A la orden de usted, señor.
Y mire una cosa: ¿Usted no vendrá siendo, verdad, aquel carbajo de Pentes en el que clavé por las orejas a aquel regador de prados a hurtadillas, cuando el riego correspondía a mi familia?
Aunque el presunto delito haya prescrito, no me conviene un testigos de aquella crucifixión, a no ser que testifique que la misma fue para salvar al clavado de una segura muerte por ahogamiento, si lo dejaba inerte con la cabeza enterrada en aquel lodazal.
Una palmada en la espalda
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Hablando de riegos
nocturnos:
En una ocasión, mi padre, después de salir de tomar el café, a medianoche, no se le ocurre otra cosa mas que ir a sacarle el
agua a un vecino, que por cierto, siempre la ponía para sus prados al
anochecer.
El prado, se encuentra en Fontaos, mas abajo del
cementerio.
Se llevó un revolver, con una bala, que siendo de diferente calibre, la introdujo en el tambor a base de golpes.
Cuando estaba en la faena de cambiar el agua de la caldeira, levantó la cabeza, y vió un
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