"Huele a leña quemada". Este bien podía ser el título de una novela, pero no, sinplemente son palabras corrientes que, escuchadas en un momento determinado evocan sentimientos y recuerdos de la adolescencia, que son imborrables.
Año 1968-69, no lo sé exactamente, además de ser irrelevante, pero si recuerdo perfectamente que estaba en edad escolar.
Ese día hacía mucho calor; mi padre (d. e. p.) necesitaba reparar las
rejas del arado de hierro, que estaban gastadas y le hacía falta al día siguiente.
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