(...)De un tiempo a esta parte, y sabiendo que el
mar y la tierra estaban revueltos, el Capitán notó que sus gracietas de colegial despitado y dormilón ya no tenían la misma respuesta que cuando zarparon hace ya años.
Una mañana llegó una paloma mensajera. Lo que traía atado a su pata cayó como un jarro de
agua helada entre los mandos. Años después recibían noticias de un tripulante de la nave que fue obligado a bajarse en un
puerto, mejor dicho que fue arrojado de la nave de malas maneras. Exactamente
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