OYON: LA TUMBA DE MAUSOLO EN HALICARNASO...

LA TUMBA DE MAUSOLO EN HALICARNASO

Frente al mar, en las cercanías de Halicarnaso, capital de Caria en
Asia Menor, se erguía aún, 1.100 años después Jesucristo, una tumba
magnífica por sus mármoles, esculturas, sus decorados policromos y su
altura imponente.
Cuando, después de un reinado feliz, se extinguió en el año 353 antes
de Jesucristo, la vida de Mausolo, rey de Caria, la reina Artemisa. su
esposa, decidió hacerle construir una tumba que inmortalizara su
recuerdo, dirigiéndose para ello a los más ilustres artistas de
Grecia.
Los arquitectos Satiro y Picteas, los escultores Escopas, Timoteo,
Briasides y Leocardis acudieron al llamado. Galeras cargadas con
mármoles llegaron del Dodecaneso, y los esclavos, como asimismo
hombres libres impulsados por la gratitud a honrar la memoria del rey
se dedicaron a la construcción de ese monumento fúnebre.
Artemisa, cuyo dolor la volvía cada día más débil y pálida,
presintiendo que no sobreviviría por mucho tiempo a la pérdida de su
esposo, animaba con su presencia a los trabajadores y los incitaba a
apresurarse. Murió. en efecto dos años más tarde, y su pueblo quiso
que reposara junto a aquél a que tanto había amado.
Por largo tiempo nadie se atrevió a turbar su sueño. Pero. después de
18 siglos. cuando Halicarnaso ya no existía. los merodeadores cruzaron
los umbrales del sepulcro, lo depojaron de sus mármoles preciosos y se
apoderaron de los tesoros que la gratitud del pueblo de Caria había
ofrecido a sus soberanos en un postrer acto de homenaje y devoción.
Desde entonces, todo sepulcro suntuoso se llamó "mausoleo".

EL TEMPLO DE DIANA EN ÉFESO

Donde hoy se levanta la aldea turca de Aia Soluk, practicábase antaño
el culto de Diana, diosa de la fecundidad. El templo de Éfeso que le
estaba consagrado fue destruido y reconstruido varias veces, siempre
con magnificencia. Se hablaba en toda Asia de los tesoros que
atestaban sus galerías subterráneas, como también de su belleza
arquitectónica debida al genio de Quersifión y Metagenes, y de las
esculturas que lo adornaban y cuyos autores eran Escopas y Praxíteles.
Esta maravilla no impresionaba por sus dimensiones como la pirámide de
Keops, pero la armonía de sus proporciones hacía de ella una auténtica
joya del arte griego.
En el año 356 antes de Jesucristo, durante una calurosa noche de
verano, un mendigo demente llamado Eróstrato, incendió el edificio. La
ciudad entera dormía, y no fue posible impedir que las llamas
destruyeran a este monumento incomparable, ni salvar las incalculables
riquezas allí acumuladas. Unos años más tarde, el templo resurgió
nuevamente, en base al mismo plano. Ciento veintisiete columnas
jónicas de 18 metros de alto rodeaban la celda donde se alzaba la
estatua de la diosa y, entre ellas, 36 ricamente esculpidas en la base
fueron donadas por Creso, rey de Lidia Estaban coronadas por un amplio
frontón triangular, también esculpido. En el interior, los frescos de
Apeles llenaban de asombro a los visitantes por la belleza y habilidad
del dibujo. Terminado en el año 323 antes de Jesucristo el nuevo
templo, fue semidestruído por las liordas odas entre los aos 260 y 268
de nuestra era. Más tarde, los portadores de Aia Soluk, incapaces de
captar su belleza, utilizaron las piedras para construir sus viviendas