LA TRAGEDIA DEL CHALLENGER 2º
Posibilidades de supervivencia nulas
El comandante Scobee había abierto el canal de radio, pero no tuvo
tiempo de decir nada. Oyeron al piloto Smith exclamar:, Oh, oh».
Mientras el transbordador se desintegraba en el aire, algunos
integrantes intentaron activar sus suministros de oxígeno de
emergencia. Pero aunque la cabina se conservó prácticamente intacta
hasta precipitarse en las frías aguas del océano Atlántico, a catorce
kilómetros, la presión aerodinámica mató a todos los que sobrevivieron
a la explosión inicial.
Los familiares y amigos de los tripulantes contemplban el cielo,
horrorizados. Pese a ser evidente que algo terrible había ocurrido,
el sistema de megafonía seguía proporcionando datos de la altitud y la
velocidad del transbordador.
Finalmente el hechizo se rompió. La voz flemática del sistema de
megafonía anunció: «Los controladores de vuelo están analizando
meticulsamente la situación. Parece ser que se ha producido un grave
fallo. Hemos perdido el contacto. El oficial de dinámica de vuelo
informa que el vehículo ha explotado. El director de vuelo lo ha
confirmado. Vamos a ponernos en contacto con el equipo de rescate
para ver qué se puede hacer».
Edward y Gratos. » Corrigan, los padres de McAuliffe, anonadados, se
quedaron mirando los restos de la nave que caían del cielo y las
estelas de vapor del transbordador. Luego ropieron a llorar. Los
oficiales de la NASA se los llevaron del mirador, aturdidos y con los
ojos llorosos. El presidente Reagan aplazó su discurso del Estado de
la Unión y apareció por televisión para dirigir se a la nación.
«Continuaremos explorando el espacio -afirmó-. Había otros vuelos
espaciales... más maestros en el espacio. No vamos a detenernos.
Nuestra esperanza y nuestro víaje continúan.»
Luego rindió un conmovedor homenaje a los siete astronautas que habían
perdido la vida, comparándolos con Sir Francis Drake, que había muerto
un día como aquél, 390 años atrás. «Los miembros de la tripulación del
transbordador espacial Challenger nos honraron con la vida que
llevaron -dijo-. Nunca los olvidaremos, ni olvidaremos la última vez
que los vimos, esta mañana, mientras nos decían adiós con la mano y
comprendían un viaje que los acercaría a Dios.»
También tuvo unas palabras de consuelo para los alumnos que habían
presenciado la trágica muerte de su maestra. Era duro entender cosas
tan dololosas, pero aquello formaba parte de la exploración ' y el
descubrimiento, dijo. El futuro no pertenece a los débiles de corazón.
Pertenece a los valientes.»
Investigación:
El presidente Reagan encargó a una comisión la investigación del
accidente. La comisión estaba presidida por el antiguo secretario de
estado William P. Rogers e incluía al primer hombre que pisó la luna,
Neil Armstrong. En el comité también se encontraban Sally Ride, la
primera mujer- astronauta americana, y el general Chtick Yeagei, el
piloto de pruebas que atravesó p primera vez la barrera del sonido El
lanzamiento de transbordadores se canceló mientras la comisión
deliberaba y la NASA se planteo 1 posibilidad de lanzar satélites «la
antigua», utilizando cohetes si tripulación. La comisión analizó la
película del vuelo y detectó la llama fatal del cohete impulsor SRB 59
de estribo ¡r segundos después del despegue. A partir de aquel momento
el Challenger había estado condenado.
Juntas defectuosas
En la película del despegue también se veían nubes de humo que salían
de las junturas del cohete impulsor SRB de estribor. La comisión
llegó a la conclusión de que los aros de goma que debían haber sellado
la junta entre los segmento del cohete impulsor habían falla do en el
despegue. Al parecer, e fallo se debió a un diseño defectuoso,
vulnerable a diferentes factores. Concluyeron que esos factores,
fueron los efectos de la temperatura, las dimensiones físicas, las
características de los materiales, lo efectos de la repetición del
uso, el tratamiento y la reacción a la carga dinámica».
La empresa Thiokol, que fabrica los cohetes impulsores, había
advertido a la NASA de esos problemas Los aros de goma podían falla a
bajas temperaturas. Algunos ingenieros de la empresa habían llegad a
aconsejar que los lanzamientos s suspendieran hasta que se encontrara
una solución al problema. Cuando el físico Richard Feynman y otro
miembro de la comisión presidencial lo oyeron, comentaron que la NASA
estaba jugando «a una especie de ruleta rusa cada vez que lanzaban el
transbordador».
Los viejos aros de goma fueron descartados, y se diseñó y probó un
nuevo tipo de mecanismo para el sellado de las juntas. En 1988,
cuando los científicos de la NASA quedaron satisfechos, los vuelos
espaciales se reanudaron, y desde entonces no se ha producido ningún
accidente. Pero para esa mejoría de las condiciones de seguridad
siete astroonautas tuvieron que dar la vida.
Posibilidades de supervivencia nulas
El comandante Scobee había abierto el canal de radio, pero no tuvo
tiempo de decir nada. Oyeron al piloto Smith exclamar:, Oh, oh».
Mientras el transbordador se desintegraba en el aire, algunos
integrantes intentaron activar sus suministros de oxígeno de
emergencia. Pero aunque la cabina se conservó prácticamente intacta
hasta precipitarse en las frías aguas del océano Atlántico, a catorce
kilómetros, la presión aerodinámica mató a todos los que sobrevivieron
a la explosión inicial.
Los familiares y amigos de los tripulantes contemplban el cielo,
horrorizados. Pese a ser evidente que algo terrible había ocurrido,
el sistema de megafonía seguía proporcionando datos de la altitud y la
velocidad del transbordador.
Finalmente el hechizo se rompió. La voz flemática del sistema de
megafonía anunció: «Los controladores de vuelo están analizando
meticulsamente la situación. Parece ser que se ha producido un grave
fallo. Hemos perdido el contacto. El oficial de dinámica de vuelo
informa que el vehículo ha explotado. El director de vuelo lo ha
confirmado. Vamos a ponernos en contacto con el equipo de rescate
para ver qué se puede hacer».
Edward y Gratos. » Corrigan, los padres de McAuliffe, anonadados, se
quedaron mirando los restos de la nave que caían del cielo y las
estelas de vapor del transbordador. Luego ropieron a llorar. Los
oficiales de la NASA se los llevaron del mirador, aturdidos y con los
ojos llorosos. El presidente Reagan aplazó su discurso del Estado de
la Unión y apareció por televisión para dirigir se a la nación.
«Continuaremos explorando el espacio -afirmó-. Había otros vuelos
espaciales... más maestros en el espacio. No vamos a detenernos.
Nuestra esperanza y nuestro víaje continúan.»
Luego rindió un conmovedor homenaje a los siete astronautas que habían
perdido la vida, comparándolos con Sir Francis Drake, que había muerto
un día como aquél, 390 años atrás. «Los miembros de la tripulación del
transbordador espacial Challenger nos honraron con la vida que
llevaron -dijo-. Nunca los olvidaremos, ni olvidaremos la última vez
que los vimos, esta mañana, mientras nos decían adiós con la mano y
comprendían un viaje que los acercaría a Dios.»
También tuvo unas palabras de consuelo para los alumnos que habían
presenciado la trágica muerte de su maestra. Era duro entender cosas
tan dololosas, pero aquello formaba parte de la exploración ' y el
descubrimiento, dijo. El futuro no pertenece a los débiles de corazón.
Pertenece a los valientes.»
Investigación:
El presidente Reagan encargó a una comisión la investigación del
accidente. La comisión estaba presidida por el antiguo secretario de
estado William P. Rogers e incluía al primer hombre que pisó la luna,
Neil Armstrong. En el comité también se encontraban Sally Ride, la
primera mujer- astronauta americana, y el general Chtick Yeagei, el
piloto de pruebas que atravesó p primera vez la barrera del sonido El
lanzamiento de transbordadores se canceló mientras la comisión
deliberaba y la NASA se planteo 1 posibilidad de lanzar satélites «la
antigua», utilizando cohetes si tripulación. La comisión analizó la
película del vuelo y detectó la llama fatal del cohete impulsor SRB 59
de estribo ¡r segundos después del despegue. A partir de aquel momento
el Challenger había estado condenado.
Juntas defectuosas
En la película del despegue también se veían nubes de humo que salían
de las junturas del cohete impulsor SRB de estribor. La comisión
llegó a la conclusión de que los aros de goma que debían haber sellado
la junta entre los segmento del cohete impulsor habían falla do en el
despegue. Al parecer, e fallo se debió a un diseño defectuoso,
vulnerable a diferentes factores. Concluyeron que esos factores,
fueron los efectos de la temperatura, las dimensiones físicas, las
características de los materiales, lo efectos de la repetición del
uso, el tratamiento y la reacción a la carga dinámica».
La empresa Thiokol, que fabrica los cohetes impulsores, había
advertido a la NASA de esos problemas Los aros de goma podían falla a
bajas temperaturas. Algunos ingenieros de la empresa habían llegad a
aconsejar que los lanzamientos s suspendieran hasta que se encontrara
una solución al problema. Cuando el físico Richard Feynman y otro
miembro de la comisión presidencial lo oyeron, comentaron que la NASA
estaba jugando «a una especie de ruleta rusa cada vez que lanzaban el
transbordador».
Los viejos aros de goma fueron descartados, y se diseñó y probó un
nuevo tipo de mecanismo para el sellado de las juntas. En 1988,
cuando los científicos de la NASA quedaron satisfechos, los vuelos
espaciales se reanudaron, y desde entonces no se ha producido ningún
accidente. Pero para esa mejoría de las condiciones de seguridad
siete astroonautas tuvieron que dar la vida.