Simplemente bella.
Bella como las
cerezas rojas del café de la
montaña, café son tus ojos, claros mis enojos, celos a la vista de mis dudas y remordimientos tontos.
Bella como las madrugadas que cobija la negra
noche, manchada de destéllantes luceros blancos y profundos en la inmensidad de mi cosmos inerte y estrellado.
Simplemente bella, como la monarca emigrante a su
santuario, deseosa del apareamiento, hambrienta de tu destino, inevitables deseos de su
camino.
Manos de terciopelo,
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