ESTATUA DE JUPlTER OLÍMPICO
Desde el año 668 antes de Jesucristo hasta el año 393 de la era
cristiana tenían lugar, cada cuatro años, juegos que constituían la
más importante de las fiestas nacionales griegas. Toda Grecia se
reunía en Élide, comarca de la Grecia Antigua. El nombre de Olimpia no
designaba una ciudad, sino más bien una reunión de templos y de
monumentos públicos, erigidos con motivo de esos juegos. Entre esos
templos, el más hermoso era el de la Júpiter. en cuya nave se elevaba
la estatua de ¡dios, obras de Fidias. Los vencedores, entre los
aplausos del pueblo, eran coronados en el templo, a los pies de dicha
estatua, cuyos 20 metros de altura se alzaban imponentes, mostrando a
Júpiter sentado en el trono, con la imagen de la Victoria, toda de oro
macizo, en la mano derecha. Sahumerios especiales habían conferido a
la estatua de marfil el color de la piel humana. Las vestimentas que
le ceñían la cintura y llegaban hasta los pies, eran también de oro
puro.
Cuéntase que, al terminar su obra, Fidias se arrojó a los pies de la
estatua suplicando a Júpiter le concediera una señal de aprobación. De
repente, en el cielo sereno, se desató un rayo que llenó el templo con
su resplandor enceguecedor y fue a caer a los pies del artista. Era la
respuesta del dios.
EL COLOSO DE RODAS
Para celebrar un triunfo muy importante, la ciudad decide elevar un
monumento memorable a Helios, dios del sol, en el puerto. Dirige las
obras Cares de Lindos, discípulo de Lisipo. La estatua va creciendo,
primero el armazón de hierro y sobre él las placas de bronce.
Finalmente, cuando la estatua se termina mide nada menos que 32 metros
de altura. Su fama atraerá a viajeros de todo el mundo antiguo para
verlo. Con el Coloso llegaron a ser cinco las maravillas del mundo que
se alzaban sobre la faz de la tierra, número que no fué superado sino
que fué decreciendo. Cincuenta y seis años después de su construcción,
en el 223 a. de C., un terremoto derribó al Coloso. Los habitantes de
Rodas, siguiendo el consejo de un oráculo, decidieron dejar yacer sus
restos donde cayeron. En el año 672 de la era cristiana, cuando los
árabes invadieron Rodas, la sombra de un cuerpo gigantesco sumergido
en las aguas los llenó de estupor.
El coloso de Rodas, enorme estatua de bronce que se había erguido a la
entrada del puerto, yacía desde 800 años atrás en el fondo marino,
cubierto de algas y moluscos, quebradas las piernas y el rostro
hundido en el cieno.
Chares de Lindos y Laches habían sido los arquitectos. Después de 12
años de trabajo que la tarea se había iniciado en el año 292 a. de J.
C., Chares se suicidó acosado por el temor de no lograr jamás la
estabilidad de la estatua. Laches concluyó la obra, que insumió sumas
fabulosas. Se necesitaron más de trescientas toneladas de bronce. El
interior de la estatua estaba rellenado de ladrillos hasta la cintura;
la parte superior era hueca y encerraba una escalera que conducía
hasta la torre del fuego colocado en la cabeza. Todas las noches los
guardianes subían hasta la torre para encender las antorchas, que,
trasluciendo por los ojos del coloso, servían de faro a los
navegantes. Esta estatua, consagrada al Sol, tenía las piernas
separadas, con los pies afirmados a cada lado de la entrada del
puerto. El Coloso de Rodas fue derribado, 56 años después de su
erección, por un terremoto y nadie se preocupó jamás por levantarlo de
nuevo. Cuando, finalmente, los restos fueron retirados del mar, fue
para utilizarlos en nuevas construcciones.
EL FARO DE ALEJANDRIA
El faro de Alejandría fue el único -de las siete maravillas del mundo
antiguo - construido con una finalidad utilitaria. En el año 279 antes
de Jesucristo, Ptolomeo Filadelfo encargó al arquitecto Sóstrates de
Cnido la construcción de una torre en la isla de Faros, frente a
Alejandría, para que sirviera de guía a los navegantes. Para que el
edificio tuviera mayor solidez y mayor resistencia contra la fuerza
corrosiva de las aguas, Sóstrates empleó para los cimientos bloques de
vidrio, sobre los cuales erigió el resto de la construcción con
bloques de mármol unidos por medio de plomo fundido. Bloques de mármol
unidos con plomo fundido constituyeron el resto del edificio, de forma
octogonal sobre una plataforma de base cuadrada, hasta alcanzar una
altura de 134 metros.
Sobre la parte más alta se colocó un gran espejo metálico para que su
luz no se confundiera con las estrellas. Durante el día reflejaba la
luz del sol, y por la noche proyectaba la del fuego a una distancia de
hasta cincuenta kilómetros. Sobre la parte más alta se colocó un gran
espejo metálico para que su luz no se confundiera con las estrellas.
Durante el día reflejaba la luz del sol, y por la noche proyectaba la
del fuego a una distancia de hasta cincuenta kilómetros. Un terremoto
lo derribó en el siglo XIV, y ochocientos años después de su
construcción, el califa Al Walid pasó a la historia tanto por su
codicia como por su ingenuidad, al hacer derribar los restos del faro
con la esperanza de encontrar bajo sus cimientos un inmenso tesoro
escondido.
Sólido y resistente a las intemperies y a las devastaciones guerreras,
el faro de Alejandría fue derribado en el siglo VII por la ávida
credulidad del Califa Al Walid que ordenó su demolición en la
seguridad de hallar un tesoro escondido en los cimientos de la torre.
Desde el año 668 antes de Jesucristo hasta el año 393 de la era
cristiana tenían lugar, cada cuatro años, juegos que constituían la
más importante de las fiestas nacionales griegas. Toda Grecia se
reunía en Élide, comarca de la Grecia Antigua. El nombre de Olimpia no
designaba una ciudad, sino más bien una reunión de templos y de
monumentos públicos, erigidos con motivo de esos juegos. Entre esos
templos, el más hermoso era el de la Júpiter. en cuya nave se elevaba
la estatua de ¡dios, obras de Fidias. Los vencedores, entre los
aplausos del pueblo, eran coronados en el templo, a los pies de dicha
estatua, cuyos 20 metros de altura se alzaban imponentes, mostrando a
Júpiter sentado en el trono, con la imagen de la Victoria, toda de oro
macizo, en la mano derecha. Sahumerios especiales habían conferido a
la estatua de marfil el color de la piel humana. Las vestimentas que
le ceñían la cintura y llegaban hasta los pies, eran también de oro
puro.
Cuéntase que, al terminar su obra, Fidias se arrojó a los pies de la
estatua suplicando a Júpiter le concediera una señal de aprobación. De
repente, en el cielo sereno, se desató un rayo que llenó el templo con
su resplandor enceguecedor y fue a caer a los pies del artista. Era la
respuesta del dios.
EL COLOSO DE RODAS
Para celebrar un triunfo muy importante, la ciudad decide elevar un
monumento memorable a Helios, dios del sol, en el puerto. Dirige las
obras Cares de Lindos, discípulo de Lisipo. La estatua va creciendo,
primero el armazón de hierro y sobre él las placas de bronce.
Finalmente, cuando la estatua se termina mide nada menos que 32 metros
de altura. Su fama atraerá a viajeros de todo el mundo antiguo para
verlo. Con el Coloso llegaron a ser cinco las maravillas del mundo que
se alzaban sobre la faz de la tierra, número que no fué superado sino
que fué decreciendo. Cincuenta y seis años después de su construcción,
en el 223 a. de C., un terremoto derribó al Coloso. Los habitantes de
Rodas, siguiendo el consejo de un oráculo, decidieron dejar yacer sus
restos donde cayeron. En el año 672 de la era cristiana, cuando los
árabes invadieron Rodas, la sombra de un cuerpo gigantesco sumergido
en las aguas los llenó de estupor.
El coloso de Rodas, enorme estatua de bronce que se había erguido a la
entrada del puerto, yacía desde 800 años atrás en el fondo marino,
cubierto de algas y moluscos, quebradas las piernas y el rostro
hundido en el cieno.
Chares de Lindos y Laches habían sido los arquitectos. Después de 12
años de trabajo que la tarea se había iniciado en el año 292 a. de J.
C., Chares se suicidó acosado por el temor de no lograr jamás la
estabilidad de la estatua. Laches concluyó la obra, que insumió sumas
fabulosas. Se necesitaron más de trescientas toneladas de bronce. El
interior de la estatua estaba rellenado de ladrillos hasta la cintura;
la parte superior era hueca y encerraba una escalera que conducía
hasta la torre del fuego colocado en la cabeza. Todas las noches los
guardianes subían hasta la torre para encender las antorchas, que,
trasluciendo por los ojos del coloso, servían de faro a los
navegantes. Esta estatua, consagrada al Sol, tenía las piernas
separadas, con los pies afirmados a cada lado de la entrada del
puerto. El Coloso de Rodas fue derribado, 56 años después de su
erección, por un terremoto y nadie se preocupó jamás por levantarlo de
nuevo. Cuando, finalmente, los restos fueron retirados del mar, fue
para utilizarlos en nuevas construcciones.
EL FARO DE ALEJANDRIA
El faro de Alejandría fue el único -de las siete maravillas del mundo
antiguo - construido con una finalidad utilitaria. En el año 279 antes
de Jesucristo, Ptolomeo Filadelfo encargó al arquitecto Sóstrates de
Cnido la construcción de una torre en la isla de Faros, frente a
Alejandría, para que sirviera de guía a los navegantes. Para que el
edificio tuviera mayor solidez y mayor resistencia contra la fuerza
corrosiva de las aguas, Sóstrates empleó para los cimientos bloques de
vidrio, sobre los cuales erigió el resto de la construcción con
bloques de mármol unidos por medio de plomo fundido. Bloques de mármol
unidos con plomo fundido constituyeron el resto del edificio, de forma
octogonal sobre una plataforma de base cuadrada, hasta alcanzar una
altura de 134 metros.
Sobre la parte más alta se colocó un gran espejo metálico para que su
luz no se confundiera con las estrellas. Durante el día reflejaba la
luz del sol, y por la noche proyectaba la del fuego a una distancia de
hasta cincuenta kilómetros. Sobre la parte más alta se colocó un gran
espejo metálico para que su luz no se confundiera con las estrellas.
Durante el día reflejaba la luz del sol, y por la noche proyectaba la
del fuego a una distancia de hasta cincuenta kilómetros. Un terremoto
lo derribó en el siglo XIV, y ochocientos años después de su
construcción, el califa Al Walid pasó a la historia tanto por su
codicia como por su ingenuidad, al hacer derribar los restos del faro
con la esperanza de encontrar bajo sus cimientos un inmenso tesoro
escondido.
Sólido y resistente a las intemperies y a las devastaciones guerreras,
el faro de Alejandría fue derribado en el siglo VII por la ávida
credulidad del Califa Al Walid que ordenó su demolición en la
seguridad de hallar un tesoro escondido en los cimientos de la torre.