HUNDIMIENTO DEL TITANIC 1912
Desde un principio, el viaje inaugural del Titaníc es marcado por la
tragedia. Se cuenta que al moverse majestuosamente el inmenso barco
de 46,329 toneladas de su amarradero en Southampton, queda junto al
trasatlántico New York, que estaba anclado. D pronto se escucharon
voces de alarma al enredarse como cordón las gruesas cuerdas de amarre
de ambo barcos, y luego empezaron a ser arrastrados junto por alguna
fuerza desconocida. El Titanic fue detenido justo a tiempo luego que
la extraña "succión cesó, y en seguida los remolcadores abrieron
camino lentamente al New York para llevarlo de vuelta al amarradero.
Una situación idéntica se presentó sólo unos minutos después, cuando
el Teutonic también se enredó en las cuerdas del Titanic y lo siguió
de cerca varios grados hasta que el Títanic logró deslizarse.
Posteriormente, el trasatlántico fue remolcado hacia el mar abierto y
la tranquilidad volvió a la tripulación a su capitán, Edward-Smith.
La cubierta temblaba casi imperceptiblemente ante el empuje de sus
imponente turbinas: era el barco más grande, el mejor y el más seguro
que se hubiera construido. Para garantizar esa seguridad, 15 mamparas
transversales lo subdividían de proa a popa y un doble fondo
significaba una garantía más contra accidentes. Era, en la mente de
todos los que estaban tanto en tierra como a bordo, lo máximo: el
barco insumergible.
Después de una breve visita a Cherburgo, el Títanic salió de
Queenstown (ahora Cobh), Irlanda, durante la noche del jueves 11 de
abril de 1912 y entró al Atlántico, en aguas que el veterano capitán
Smith conocía muy bien. Navegó constantemente hacia el oeste sin
ningún incidente; el mar estaba calmado y el clima despejado aunque
muy frío, al grado de que la temperatura bajó dramáticamente durante
la mañana del domingo 14 de abril, y varios mensajes recibidos por el
operador de radio del Titanic advirtieron sobre el peligro de
encontrar ¡cebergs.
El barco proseguía su marcha a toda velocidad y sus luces titilaban
sobre el agua oscura y tranquila: sus máquinas lo impulsaban a una
velocidad constante de nudos. De pronto, justo antes de la
medianoche, un vigía gritó: " ¡Iceberg al frente!"
Se dieron órdenes desesperadas para hacer girar el barco hacia el
puerto, pero era demasiado tarde. Cuando empezaba a girar, un inmenso
iceberg raspó su estribor a todo lo largo y luego se deslizó a la popa
y se perdió en la noche. El capitán Smith estaba en el puente antes
de que su primer oficial Murdoch pudiera comunicar la orden de:
" ¡Paren máquinas!" Ordenó cerrar herméticamente todos los
compartimentos estancos y luego pidió al cuarto oficial Boxhall que
hiciera sondeos. El joven oficial estaba a punto de retirarse cuando
el carpintero del barco llegó al puente para informar: " ¡Está haciendo
agua rápidamente!"
Los pasajeros que aún estaban despiertos no se dieron cuenta de lo que
ocurría, porque el impacto había sido suave. Lawrence Beesley, uno de
los sobrevivientes, declaró que "no hubo ruido de choque o de otra
cosa; no se sintió el choque, ninguna sacudida de un cuerpo pesado
chocando con otro..."
Sobre la cubierta, y no obstante el intenso frío, algunos pasajeros
entusiasmados sostenían una "batalla" con bolas de nieve, usando el
hielo que el mortífero témpano había depositado durante el breve
encuentro con el barco, mientras que otro pasajero, que no quería
dejar la comodidad del salón de estar, alargó un vaso y pidió a un
amigo que "viera si había llegado un poco de hielo a bordo".
Algunos pasajeros preguntaron a los camareros por qué se habían parado
las máquinas, y éstos les aseguraron que no había motivo de alarma.
Los camareros actuaban de buena fe, pues hasta el momento creían
realmente que todo estaba bajo control. Allá abajo, sin embargo, la
historia era diferente. Los hombres del primer cuarto de calderas se
encontraban
nadando en fuertes torrentes de agua que se precipitaban a través de
una enorme grieta en el costado del barco. Lograron llegar al
siguiente cuarto de calderas, y luego al siguiente, hasta entrar al
número 4, que estaba casi a la mitad del buque y donde aún no llegaba
el agua.
Al darse cuenta de que el daño era grave, el capitán Smith fue al
cuarto de radio, donde los dos operadores de radio, Jack Phillips y
Harold Bride, estaban listos para recibir o transmitir señales, y les
dijo que el barco había chocado con un iceberg y quería que estuvieran
listos para enviar una llamada de auxilio.
Cuando regresó al puente era obvio que el Titanic se hundía
lentamente. El témpano había abierto un corte en la proa de estribor
del largo de la tercera parte de la longitud del barco, y el agua
helada del Atlántico entraba incontrolable y copiosamente. A las
00:25, unos minutos después de la colisión, el capitán Smith ordenó
que se descubrieran los botes. Diez minutos después regresó al cuarto
de radio para ordenar a los operadores que empezaran a transmitir,
agregando perturbado: "Podría ser la última oportunidad".
Inmediatamente, el llamado urgente crepitó en la noche transmitiendo
lo que había ocurrido, dando la señal de llamada MGY del barco y su
posición, y pidiendo ayuda urgente.
La señal fue captada por dos trasatlánticos, el Frankfort y el
Desde un principio, el viaje inaugural del Titaníc es marcado por la
tragedia. Se cuenta que al moverse majestuosamente el inmenso barco
de 46,329 toneladas de su amarradero en Southampton, queda junto al
trasatlántico New York, que estaba anclado. D pronto se escucharon
voces de alarma al enredarse como cordón las gruesas cuerdas de amarre
de ambo barcos, y luego empezaron a ser arrastrados junto por alguna
fuerza desconocida. El Titanic fue detenido justo a tiempo luego que
la extraña "succión cesó, y en seguida los remolcadores abrieron
camino lentamente al New York para llevarlo de vuelta al amarradero.
Una situación idéntica se presentó sólo unos minutos después, cuando
el Teutonic también se enredó en las cuerdas del Titanic y lo siguió
de cerca varios grados hasta que el Títanic logró deslizarse.
Posteriormente, el trasatlántico fue remolcado hacia el mar abierto y
la tranquilidad volvió a la tripulación a su capitán, Edward-Smith.
La cubierta temblaba casi imperceptiblemente ante el empuje de sus
imponente turbinas: era el barco más grande, el mejor y el más seguro
que se hubiera construido. Para garantizar esa seguridad, 15 mamparas
transversales lo subdividían de proa a popa y un doble fondo
significaba una garantía más contra accidentes. Era, en la mente de
todos los que estaban tanto en tierra como a bordo, lo máximo: el
barco insumergible.
Después de una breve visita a Cherburgo, el Títanic salió de
Queenstown (ahora Cobh), Irlanda, durante la noche del jueves 11 de
abril de 1912 y entró al Atlántico, en aguas que el veterano capitán
Smith conocía muy bien. Navegó constantemente hacia el oeste sin
ningún incidente; el mar estaba calmado y el clima despejado aunque
muy frío, al grado de que la temperatura bajó dramáticamente durante
la mañana del domingo 14 de abril, y varios mensajes recibidos por el
operador de radio del Titanic advirtieron sobre el peligro de
encontrar ¡cebergs.
El barco proseguía su marcha a toda velocidad y sus luces titilaban
sobre el agua oscura y tranquila: sus máquinas lo impulsaban a una
velocidad constante de nudos. De pronto, justo antes de la
medianoche, un vigía gritó: " ¡Iceberg al frente!"
Se dieron órdenes desesperadas para hacer girar el barco hacia el
puerto, pero era demasiado tarde. Cuando empezaba a girar, un inmenso
iceberg raspó su estribor a todo lo largo y luego se deslizó a la popa
y se perdió en la noche. El capitán Smith estaba en el puente antes
de que su primer oficial Murdoch pudiera comunicar la orden de:
" ¡Paren máquinas!" Ordenó cerrar herméticamente todos los
compartimentos estancos y luego pidió al cuarto oficial Boxhall que
hiciera sondeos. El joven oficial estaba a punto de retirarse cuando
el carpintero del barco llegó al puente para informar: " ¡Está haciendo
agua rápidamente!"
Los pasajeros que aún estaban despiertos no se dieron cuenta de lo que
ocurría, porque el impacto había sido suave. Lawrence Beesley, uno de
los sobrevivientes, declaró que "no hubo ruido de choque o de otra
cosa; no se sintió el choque, ninguna sacudida de un cuerpo pesado
chocando con otro..."
Sobre la cubierta, y no obstante el intenso frío, algunos pasajeros
entusiasmados sostenían una "batalla" con bolas de nieve, usando el
hielo que el mortífero témpano había depositado durante el breve
encuentro con el barco, mientras que otro pasajero, que no quería
dejar la comodidad del salón de estar, alargó un vaso y pidió a un
amigo que "viera si había llegado un poco de hielo a bordo".
Algunos pasajeros preguntaron a los camareros por qué se habían parado
las máquinas, y éstos les aseguraron que no había motivo de alarma.
Los camareros actuaban de buena fe, pues hasta el momento creían
realmente que todo estaba bajo control. Allá abajo, sin embargo, la
historia era diferente. Los hombres del primer cuarto de calderas se
encontraban
nadando en fuertes torrentes de agua que se precipitaban a través de
una enorme grieta en el costado del barco. Lograron llegar al
siguiente cuarto de calderas, y luego al siguiente, hasta entrar al
número 4, que estaba casi a la mitad del buque y donde aún no llegaba
el agua.
Al darse cuenta de que el daño era grave, el capitán Smith fue al
cuarto de radio, donde los dos operadores de radio, Jack Phillips y
Harold Bride, estaban listos para recibir o transmitir señales, y les
dijo que el barco había chocado con un iceberg y quería que estuvieran
listos para enviar una llamada de auxilio.
Cuando regresó al puente era obvio que el Titanic se hundía
lentamente. El témpano había abierto un corte en la proa de estribor
del largo de la tercera parte de la longitud del barco, y el agua
helada del Atlántico entraba incontrolable y copiosamente. A las
00:25, unos minutos después de la colisión, el capitán Smith ordenó
que se descubrieran los botes. Diez minutos después regresó al cuarto
de radio para ordenar a los operadores que empezaran a transmitir,
agregando perturbado: "Podría ser la última oportunidad".
Inmediatamente, el llamado urgente crepitó en la noche transmitiendo
lo que había ocurrido, dando la señal de llamada MGY del barco y su
posición, y pidiendo ayuda urgente.
La señal fue captada por dos trasatlánticos, el Frankfort y el