¡QUE LA INOCENCIA TE VALGA!
Esta fórmula, que da fin a las bromas típicas, del 28 de diciembre, es condensación de otra más larga: "Que los Santos Inocentes vengan en tu ayuda". 0 sea, que ellos te guarden de los peligros de la candidez. El Día de los Inocentes, que evoca la masacre de criaturas ordenadas por Herodes, rey de Judea, coincidió en los primeros tiempos con el Día de Reyes. En Roma llegó a ser Jornada de duelo y ayuno, y en la Inglaterra medieval se acostumbraba ese día a despertar con azotes a los niños para recordarles así la degollación de los Inocentes. La fecha cambió más adelante de sentido y el espíritu de penitencia cedió paso al de alegria por la santificación de los pequeños. En algunos conventos europeos, por ejemplo, el novicio más joven era designado abad durante las tres semanas previas. Pronto la celebración pasó al mundo laico y con ella nació la práctica de bromas alusivas: de los falsos titulares con que aparecen algunos diarios a los chascos de cualquier tipo, todo engaño es de esperar ese día.
Hasta que las cinco palabras consabidas –“ ¡que la inocencia te valga!”- desbaratan el juego.
RENACER DE LAS CENIZAS
La idea de volver a alzar vuelo después de una gran crisis suele ser alegóricamente expresada mediante la antiquísima leyenda egipcia del ave Fénix. Un pájaro fabuloso de brillante plumaje dorado y escarlata que emitía un canto muy melodioso y cuya vida se extendía -las versiones difieren- entre los cinco y los once siglos. Antes de morir, el Fénix -del que existía un único ejemplar-, se preparaba un nido hecho con ramas de árboles raros y hierbas aromáticas al que se prendía fuego, y el ave se extinguía entre sus llamas. Resucitaba muy pronto de las cenizas, intacta y rejuvenecida, para vivir otra vez por siglos. La creencia -que evoca la muerte diaria del sol y los otros fuegos de un nuevo amanecer- dio lugar al dicho “renacer de las cenizas" y a su equivalente, menos empleado, "ser como el ave Fénix”. Una metáfora que condensa el destino de aquellos que, tras un fracaso que se creyó definitivo, retoman con el fervor y la fortuna que suponían para siempre incinerados. El nombre del ave también se aplica a quien, por sus cualidades, excede la comprensión humana.
SI LA MONTAÑA NO VIENE A MAHOMA…
Mahoma convenció a sus seguidores de que a una orden suya se le iba a acercar una montaña desde la cual predicaría. La muchedumbre se reunió; Mahoma llamó una y otra vez a la montaña y cuando ésta no se movió de su lugar, el profeta dijo sin abochornarse: "Si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma irá a la montaña". Este texto no pertenece a ningún libro religioso ni procede de Oriente. Figura en los Ensayos de Sir Francis Bacon (1561-1626), filósofo inglés y canciller del reino, quien fue precursor del método experimental en la ciencia y uno de los más firmes adversarios del conocimiento dogmático y supersticioso de la Edad Medía.
Esta fórmula, que da fin a las bromas típicas, del 28 de diciembre, es condensación de otra más larga: "Que los Santos Inocentes vengan en tu ayuda". 0 sea, que ellos te guarden de los peligros de la candidez. El Día de los Inocentes, que evoca la masacre de criaturas ordenadas por Herodes, rey de Judea, coincidió en los primeros tiempos con el Día de Reyes. En Roma llegó a ser Jornada de duelo y ayuno, y en la Inglaterra medieval se acostumbraba ese día a despertar con azotes a los niños para recordarles así la degollación de los Inocentes. La fecha cambió más adelante de sentido y el espíritu de penitencia cedió paso al de alegria por la santificación de los pequeños. En algunos conventos europeos, por ejemplo, el novicio más joven era designado abad durante las tres semanas previas. Pronto la celebración pasó al mundo laico y con ella nació la práctica de bromas alusivas: de los falsos titulares con que aparecen algunos diarios a los chascos de cualquier tipo, todo engaño es de esperar ese día.
Hasta que las cinco palabras consabidas –“ ¡que la inocencia te valga!”- desbaratan el juego.
RENACER DE LAS CENIZAS
La idea de volver a alzar vuelo después de una gran crisis suele ser alegóricamente expresada mediante la antiquísima leyenda egipcia del ave Fénix. Un pájaro fabuloso de brillante plumaje dorado y escarlata que emitía un canto muy melodioso y cuya vida se extendía -las versiones difieren- entre los cinco y los once siglos. Antes de morir, el Fénix -del que existía un único ejemplar-, se preparaba un nido hecho con ramas de árboles raros y hierbas aromáticas al que se prendía fuego, y el ave se extinguía entre sus llamas. Resucitaba muy pronto de las cenizas, intacta y rejuvenecida, para vivir otra vez por siglos. La creencia -que evoca la muerte diaria del sol y los otros fuegos de un nuevo amanecer- dio lugar al dicho “renacer de las cenizas" y a su equivalente, menos empleado, "ser como el ave Fénix”. Una metáfora que condensa el destino de aquellos que, tras un fracaso que se creyó definitivo, retoman con el fervor y la fortuna que suponían para siempre incinerados. El nombre del ave también se aplica a quien, por sus cualidades, excede la comprensión humana.
SI LA MONTAÑA NO VIENE A MAHOMA…
Mahoma convenció a sus seguidores de que a una orden suya se le iba a acercar una montaña desde la cual predicaría. La muchedumbre se reunió; Mahoma llamó una y otra vez a la montaña y cuando ésta no se movió de su lugar, el profeta dijo sin abochornarse: "Si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma irá a la montaña". Este texto no pertenece a ningún libro religioso ni procede de Oriente. Figura en los Ensayos de Sir Francis Bacon (1561-1626), filósofo inglés y canciller del reino, quien fue precursor del método experimental en la ciencia y uno de los más firmes adversarios del conocimiento dogmático y supersticioso de la Edad Medía.