeras ilustraciones se hacen xilografiadas. El primer libro
con ilustraciones xilografiadas es una colección de fábulas de Albert
Pfister (Bamberg, 1461).
d) La lengua mayoritariamente utilizada es el latín (45%), seguida del
italiano, alemán, francés, inglés y español.
e) Los temas son religiosos en el 45% de los casos. Le siguen los
temas de literatura (30%), clásica, medieval y contemporánea y el
resto se reparte entre diversas materias.
A final de siglo se habían impreso unos 10.000 títulos, lo cual indica
la velocidad con que la imprenta se extendió por Europa.
Difusión de la imprenta.
En la difusión de la imprenta se aliaron dos factores ajenos por
completo a ella: las guerras civiles en Alemania y el auge
experimentado por las rutas comerciales europeas, verdaderos caminos
de intercambio de bienes materiales y culturales.
En 1460 estallan las revueltas civiles en Maguncia. El arzobispo es
depuesto por el Papa por desobediencia y es enviado Adolfo de Nassau a
tomar la ciudad. La mayoría de los impresores se ven obligados a huir
y los talleres se disuelven. Los primeros tipógrafos se instalan en
otras ciudades alemanas (Colonia, Spira, etc). Otros, por el
contrario, viajan al extranjero, sobre todo siguiendo la ruta
transalpina que los lleva a Francia y a la próspera Italia. Entre
estos se encuentran los tipógrafos Schweynheim y Pannartz, que en 1464
se instalan en el monasterio de Subiaco, donde era abad el español
Juan de Torquemada, el cual les anima a montar allí sus talleres: será
el primero que se instalará fuera de Alemania. El primer libro impreso
parece ser que fue un Donato, del cual no quedan rastros ni
ejemplares, cosa lógica si se tiene en cuenta que era un libro de
texto para el aprendizaje de la gramática latina. Después el De
oratione de Cicerón, sin fecha, un Lactancio fechado en 1465, y
algunos más, ninguno de ellos firmado.
Desde allí los dos tipógrafos marchan a Roma, donde instalan su taller
y publican nuevas obras, de temas religiosos o de autores clásicos,
bajo la protección del Papa Sixto IV. Cuando llegaron a Roma ya se
encontraba instalado allí el taller de un compatriota suyo, Ulrico
Han, el cual publicó, entre otras obras las Meditationes de Torquemada
(Turrecremata), primer libro donde aparece el retrato del autor vivo.
Por la misma época se instala en Venecia Juan de Spira, el cual
publicó las Epistolas familiares de Cicerón y la Historia natural de
Plinio. A su muerte le sucedió su hermano al frente del taller y se
encargó de publicar, entre otras obras, la primera edición del
Cancionero de Petrarca y la Divina Comedia. También en Venecia se
instaló el impresor Ratdolt, famoso por sus iniciales y orlas grabadas
en madera de sabor renacentista y por haber sido el primero en
publicar un libro con portada: el Calendario de Regiomontano, en 1470.
En Francia la imprenta se inició tarde y comenzó en París y Lyon,
donde inmediatamente encontró una excelente acogida: a finales de
siglo había en esta última ciudad 160 talleres tipográficos. En
Inglaterra fue aún más tardío: entró en 1477 de la mano de Caxton,
mercader en textiles, quien instaló el primer taller en Westminster.
Poco a poco la imprenta se fue instalando en todos los rincones de
Europa, aunque su expansión fue irregular: el último país al que llegó
fue Grecia, donde lo hizo hace poco menos de un siglo, debido a la
dominación turca, cuyo idioma no comenzó a escribirse en caracteres
latinos hasta la revolución de Kemal Ataturk. Al resto del mundo la
imprenta llegó de manos de los colonizadores europeos y los países
árabes fueron lentos en adoptarla debido a la dificultades que
presentaba su alfabeto para ser reproducido tipográficamente. En estos
países se prefirió utilizar la xilografía o incluso la litografía a la
imprenta hasta épocas muy tardías.