(...)Los días eran cada vez más largos. Por la noche refrescaba, pero el resto de la jornada la temperatura era agradable. La tripulación iba cómoda con mangas de camisa. La brisa marina era necesaria para aplacar las horas centrales del día, los marineros la recibían con los brazos abiertos. Como contraposición a ellos el Capitán iba enfundado en su traje de Mando, con guantes y bufanda incluidos. De esta misma guisa se presenta en las zonas donde atracaban, y lógicamente tanto la tripulación como los lugareños disertaban sobre tan esperpéntico atuendo, y hacían jocosos comentarios que más de una vez sonrojaron al capitán.(...).